Ready or Not: ¡Samara Weaving en una poesía de horror!
Ready or Not entiende cómo es que funciona la industria ignorando los rigurosos métodos de la Academia: el disfrute por el disfrute
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
05 de diciembre, 2019
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Foto tomada de YouTube

Héctor Jesús Cristino Lucas

Lo sé, lo sé, este año tuvimos películas asombrosas. La épica carta de amor que le hizo Tarantino a Sharon Tate con su fascinante Once Upon a Time in Hollywood; la horripilante pero poética Midsommar de Ari Aster; y la encantadora, aunque tragicómica Parasite de Bong Joon-ho que se perfila a convertirse en la mejor película del año. Las amé a todas y cada una de ellas… pero sola una se robó mi corazón.

¡Oh, sí! Leer una columna de un crítico prestigioso hoy en día se ha vuelto ya un tanto predecible. Abran cualquier periódico o sitio especializado para comprobarlo.  Este año o se ama el Joker de Todd Phillips o se ama The Irishman de Martin Scorsese. Y eso está perfecto, no vayan a malinterpretarme; son películas excelentes. Pero pasa que a veces resultan más un manifiesto obligatorio entre los eruditos que una auténtica declaración de amor.

Aquí por lo menos, no vamos a encontrar las mismas afirmaciones simplemente porque los demás lo repitan. Y ojo, que esto va enserio. En lugar de encontrarte un artículo intelectualoide exaltando algunos de estos magníficos estrenos como importantes filmes que cambiarán a la industria, yo mejor te voy a hablar de Ready or Not. Porque ya sabes lo que dicen: en el corazón no se manda.

Como ha ocurrido con muchas películas del género, pese a tremendo marketing, esta película ha tomado por sorpresa a más de uno. Lo que parecía ser a simple vista una película de horror más del montón, entre el slasher desgastado y el home invasion predecible, resultó ser de lejos, una de las mejores comedy / horror que hayamos tenido durante todo el 2019. Y no es para menos. La crítica la ama; los fanáticos la adoran.

Dirigida por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet, responsables tanto de la odiosa Devil’s Due (2014) como de la interesante Southbound (2015); son más reconocidos por haber participado en aquella emblemática cinta antológica V/H/S (2013) que reunía a distintos directores del género en una sola película, con el segmento: 31/10/98. De los mejores y más recordados junto a la Amateur Night de David Bruckner.

Pero NADA como lo que acaban de ofrecernos, queridos padawans. Sencillamente está a otro puto nivel.

Y antes de que vengan a decirme que esta película es una porquería sin sentido que no debería considerarse de las mejores del año: para gustos refinados, películas refinadas. Esto es más como un lenguaje entre expertos. No por nada Quentin Tarantino declaró hace poco que su película favorita del 2019 -además de la excelsa Dr. Sleep– ha sido nada menos que Crawl -o Infierno en la Tormenta– con todo y sus cocodrilos asesinos. ¿Y por qué yo no?

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Ready or Not es tan malditamente consciente de lo que es, que no necesita de argumentos rebuscados ni de aires de grandeza para terminar convirtiéndose en una película genuinamente especial. Tan especial que entiende cómo es que funciona la industria ignorando los rigurosos métodos de la Academia: el disfrute por el disfrute. Y eso, es lo que estos directores nos han regalado.

No una Joker; no una Parasite. Una cinta de serie B -aunque no por eso menos ingeniosa- que no tarda en ofrecerte con grandes resultados su verdadera naturaleza: Una odisea de gore y carcajadas que no pretende tomarse enserio ni ofrecerte el significado de la vida, aunque lo estés buscando. Y lejos de ser ese un grave error, es su más grande acierto.

Así que olvidémonos un rato de la lógica. La sangre a borbotones será la regla; los personajes pueden sobrevivir con heridas mortales y “el sentido común” no existe en pos del entretenimiento más puro dentro del cine de matanza.

Definida por algunos como una suerte de The Purge (2013) de James DeMonaco, por la idea de “expiar” un alma inocente para un fin inmediato, pero combinada con el You’re Next (2013) de Adam Wingard sobre una oda de violencia desencadenada por una familia burguesa, el argumento conjuga de manera exitosa la premisa de “cazar o ser cazado” de estas películas de horror, con el divertidísimo concepto del matrimonio como una suerte de “supervivencia constante”.

Y todo esto, a través de un endemoniado juego a manera de metáfora en donde el novio o la novia de alguno de estos miembros deben sobrevivir en su noche de bodas si se quiere pertenecer a este importante linaje.

Mezclas todos los elementos y obtienes una botana perfecta para un domingo por la tarde. En la misma tradición de un Happy Death Day (2017) de Christopher Landon, la película va directo al grano entre la comedia y el horror sin desarrollar tanto a sus personajes para cumplir un simple propósito: o que sirvan como antagonistas o asesinos; o bien, como héroes o heroínas del grito.

Y hablando de ello, vayamos a lo más importante de la película: ¡Samara fucking Weaving, por dios! No solo por su magnífica y agobiante interpretación; también por su impactante legado al convertirse en una de las mejores scream queens de la última década.

Al lado de actrices emergentes como Anya Taylor Joy de The Witch (2016) o Jane Levy con Don’t Breathe (2016), Samara Weaving, tras su participación en la fantástica cinta de Netflix The Babysitter (2017), se volvió una promesa latente para todos los que amamos el cine de terror. Y hoy, esa promesa se ha cumplido.

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No solo es la evidente sensualidad que irradia con cada personaje, también es su carisma y sus gestos. También es su mirada; tan atractiva e inquietante, que la vuelven un personaje icónico para las cintas del género. Me recuerda un poco a Barbara Crampton en sus inicios, por ejemplo, con Re-Animator (1985) o From Beyond (1986) saltando entre el erotismo y el horror de una manera perfecta. Samara Weaving se ha vuelto ya una de mis rubias preferidas del siglo XXI.

Y como es usual en la historia de las scream queens -véase Jamie Lee Curtis o Marilyn Burns- el desarrollo de una pobre chica superviviente en medio de un horror interminable es importante. El personaje de Grace Le Domas está construido con los estereotipos más básicos de estos: de una inocente y vulnerable chica cualquiera al inicio; a una poderosa y enérgica súper heroína al final. Es prácticamente un protocolo a la vieja usanza que sigue funcionando en algunas películas pese al paso del tiempo.

Además, debo decir que me ha agradado mucho el outfit de una mujer vestida con traje de novia como uniforme de lucha descarnada. Desde el rubro simbólico con ese blanco pureza que se va degradando entre sangre y mugre, hasta lo terriblemente divertido que resulta por sí mismo. Parecido a lo que vimos en la tercera entrega de la saga Rec, solo que aquí en lugar de enaltecer “el romance” como una “fuerza de voluntad”, se sataniza -literalmente- el matrimonio para burlarse de él.

Y he aquí otro punto interesante. Si Ready or Not parece recordarnos a tantos filmes del género, es porque tiende a replicar los clichés más básicos que existen, aunque eso no quiera decir que se incline netamente por ellos. La película de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet satiriza temas tan disparatadamente extraños que todo en ella es impredecible: desde sectas secretas que controlan el mundo -véase los Iluminatis o los Masones- hasta el satanismo, la brujería o las maldiciones antiguas.

Con un formato más cercano al estilo episódico, como sacado de alguna de estas cintas antológicas en las que han participado, tipo Southbound (2015) o V/H/S (2013), creedme cuando digo que este filme está a otro puto nivel… porque lo tiene todo. Sangre y diversión aseguradas; sensualidad y belleza por todas partes; y un maldito final que les aseguro, la vuelven ya una joyita dentro de las alocadas cintas comedy / horror de la última década.

Ready or Not es como un plato de patatas fritas antes de entrar al plato fuerte. Una escatológica aventura escondida entre los grandes estrenos del año. Damas y caballeros; queridos padawans de toda la vida: ¡Samara Weaving en una poesía de horror!

Sinopsis:

“Durante la noche de su boda, una mujer recibe la invitación por parte de la rica y excéntrica familia de su marido para participar en una tradición ancestral que se convierte en un juego letal de supervivencia.”

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com