“Siriqui”, una lotería para preservar el véneto chipileño

“Siriqui”, una lotería para preservar el véneto chipileño

María José Andrade Gabiño

@MajoAg23

En un intento por revertir el riesgo de que el véneto caiga en desuso, a inicios del 2019, los chipileños Alfredo Dossetti Mazzocco y Alberto Salinas Bortolotti comenzaron a idear estrategias que impactaran en la comunidad de Chipilo, especialmente en la infancia local, para fomentar que se siga hablando y recuperar vocabulario de dicha lengua, que se ha ido perdiendo.

Así fue como inventaron “Siriqui”.

Los cartones son como los de la lotería tradicional mexicana: dieciséis recuadros con una imagen y su nombre debajo de ellas. Pero en vez de estar compuesta por personajes o cosas como “El Diablito”, “El Violonchelo”, “La Luna”, las palabras son en véneto: “La Bisascudela” (La Tortuga), “Al Corv” (El Cuervo), “Al Sveyarín” (El Reloj), etcétera. 

Foto: Cortesía

El diseño del juego de mesa surgió como una forma divertida de hacer un banco de vocabulario en véneto al que los chipileños tengan acceso mientras juegan, una forma ideal para su preservación: viendo la representación gráfica y la palabra escrita, y escuchando la pronunciación en el momento de cantar las cartas.

El nombre de “Siriqui” se lo dieron porque así es como sus abuelas le decían a la lotería común: es el diminutivo de una de las maneras populares en la que se le llama a la Muerte, “siriquisiaca”, y cuando se cantaba esa carta de la lotería decían: “La Muerte, siriquisiaca”.

Y aunque la palabra no es del véneto, Alfredo Dossetti cuenta en entrevista para LADO B que el recuerdo de su abuela diciendo: “¡Curi, dugón al siriqui!” (¡Vamos a jugar al siriqui!), fue inspiración para nombrar al juego.

“Nuestra prioridad es la recuperación de la lengua, porque al conservarla seguimos conservando nuestras tradiciones y una forma de ver la vida, el mundo”, nos explica también Dossetti sobre la importancia de hacer acciones para preservar el véneto y toda la cultura chipileña.

Con esto como meta, los dos amigos chipileños crearon la lotería en véneto, especialmente dirigida a sus hablantes y los que están aprendiendo el idioma –las niñas y niños chipileños– y para quienes tienen lazos con la comunidad aunque ya no vivan ahí.

Al preguntarle sobre cómo es hablar un idioma diferente ante la presencia dominante de otro, el co creador de Siriqui ha expresado que el desuso muchas veces es ocasionado porque en las escuelas de educación básica les prohíben hablarlo, y porque cada vez hay más personas no chipileñas en la región, con las que tienen que convivir haciendo uso del español.     

“Hemos padecido discriminación por nuestra forma de hablar y que seguro es la misma discriminación que sufren las personas que hablan lenguas indígenas […] En algunos aspectos hasta se recrimina: ‘No hables así, tienes que hablar español porque estamos en México’”, expone el co creador de Siriqui.

En abril del 2019, Dossetti y Salinas tuvieron en sus manos los primeros sets de “Siriqui” y comenzaron a jugarlo con sus conocidos. Así, lo presentaron ante la comunidad durante el domingo de pascua, donde de por sí se realiza un tradicional juego con huevos decorados: “Rigoletto”, que consiste en rodar un huevo por una teja para atinarle a los huevos de los demás.

El éxito en la comunidad y fuera de ella fue tal que en octubre, Dossetti y Salinas, hicieron más sets, distribuyendo 200 en total; de la venta, aparte de cubrir los costos de producción, también están creando un fondo para dar clases formales de véneto a la infancia en Chipilo. Ahora esperan la llegada de otros 100 sets y están considerando hacer otras ediciones con más vocabulario en véneto y elaborar otros juegos de mesa, como Memorama, que también sirvan para la preservación del idioma. 

Foto: Cortesía

Véneto chipileño: una lengua en peligro que no es reconocida

Alfredo Dossetti comentó a LADO B que uno de los motivos por los que la comunidad está constantemente ideando formas de preservar su lengua es porque no existe ningún mecanismo gubernamental o institucional que los ayude a ello, ni siquiera garantizando su derecho a la no discriminación lingüística.

A pesar de que la comunidad chipileña se ha reunido en diferentes ocasiones con el Instituto Nacional de las Lenguas Indígenas y la UNESCO para crear un reconocimiento a las lenguas alóctonas en México –el véneto y el plautdietsch–, nunca se ha logrado que goce de protección oficial por no entrar en la clasificación de “originarias” como las indígenas.

Brasil es el único país donde sí se ha reconocido la lengua véneta como patrimonio cultural, al existir una región, la Sierra Gaúcha, parecida a Chipilo, a donde también llegaron migrantes de Véneto y formaron una comunidad donde se conserva el idioma y otros rasgos culturales. 

Dossetti asegura que, a pesar de no tener el reconocimiento oficial, en Chipilo se seguirá usando el véneto como desde su fundación en 1882 y continuarán haciendo labores de conservación del “milagro cultural” que es la comunidad véneta en Puebla. 

“Nos llena de orgullo seguir hablando nuestra lengua, la lengua de nuestros bisabuelos, tatarabuelos”.

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