Ad Astra: ensayos sobre el vacío
Ad Astra, película de James Gray y protagonizada por Brad Pitt, es un magnífico ensayo sobre el vacío… y de todo aquello que nos depara en el futuro
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
08 de enero, 2020
Comparte

Foto tomada de YouTube

Héctor Jesús Cristino Lucas

No es secreto que la eterna fascinación, o el horror -como quiera verse- hacia la inmensidad del espacio ha sido fuente clara de inspiración para innumerables escritores y cineastas que han engendrado a través de sus narrativas una constante muestra de escenarios sobre aquello que nos depara allá afuera. Y es la pregunta, “¿estamos solos en el universo?”, desde la icónica Le Voyage dans la Lune (1902) de Georges Méliès, el escabroso fetiche con el que la imaginación vuela.

Ya sea con un libro como Contact de Carl Sagan, posteriormente adaptada al cine por Robert Zemeckis, que intentaba deducir la reacción del hombre al encontrar que en realidad no lo estamos. O bien, con un 2001: A Space Odyssey de Arthur C. Clarke, cuya adaptación a manos de Kubrick jugueteaba entre el rubro alegórico y hasta filosófico para enseñarnos que la respuesta iba más allá de un simple “sí” o un “no”.

Aunque algo sí que tenía en claro C. Clarke: “Solo existen dos posibilidades: que estemos solos o que no lo estemos. Y ambas… son igual de terroríficas”.

Hoy en día, la fascinación ante la pregunta persiste. Y aunque no estoy muy seguro por qué –culpemos a los 50 años del viaje a la luna cumplidos en 2019– nos ha llovido una infinidad de cintas que intentan devolvernos estas eternas reflexiones sobre la inmensidad del espacio para reencontrarnos con nosotros mismos, justo como lo hacía la “ciencia ficción dura” de antaño. Ya que, lamentablemente, se han perdido a través del constante cine de entretenimiento. O lo que es lo mismo, a través del cine de la “ciencia ficción blanda”.

Así que abandonemos por ahora las epopeyas fantásticas que nos trae Disney con la encantadora saga de Star Wars, y volvamos a la genialidad de aquellas cintas que nos empujaban a cuestionar nuestra existencia a través de interesantes juegos metafóricos o ensayos sobre “el vacío” con viajes hacia los confines del universo que terminaban siendo introspectivos. Porque lentamente, han vuelto para reclamar su lugar entre las mejores cintas del género.

Aunque todo inició por la espléndida Moon (2009) de Duncan Jones -pese a que ahora nadie la recuerda- esta “nueva oleada sobre cine espacial” se popularizaría a partir de la segunda década de nuestro siglo. Específicamente a partir del estreno de aquella Gravity (2013) de Alfonso Cuarón y su visualmente espectacular thriller sci-fi de carácter minimalista que le valió grandes nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Director.

Y con ella, la avalancha vino después. Por un lado, Interestellar (2014) de Christopher Nolan intentaba unir todas estas temáticas a través de una “nueva Space Odyssey” que tanto obedecía en el apartado filosófico como lo hacía de igual manera en el científico… aunque no de forma tan espectacular como algunos profesan. Y por el otro, Ridley Scott -el mismísimo amante del cine espacial por excelencia- adaptaba The Martian (2015) de Andy Weir en esta cinta sobre viajes y rescates, pero ambientada en el gran planeta rojo.

Y hablando de Scott y su horripilante octavo pasajero, el cineasta sueco de origen chileno, Daniel Espinosa, nos devolvía a todos el temor hacia lo desconocido y la inmensidad el espacio iniciada por la mítica saga Alien (1979) con la entretenidísima Life (2017) junto a Jake Gyllenhaal y Rebecca Fergusson. Mientras que, de manera más histórica, Damien Chazelle nos narraba el gran evento por parte de Neil Armstrong y su famoso -aunque polémico- alunizaje a través de la dramática First Man (2018) junto a Ryan Gosling.

Leer / First Man o el súper drama del viaje a la luna

No obstante, ahora fue el turno de James Gray, que dentro de esta constante repetitiva opta por traernos una nueva película espacial que hace hasta lo imposible para no convertirla en una más del montón.

Ad Astra, cuyo nombre fue sacado de la epopeya de Virgilio La Eneida y que en latín significa “hacia las estrellas”, es efectivamente, un nuevo viaje tanto metafórico como futurista, a las cuestiones existenciales del ser humano, pero evitando ambigüedades y siendo lo suficientemente sincero al respecto. Porque si hay algo que puede definir esta película, de hecho, es su enorme franqueza.

Las ganas de unir ciencia ficción dura con ciencia ficción blanda, alejándose lo suficiente de las pretensiones absurdas, y lograr acertar con creces en aquello donde Christopher Nolan falló.

Aquí, el literal viaje hacia las estrellas que emprende nuestro trágico protagonista, Roy McBride -magníficamente interpretado por Brad Pitt- con el único fin de encontrar el paradero de su padre -Tommy Lee Jones- perdido en algún punto del espacio, sirve desde distintos rubros y perspectivas. Pero todos, absolutamente todos, te llevan a un solo camino.

Por un lado, tenemos una interesante travesía que se traduce como de un viaje de descubrimiento, pero también de unión familiar, representada en esta exhaustiva misión por hallar una figura paterna perdida en algún vacío interminable; aunque también, contamos con que el personaje de Tommy Lee Jones, Clifford McBride, es una importante figura de autoridad que salió a buscar la respuesta de si estamos solos en el universo, para nunca más regresar.

En pocas palabras, dos significativas búsquedas que intentan responder a las mismas dudas existenciales con el uso de metáforas futuristas ya expuestas a través del cine de ciencia ficción en más de una ocasión. Pero lo que la hace distinta; un gran punto y aparte, no es solo que posee una respuesta clara y concisa; también cruda y sincera.

Esta no es ninguna Interestellar (2014) capaz de regalarnos una esperanza sobre el motivo de nuestra existencia, ni tampoco es un Contact (2014) ofreciendo la respuesta de no estar solos tanto en esta vida como en la otra. Ad Astra -y esto no sé si sea un spoiler de la película o de la vida misma- simplemente responde que no… no hay más que lo que vemos.

Aunque tiene una premisa sencilla, James Gray retuerce su argumento de forma inquietante en pos de hacernos sentir que estamos por encontrar “algo grande”. Lo que ha llevado a creer a muchos críticos de que se trata simplemente de otra película pretenciosa jugándole a ser “profunda y contemplativa”.

Pero no señores, Ad Astra no peca de ello. Repito: solo es genuinamente sincera. Nos llena de expectativas, de miedos y emociones, como ocurre con la vida real; y es de hecho, el recorrido de nuestro protagónico una fiel representación de nuestro paso por este mundo queriendo encontrar algo más allá de lo que este ofrece. Algo que pueda ser capaz de llenarnos pese a tanto vacío.

Y si bien es cierto que la película se estanca en ese mismo “vacío” sin ir a ninguna dirección fija, vuelve a ser este juego vilmente alegórico con la vida lo que nos hace creer que el recorrido tiene un propósito más interesante, aunque en el fondo jamás sepamos cuál es. O eso es lo que pretendemos creer.

Mientras que el uso del particular monólogo interno a través de protagónicos trágicos que narran su búsqueda con pensamientos constantes, como lo que vimos con el personaje de la épica cinta bélica Apocalypse Now (1972) de Francis Ford Coppola, Benjamin L. Willard -Martin Sheen-, y te llevan a cuestionar de cerca tanto las acciones como los motivos de este viaje en un universo tan ajeno pero a la vez tan cercano, que te incitan a seguirles incondicionalmente pese a cualquier obstáculo.

De hecho, si tuviéramos que describirla, Ad Astra definitivamente sería una suerte de Apocalypse Now (1979) por el asunto de un hombre en busca de otro, que hasta donde sabemos, no ha querido regresar por cuestiones personales; pero combinada con el épico Solaris (1972) de Andréi Tarkovski y esa alucinante aventura interestelar hacia un extraño sitio en la galaxia, por su nivel de profundidad tanto filosófica como metafísica.

Pero seamos sinceros al respecto. Aunque la película de James Gray tiene ecos intimistas; una interesante película de autor que se construye por especulaciones científicas y al mismo tiempo existenciales, tampoco quiere decir que sea la sucesora ni de Solaris ni de 2001. El argumento, si bien no busca el entretenimiento descomunal como único propósito, logra balancear el asunto del blockbuster con el cine de autor.

Hay momentos de épica contemplación: sobre la inmensidad de los planetas o el vacío de la galaxia; pero también… de gran emoción. ¿O alguien se ha preguntado cómo sería una cinta de Mad Max si la trasladáramos a la superficie lunar? Ad Astra te lo muestra con escenas asombrosas. Y aunque estos puntos chocan constantemente, funcionan a la perfección, porque la cinta pretende explicarte el funcionamiento de su universo en una suerte tesis visionaria.

Las actuaciones están a un nivel asombroso. Por parte de Brad Pitt y sus monólogos interminables, ni se diga. En instantes con más gestos que palabras. Y aunque Tommy Lee Jones aparece en escasos momentos -más cercano a un cameo que a otra cosa- lo poco que muestra convence de un talento irrefutable. A la vez que nos recuerda a otro personaje de la cinta de Coppola como lo es el coronel Kurtz, interpretado por Marlon Brando, y el declive psicológico en el que se estanca. Aunque eso sí, ambos desarrollando a sus personajes a un punto en el que su estabilidad mental los complementa de un modo único.

Ad Astra, aunque lejos de la perfección, no tiene ningún problema en establecerse como una de las mejores películas de ciencia ficción de nuestro siglo. En esta “nueva oleada de cine espacial”, donde horror, aventuras y dramas históricos han servido tanto para cuestionar como para divagar, aunque James Gray no pretende seguir la misma línea.

Su argumento no pretende ilusionarnos, ni tampoco intrigarnos. La respuesta es un simple no. Y como Arthur C. Clarke decía, cualquier respuesta a la pregunta “¿estamos solos en el universo?” sería aterradora… Ad Astra indudablemente lo es, como lo sería un Alien (1979) de Ridley Scott, pero justamente por todo lo contrario. Porque aún en lo desconocido; en lo que no entendemos, seguimos solos. Y eso se traduce en incertidumbre.

Si esto es deprimente o realista, James Gray te lo deja a tu criterio. Pero no vengan a decirme tampoco que esta película se estanca y no va hacia ninguna parte porque tiene muy claro su destino: a una constante y repetitiva lucha de negación. Y ese es simplemente su encanto.

A veces lo suficientemente cruda, pero hermosa; fantástica pero realista. Ad Astra no es más que un magnífico ensayo sobre el vacío… y de todo aquello que nos depara en el futuro.

Sinopsis:

Roy McBride es un ingeniero que perdió a su padre en una misión sin retorno a Neptuno para encontrar signos de inteligencia extraterrestre. 20 años después, emprenderá su propio viaje a través del sistema solar para tratar de encontrarlo de nuevo y resolver los misterios del porqué esa primera misión fracasó.”

*Foto de portada: tomada de YouTube

Comparte
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com