1917: la técnica en lugar de la historia
En 1917, Sam Mendes nos ha entrega una película intimista que se hace de los elementos más básicos del cine bélico para intentar imponer un estilo propio
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
06 de febrero, 2020
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Foto tomada de YouTube

Héctor Jesús Cristino Lucas

Luego de la enorme sorpresa que significó que 1917 ganara Mejor Película en los recientes Golden Globes, entre titanes de la talla de Joker de Todd Phillips, Once Upon a Time in Hollywood de Tarantino o hasta Parasite de Bong Joon-ho, su director, nada menos que el cineasta y dramaturgo inglés, Sam Mendes, pronunció unas palabras que han quedado hasta la fecha como un referente inmediato para el cine contemporáneo:  

“No hay un solo director en el mundo que no esté a la sombra de Martin Scorsese”

Oh sí. Porque a la espera de que alguna de estas nominadas ganara el máximo galardón, incluyendo la asombrosa The Irishman del propio Scorsese -el cineasta más veterano e importante de los actuales competidores-, 1917 terminó ganándolo en una suerte de giro inesperado que a muchos críticos y cinéfilos -incluyéndome a mí- les hicieron voltear a ver esta película esperando una obra tan impactante como desafiante. 

Hoy, y por más impresionante que parezca, se habla de ella como una de las máximas películas bélicas ya no solo de este siglo o de la última década -que sería desde el… vamos, exagerar de pobre diablo- sino de la historia misma. Así es, de la maldita historia misma. Una fiebre desmedida cuyo escándalo es colocado incluso al mismo nivel que lo que provocó Saving Private Ryan (1998) de Steven Spielberg a finales de los 90. 

Lo que inmediatamente te invita a cuestionar tanto la genialidad como el malsano hype, en pos de conseguir la verdad absoluta. ¿Y qué más da? Uno está aquí para confesar y ustedes están allá para soportar. Así que seamos sinceros.

¿Saben? Mendes me parece un sujeto bastante peculiar. Probó las mieles del éxito en el séptimo arte bastante pronto y desde entonces ha demostrado tener un talento innato en prácticamente cualquier género que haya decidido abordar.

No todos los días presumes ganar el Oscar tanto a Mejor Película como a Mejor Director con tu ópera prima: American Beauty (1999) -la hermosa comedia dramática como sátira a la familia norteamericana común- junto al también galardonado Kevin Spacey como Mejor Actor. Todo esto marcó a Sam Mendes como una extrañísima promesa para la industria que hoy, me alegra informar, se ha cumplido gratamente. Y no me refiero solo a 1917.  

Ya con Jarhead (2005), aquel drama sobre amistad y camaradería ambientado durante la guerra del Golfo en Irán, demostró bastante talento para el cine bélico como lo haría también para el cine negro, con la adaptación de la novela gráfica Road to Perdition (2002) al lado de nada menos que Tom Hanks.  Y en el caso del cine de espías, con la estupenda Skyfall (2012) junto a Daniel Craig, en una de las mejores continuaciones que tuvo la ya mítica saga de James Bond. 

El punto es que Mendes ha estado en boca de todos desde hace mucho tiempo y no solo en un género particular, lo que confirma su importante trayectoria como un cineasta británico destacable para tierras norteamericanas que está muy lejos de convertirse en aquella supuesta “sombra de Scorsese”. Aunque ciertamente jamás volviendo a lo que alguna vez experimentó con la exquisita American Beauty a finales de los 90. Hasta ahora… 

Y lo mejor es que lo hace con una cinta no solo bélica e histórica ambientada en la Primera Guerra Mundial que, como sabrán, es una de las máximas debilidades de la Academia. También lo hace con el ya mítico estandarte antibelicista que rinde tributo a los grandes héroes que dieron su vida para jamás ser olvidados, entre los que se encuentran, por supuesto, su abuelo Alfred Mendes, que como él mismo reveló: “le contó muchas historias” respecto a su experiencia en combate. 

Ahora bien, si tuviéramos que compararla con alguna película bélica reciente para lograr clasificarla, nos toparíamos con que ni siquiera obedece las reglas ni de una de ni otra puesto que opta por seguir su propio camino, lo que la hace fácilmente distinguible.

Por un lado, tenemos la bestialidad contenida de aquella Hacksaw Ridge (2016) con Mel Gibson, volviendo a sus brutales orígenes como no habíamos visto desde Breavehart (1995) o hasta The Passion of the Christ (2004). 

Y por el otro: a la pretenciosa y casi infumable Dunkerque (2017) de Christopher Nolan que dividió tanto a la audiencia por sus hermosos y espectaculares planos en contraposición con una escasa o hasta nula historia que parecía tan vacía como intrascendente. 

Mientras la primera optaba por entregarnos un retrato más descarnado de los conflictos bélicos, la segunda simplemente intentaba embellecerlos. Mientras una se esforzaba por mostrarte el verdadero horror de la guerra, la otra te ofrecía una nueva -aunque petulante- perspectiva sobre ella.  

En el caso de 1917, Mendes ha hecho un balance no perfecto, aunque sí funcional entre ambas naturalezas, que si bien, funciona como un todo dentro de este tipo de cine, no deja de imponer más un estilo que el otro. Y ese relativamente podría ser un problema para la audiencia menos preparada. 

Porque supongamos que alguien busca el tipo de cine bélico salvaje y atroz ¡Olvídalo! Esto no es ni Hacksaw Ridge (2016) ni mucho menos Saving Private Ryan (1998) que intentaban mostrar la crudeza de la guerra o los combates encarecidos, aunque 1917 lo hace tímidamente por momentos. Pero si intentas hallar la técnica antes que la historia, bienvenido seas. La cinta de Mendes cumple y se rinde más por este rubro, justo como lo haría una Dunkerque (2017) de Nolan, aunque tampoco sería válido compararlos.

1917 pretende ser más bien una suerte de All Quiet on the Western Front (1930) de nuestro siglo, sobre la escabrosa historia de jóvenes soldados enfrentándose a la guerra con un poderoso mensaje antibelicista. Aunque también evoca inevitablemente a Paths of Glory (1957) de Stanley Kubrick, en una suerte de homenaje a esas famosas guerras de trincheras en la Primera Guerra Mundial. Y aun así, entre tanto parecido, busca ser distinguible a su manera para evitar ser la eterna sucesora de alguna de estas joyas cinematográficas 

Sam Mendes, con el perdón de los fanáticos, nos ha entregado una película intimista o de cine de autor que se hace de los elementos más básicos y hasta clichezcos del cine bélico para intentar imponer un estilo propio mediante el uso de un lenguaje conciso y personal. 

Y aunque innumerables veces he dicho o afirmado que la grandeza de muchas películas radica no en la historia sino en cómo te la cuentan -véase el Irreversible (2002) de Gaspar Noe- aquí, lamentablemente solo puedo decir que me han dejado debiendo hasta los nachos y las palomitas. 

No vayan a malinterpretarme, como ya se ha vuelto costumbre. La película tanto tiene merecido sus Globos de Oro, como el reconocimiento de Mendes. Es válido hablar de ella como un logro monumental de técnica en el séptimo arte y hasta podría hacerme de oídos sordos cuando alguien la alaba como una las máximas bélicas de la historia… pero tampoco me traten como un idiota.  

Esta película no solo se mueve; se retuerce de mil y un maneras en los mismos lugares comunes, que en muchas ocasiones -aunque no todas- logra convencerte de que ha seguido una ruta bella y alternativa, cuando la única realidad es que solo ha estado dando vueltas en círculos. Infinidad de vueltas en círculos.   

Y si bien es cierto que logra su jugada con esas asombrosas movidas técnicas que seguro arrasarán en los próximos Academy Awards, aceptémoslo de una vez y para siempre, 1917 se jacta más de ser pretenciosa que de volverse el famoso “aire fresco” del cine bélico que todo el mundo presume que es. 

Y no solo lo digo porque es una proeza visual. Aún recuerdo la cantidad de medios y “críticos de redes sociales” que compartían emocionados la noticia de que la próxima cinta del cineasta iba a ser una película filmada en un plano secuencia. ¡Al carajo The Rope de (1948) Alfred Hitchcock, porque esto iba a ser otro puto nivel! Justo a eso me refiero cuando digo que yo puedo aceptar todo sobre esta película -en verdad, todo- menos que me traten como un idiota. 

La cinta no es que esté filmada en una sola toma -porque de haberlo sido, hasta yo me volvía un fan acérrimo y declarado- sino que simula, con efectos digitales, y en una suerte de truco de feria, haber sido rodada como tal. 

Aún no lo entiendo. Cuando se habla de películas como Midsommar (2019) o The Lighthouse (2019), que ofrecen vistazos innovadores al género, resultan ser pretenciosas y rebuscadas por siquiera intentarlo, pero cuando aparecen estas películas, que supuestamente “rompen con las convencionalidades” y ni siquiera lo hacen, como diría el grandioso Heath Ledger que en paz descanse: ¡TODOS PIERDEN LA CABEZA!

Este marketing es de lo más vomitivo y pretencioso que hayamos tenido en prácticamente toda la historia del cine. Así se los digo. Olvídense de los supuestos desmayos ocasionados por The Jack Built House (2018) de Lars Von Trier o que en funciones previas a Raw (2017) se repartían bolsitas para vómito por lo brutal que era. ¡Naaa, eso no es nada! ¡Así es como se llenan las salas!

Ahora bien, que la película en realidad está conformada por diversos planos secuencia y que simule a su manera ser uno solo, pese a romper con la magia con la que es vendida, tampoco es que frustre tanto la experiencia. Porque la gracia termina siendo precisamente, el prestar atención cuando haya un supuesto corte. Descubrir o hasta intuir y hacer apuestas. ¿Por qué no?

Estamos ante la premisa: “la técnica en pos de la historia”. Sobre que lo visual es la narración. Así como en Dunkerque, donde la guerra y su embellecimiento eran los personajes principales, alejándose a toda costa de las reglas del cine bélico. Aunque si me permiten, yo diría más bien: “la técnica EN LUGAR de la historia”. Ya que 1917 vuelve sus proezas visuales únicos protagónicos con el único fin de hacer grande una simple historia ya mil veces vista. 

Aceptémoslo, la trama de estos dos soldados con una importante misión que cumplir en medio de un gran conflicto, obedece tanto al típico relato de aventuras -en una suerte de alusión al The Lord of the Rings y el anillo único- como al mítico modelo del Viaje del Héroe -o Monomito- de Joseph Campbell que, aunque funciona dentro del ambiente bélico… al menos aquí, tampoco es para tanto. 

Lo mismo para el joven reparto que encabeza George MacKay o Dean-Charles Chapman en sus papeles como los cabos Schofield y Blake respectivamente, que pese a ofrecer impactantes actuaciones en gran parte del filme, mucho en sus personajes, narrativamente hablando, carecen de ángel y personalidad. Es decir, aunque los tengas ahí, sufriendo o gritando con todas sus fuerzas, no lamentas cuando algo malo les pasa realmente. 

No obstante, y por como es el maldito destino, el domingo 1917 gana tanto a Mejor Película como a Mejor Director -lo más razonable al menos- y los haters vendrán corriendo a publicarme cosas como: “Ahí tienes pseudo cinéfilo de pacotilla, ¿no que muy sobrevalorada? Esta es la mejor película bélica de la historia”. Ah, pues les adelanto mi represalia: .i.   

¿Qué les puedo decir? Si Jojo Rabbit destacaba por el encanto de modificar la misma historia dramática de siempre contada durante la Segunda Guerra Mundial; 1917 flaquea por momentos en esa labor narrativa, para ir directo a la técnica y hacer de ella un festín visual. Lo único que me llevo son un par de escenas hermosas que me llegaron al alma, porque tampoco es que la haya odiado. ¿Capisci

La encantadora transición que vemos cuando el personaje cae inconsciente a mitad de la película, entre la voracidad de la noche y esas extrañas sombras expresionistas sobre las ruinas; la frenética persecución que le sigue; o incluso la fabulosa escena final cuando se da ese encuentro épico esperado desde el minuto uno. La impactante reflexión sobre la guerra dando vueltas en el desenlace, de cómo la decisión de un hombre cuesta la vida de tantos, y ese halo de homenaje hacia aquellas historias que aún no sabemos, pero que siguen ahí, esperando a ser contadas. ¡Sí, sí, muy hermoso!

Como dije, esta no es una mala película ni mucho menos -sobrevalorada tal vez- y pese a destacar en el cine bélico por su encantadora forma de mover la cámara, tampoco veo por qué hacer tanto escándalo al respecto. Keep calm dear padawans, están siendo bastante predecibles. 

1917, aunque no la considero la mejor entre las nominadas, es una proeza de cómo hacer cine desde un punto de vista manual. “La técnica en pos de la historia; en pos de ser la narración”, dirían los eruditos. Pero que nadie os engañe… Sam Mendes rediseña la fórmula. Aquí entre nos: ¡LA TÉCNICA EN LUGAR DE LA HISTORIA!

Sinopsis:

“La película sigue a dos jóvenes soldados británicos a lo largo de un único día en lo más crudo de la Primera Guerra Mundial.” 

*Foto de portada tomada de YouTube

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com