Dinero electrónico y monedas electrónicas: intentos insuficientes contra desigualdades económicas

Dinero electrónico y monedas electrónicas: intentos insuficientes contra desigualdades económicas

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Cristian Escobar

Si bien la mayoría de nosotros ya usamos de manera cotidiana recursos electrónicos como las tarjetas de débito o crédito para realizar transacciones financieras, existe una ámplia gama de recursos de pago y cobro electrónico poco conocida, como la plataforma de Cobro Digital (CoDi) lanzada por el Banco de México el año pasado, la cual utiliza tecnología de códigos QR y NFC para facilitar transacciones sin dinero en efectivo. Entre los posibles beneficios del uso de dinero electrónico se encuentra la disminución de delitos por robo o asalto y transacciones financieras más rápidas y eficientes. No obstante, no todo es positivo, pues en esta modalidad de compra y pago virtual, los fraudes y robos o suplantaciones de identidad son cada vez más frecuentes.

Aunado a esto, la falta de infraestructura apropiada (sistemas de cómputo, conexiones a internet y una red electrónica que permita transferir información sobre las transacciones de comercios o cajeros automáticos a sucursales bancarias), dificulta expandir su aplicación –al menos de manera inmediata– en México.

Según explicó para LADO B el doctor en Economía y docente de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), Jaime Estay Reyno, estas nuevas modalidades financieras atienden, sobre todo, a las necesidades de las grandes empresas y clientes con basta solvencia económica.

“La inclusión financiera en México es bastante inequitativa”, aseguró Reyno. “Tan solo en el estado de Puebla, 50% de los municipios no cuentan siquiera con alguna sucursal bancaria”, lo cual imposibilita de forma drástica el acceso a las nuevas formas de pago y transacciones electrónicas.

Foto: BUAP

De igual modo, Estay Reyno aseguró que el problema en México no es solo el acceso a los servicios financieros, en términos de desigualdad, sino que es un tema que se entrelaza en diferentes puntos con otros tipos de desigualdad, principalmente económica y social, pues explicó que en México es igual de alarmante la riqueza extrema como la pobreza, y que para reducir la segunda es necesario atacar la primera. Para ello, mencionó el Doctor en Economía, se necesita una fuerte convicción política, más allá de las teorías o modelos para el desarrollo. 

En términos generales, Estay Reyno considera que sí puede ser viable el uso de dinero electrónico y plataformas de cobro como el CoDI en nuestro país, pero no a un grado de cobertura deseable, ya que aún falta mucho camino por recorrer en términos de inclusión financiera. 

El uso de criptomonedas

La diferencia entre “dinero electrónico” y “moneda virtual”, puede resultar confusa; no obstante, el dinero electrónico se puede definir como aquel que se intercambia a través de internet o redes de telecomunicaciones privadas. Ya no está de forma física, sino que se encuentra virtualmente en una cuenta bancaria y de ahí viaja por la red para llegar a otras cuentas y así poder realizar los pagos correspondientes. En cambio, las monedas virtuales o criptomonedas se crean y se almacenan de manera electrónica. La principal diferencia que tienen este tipo de monedas con las convencionales es que no están reguladas por ningún tipo de gobierno, por lo que invertir en ella resulta atractivo, pero riesgoso.

En este sentido, el académico de la BUAP detalló que el creciente uso de las “criptomonedas” como el Bitcoin (161,500 pesos mexicanos) o el Petro –criptomoneda de venezolana–  se debe a un profundo deseo a nivel global por evadir el dólar como moneda hegemónica, puesto que la economía del país que la produce (Estados Unidos) no goza de una estabilidad financiera como para que desempeñe el papel de “moneda de cambio global” o divisa, lo cual ha traído repercusiones importantes como las recientes crisis económicas a nivel mundial. Aunado a esto, la posición privilegiada del dólar (por ser el productor de la divisa global), implica una ventaja frente a otras monedas y economías a la hora de competir en el mercado mundial. 

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Aunque ha habido intentos porque otra moneda nacional sustituya al dólar, o bien que los derechos especiales de giro (moneda no física emitida por el Fondo Monetario Internacional) tomen ese papel, se vislumbra difícil que esta situación pueda cambiar pronto. “El tema de sustituir el dólar como moneda de cambio, se viene discutiendo por lo menos desde finales de la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, hay demasiadas implicaciones políticas detrás que imposibilitan ver un cambio real”, sentenció Estay Reyno. 

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