Responsabilidad, zozobra y oportunidad

Responsabilidad, zozobra y oportunidad

Foto tomada de http://www.consulta.mx
Roberto Alonso

@rialonso

Por segundo año consecutivo aumentó la confianza ciudadana en las instituciones mexicanas. Así lo reportó la encuestadora Consulta Mitofsky en días pasados. Mediciones como esta suelen atraer fuertemente los reflectores cuando los indicadores caen, sobre todo si se cruza con otras estimaciones que también presentan tendencias a la baja, por ejemplo, el apoyo a la democracia o la satisfacción con esta. No olvidemos que en el informe Latinobarómetro 2018 ningún indicador tuvo una evolución positiva, llegando varios de ellos a mínimos históricos.

Quizá por esto es que merece la ocasión detenerse en este estudio y mirarlo con detenimiento. Propongo una triple lectura ya delineada en el título de esta colaboración, la cual corresponde a las tres instituciones que más confianza generan actualmente en el país: las universidades, el Ejército y la presidencia.

No es una novedad que las universidades y el Ejército aparezcan en los primeros lugares, de hecho, ambas han obtenido mejores puntajes en el pasado. En el caso de las universidades, su máxima calificación desde que se hace este ejercicio fue de 8.1 en 2005 –la cifra más elevada que haya conseguido alguna de las instituciones evaluadas por Consulta Mitofsky–, mientras que el Ejército obtuvo en 2007 un puntaje de 8. Lo que sí sobresale es que la presidencia, esa institución que había descendido de la franja de confianza media a la zona de confianza baja en los últimos cuatro años, hoy sea, junto con el Ejército, la segunda institución más confiable.

La presidencia que en 2018 tuvo la peor nota de ese año con un puntaje de 5.1 junto a los diputados y los partidos políticos, y que en 2017 llegó a un mínimo de 4.8 puntos –uno de los registros más bajos de todos los documentados–, dio un brinco de la zona roja al –reducido– grupo de instituciones que se ubican en el rango de confianza alta.

Consulta Mitofsky realiza esta evaluación desde 2004, inicialmente respecto a 13 instituciones y desde 2018 a 18. De las 18 instituciones analizadas el último año, 10 se encuentran en un rango medio entre 6.2 y 6.9 de calificación, en tanto que son cinco las instituciones reprobadas: la policía con 5.7, los senadores con 5.5, los sindicatos también con 5.5, los partidos políticos con 5.4 y los diputados con 5.3 puntos. El promedio de confianza institucional venía bajando desde 2009 (7) hasta 2017 (5.9), año en el que se presentó un punto de inflexión subiendo a 6.2 en 2018 y a 6.4 en 2019. Este año, el estudio de opinión pública se llevó a cabo con una muestra de mil mexicanos mayores de 18 años, a quienes se les pidió su opinión entre el 20 y el 22 de septiembre.

A detalle, es posible observar que son las personas mayores de 50 años y las personas con estudios de primaria o menos quienes más confían en la presidencia. Por lo que toca a las universidades y al Ejército, son las personas con estudios universitarios y de preparatoria, así como el segmento entre 18 y 29 años, quienes más confían en estas instituciones, sumándose el segmento entre 30 y 49 años a las primeras.

Aparecer durante 10 años consecutivos en el primer lugar es un llamado a la responsabilidad y a la acción. En medio de una crisis de credibilidad y legitimidad institucional en todo el mundo, este cheque de confianza coloca a las universidades en una posición privilegiada no solo para analizar la realidad, sino para proponer, encauzar y acompañar propuestas viables de transformación social.

Por el pasado que acompaña al Ejército en nuestro país y en la región latinoamericana, pero más por el espectro de acción que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador le ha ensanchado a esta institución con tareas que no le son propias, no deja de causar zozobra la confianza que existe hacia este actor. Tengamos presente que de 2007 a 2017, la CNDH emitió 130 recomendaciones al Ejército y a la Marina por violaciones graves a los derechos humanos, entre ellas tortura, tortura sexual, desapariciones forzadas y ejecuciones a funcionarios.

La presidencia, por su parte, tiene ante sí una oportunidad única para lograr fundamentalmente dos propósitos: una sociedad más igualitaria y un país más pacífico o, dicho en negativo, una sociedad menos desigual y un país menos violento. El bono de confianza que hoy tiene, remontando prácticamente dos puntos en un año, no lo había obtenido ninguna otra institución en 15 años. Se trata de una oportunidad que si no se aprovecha y deviene en fracaso puede traer consigo un panorama oscuro.

El Ejército y la presidencia caminan juntos, no pocas veces de manera preocupante. No ocurre lo mismo entre la presidencia y las universidades. En cuidado de la autonomía de estas, bien le haría al país que aquella comenzara a acercarse más a las instituciones académicas, a su conocimiento, su experiencia y su compromiso con la construcción de sociedades justas, equitativas, democráticas, respetuosas de los derechos humanos y del medio ambiente.

 

Académico del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla y coordinador del Observatorio de Participación Social y Calidad Democrática.

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