Un lugar seguro: la escritura de Olivia Teroba ante la violencia
Siguiendo los pasos de Virginia Woolf y su obra Una habitación propia, Teroba problematiza por lo que abogó la escritora: “el lugar” para las mujeres
Por Majo Andrade @MajoAg23
28 de enero, 2020
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Foto: Marlene Martínez

María José Andrade Gabiño

@MajoAg23

El lugar de la mujer en el mundo, en la casa, en lo público, en la familia, en el gobierno, en la sociedad, en la sexualidad… Eternos debates donde se puede emplear la teoría feminista, antropológica, política, económica y hasta creencias religiosas. Todas y todos buscando “un lugar” donde la mujer pueda estar y hacer.

Olivia Teroba, escritora tlaxcalteca, indaga sobre esto en su libro Un lugar seguro

Siguiendo los pasos de Virginia Woolf y su obra Una habitación propia –que aparece mencionada en las primeras páginas y cuya sombra recorre todo el libro– Teroba problematiza aquello por lo que abogó la escritora inglesa en 1929: “el lugar” para las mujeres. 

En la famosa conferencia de Woolf, que se volvió un ensayo crucial para todas las mujeres escritoras –toda mujer, en realidad–, el lugar es una habitación donde puede crear sin la interrupción de otras facetas de la vida, reivindicando tanto la independencia económica como el deslinde de las tareas domésticas y el cuidado de los otros. 

El conjunto de ensayos de Teroba, ganador del Premio Emmanuel Carballo 2018, parece una continuación del tema que a Woolf le apremia y, al mismo tiempo, una interrogación desde lo personal –como lo muestra el uso de la primera persona del singular en todo el libro– como diciendo: ‘Ya tengo la habitación, pero ¿qué pasa si no es segura?’.

Un lugar seguro, así llama al libro, pero ese espacio nunca se termina de construir y se ve continuamente amenazado. 

Sin duda, la escritora tlaxcalteca considera toda la violencia generalizada y la específicamente dirigida hacia las mujeres –que deja un promedio de 9 feminicidios por día en México e incontables desaparecidas y víctimas de violencia doméstica–. Los diez ensayos que componen el libro no buscan disertar sobre “el lugar” de las mujeres, más bien quieren encontrar uno donde no sean violentadas.

El primer capítulo –o primer ensayo–, “Desocuparse”, inicia con la interrupción del espacio de Teroba (su casa) con la llegada de un hermano. Esa invasión la utiliza de pretexto para desprender la reflexión de la escritura, de la presión de producirla en términos capitalistas y su problematización cuando es realizada por mujeres.

De forma fragmentaria, como emulando la destrucción o los obstáculos para construir el bienestar en la habitación de Woolf, en los ensayos aparecen la familia; Tlaxcala con la trata de mujeres y la carga cultural de traición y violencia, así como el lugar de origen de la narradora; el miedo a repetir patrones de violencia afectiva; la violencia social y la depresión, como algunas de las cosas que hacen peligrar el espacio.

“Presente simple”: el bosquejo del espacio seguro

La consideración del espacio, del anhelo y construcción de un lugar seguro, en el libro de Teroba es doble. Es decir, no solo indaga sobre un espacio físico donde están las mujeres -que en este caso es México- y que es amenazado continuamente por violencias apabullantes, sino también sobre la escritura como sitio. 

La escritura como un territorio poco a poco ganado por diversas escritoras que se debe defender y, a la vez, que se construye así misma con cada palabra como un espacio simbólico que funciona como refugio y medio para imaginar otros lugares seguros posibles.  

Por ello, es destacable el séptimo capítulo: “Presente simple”, que aparece después de la enumeración y anécdotas de las amenazas cuando pareciera que simplemente el lugar seguro no es viable.

En “Presente simple”, Teroba hace una recuperación literaria de Elena Garro, escritora que fue continuamente atacada por sus coetáneos en distintas coyunturas de su vida personal y de la vida intelectual y social del país. En una especie de homenaje, habla de su obra, de la crítica errática sobre ella y llega a la conclusión de que uno de sus grandes aportes a la escritura es el uso del tiempo, como si tanto pasado, presente y futuro fueran uno: un presente simple.

Tal vez es el capítulo más brillante de Un lugar seguro por la sencillez con la que Teroba hace un análisis literario serio y se lo apropia, como una especie de epifanía donde empiezan las pistas sobre cómo construir o encontrar el espacio seguro. 

Así, el capítulo dedicado a Garro divide en dos el libro o, más bien, funciona como una convergencia de tiempos o facetas del lugar seguro, de su destrucción y construcción simultánea. 

La ternura, necesaria para el lugar seguro

Pero es en el capítulo: “El libro olvidado” –el siguiente a “Presente simple”–, donde se da una opción para enfrentar las realidades plagadas de violencia: la ternura. 

Por medio de la singular analogía entre la canción Pumped Up Kicks de Foster The People y la escritura de Nellie Campobello, Teroba descubre la ternura. Porque estas dos obras toman hechos violentos: la primera un tiroteo en una escuela y la segunda la Revolución Mexicana, y los transforman en productos culturales que pueden pronunciar –por no decir denunciar– todo ese horror y exorcizarlo, transformándolo en arte. La ternura del ritmo pegajoso de la canción y del personaje infantil de Campobello que ve a los muertos de una guerra que no entiende. 

La presencia de esa ternura hace considerar a Teroba que, tal vez, la creación artística –específicamente la escritura– puede ser reconciliable con la continua violencia. No aceptándola u olvidándola, sino haciéndola enunciable. 

También, ese sentimiento hace que se reconsideren las relaciones personales y se concientice en la posibilidad de prescindir de agresiones. Por ello, se apacigua la relación con el hermano invasor que inició los ensayos y, hasta este momento, es posible pronunciar al gran ausente de todos los textos: el padre. 

Aunque el dilema del padre: de cómo su ausencia –que está relacionada con Dios– puede ser la causa de la sensación de desprotección, nunca es resuelto; así como tampoco la violencia. Teroba no suelta la idea de que el lugar seguro solo puede construirse, o intentar hacerlo, a través de la ternura y las relaciones afectivas, dentro y fuera de la escritura.

De esta manera, Teroba logra hacer un bosquejo del espacio donde las amenazas no se ignoran, pero se equilibran con las amistades entre mujeres, las alianzas con los hombres amigos o hermanos, con mujeres escritoras escribiendo sobre otras escritoras. Todo bajo el influjo de las palabras de aquellas que han aportado a la construcción de refugios: «El miedo no colonizará mi espíritu» (Lydia Cacho). 

Un bosquejo que termina con Olivia Teroba agradeciendo por la escritura, así como a quienes la leemos, con la certeza de que su escritura continuará siendo y construyendo un lugar seguro. 

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Un lugar seguro será presentado por la autora en Puebla el 6 de febrero en Musa Cultura Visual a las 19:00 hrs. 

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Majo Andrade