Jueces de todas las cosas
Es urgente que la educación desarrolle en los futuros ciudadanos la capacidad de auto-examen crítico, así como la habilidad para descentrarnos
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
11 de diciembre, 2019
Comparte

Imagen de mohamed Hassan en Pixabay

Martín López Calva

“El auto-examen crítico nos permite descentrarnos relativamente con respecto de nosotros mismos y, por consiguiente, reconocer y juzgar nuestro egocentrismo. Nos permite dejar de asumir la posición de juez en todas las cosas”.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 51.

Jueces de Karen porque envió un mensaje falso y pasó la noche en un bar cuando su familia la reportó como desaparecida. Como si nadie hubiera mentido o tenido una noche de fiesta sin que lo supieran sus seres queridos. Jueces de los que se manifiestan en contra del gobierno porque “tienen la mente y el corazón muy pequeños”, “porque son fifís y viven en Las Lomas”, como si conociéramos la realidad, las intenciones y razones de todos los que son distintos a nosotros. Jueces de los que apoyan al gobierno “porque son chairos, no trabajan y quieren recibir dinero gratis”. Como si no entendiéramos la rabia por décadas de corrupción, desigualdad, pobreza e impunidad que hicieron que millones depositaran su fe en una propuesta que prometió velar por los más pobres.

Vivimos en tiempos en los que venturosamente se valora al individuo y se enfatiza el derecho de cada uno a tener sus pasiones, sus proyectos, sus ideas y creencias, y a seguirlas para construir un proyecto de vida, un plan de felicidad personal distinto al de los demás.

Pero vivimos también en tiempos en los que, desafortunadamente, esta valoración de los individuos se ha ido absolutizando hasta volver a cada uno el criterio de verdad, de bien, de belleza, de justicia y de compromiso social, y otorgarle el derecho de convertirse en el juez supremo del comportamiento de los demás. Lo que ganamos en libertad individual lo perdimos en empatía y capacidad de comprensión a los demás.

“Se les entregó una herramienta de la que se hicieron esclavas: las redes sociales. Se les hizo creer que con ellas tenían poder, que sus denuestos ya no se quedarían en la esfera de lo privado, sino que el mundo entero sabría de sus malignidades”.

Javier Marías. Dos décadas de antipatía.

Para aumentar todavía más el potencial destructivo de esta hipervaloración de la opinión individual, a las personas de esta época se nos ha entregado una herramienta poderosísima de la que nos hemos vuelto esclavos: las redes sociales. Se trata de una herramienta que nos hace sentir poderosos porque, a través de ellas, podemos ejercer esa capacidad de juzgar a todos y juzgarlo todo de forma pública.

Como afirma el mismo Javier Marías en su artículo, muy a menudo los más dañinos (“ponzoñosos”) son los que se consideran a sí mismos los más rectos, benefactores y empáticos.

Esta realidad complicada hace cada vez más urgente la necesidad de que la educación desarrolle en los futuros ciudadanos la capacidad de auto-examen crítico, así como la habilidad para descentrarnos. Así podríamos revisar el egocentrismo que se encierra en esta posición de jueces de las cosas, misma que se hace palpable todos los días en los linchamientos públicos que se vuelven virales.

“La práctica mental del auto-examen permanente de sí mismo es necesaria, ya que la comprensión de nuestras propias debilidades o faltas es la vía para la comprensión de las de los demás. Si descubrimos que somos seres débiles, frágiles, insuficientes, carentes, entonces podemos descubrir que todos tenemos una necesidad mutua de comprensión”.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 51.

 

Porque la práctica del auto-examen de uno mismo resulta cada vez más necesaria en estos tiempos ególatras en los que cada quien mira por sus propios intereses. Y asume, a su vez, sin la menor reflexión, que sus ideas, opiniones y creencias son las correctas simplemente porque son suyas. Sin la comprensión de las propias debilidades o errores resulta imposible la comprensión de los demás. Cuando uno se asume como el poseedor de la verdad y del bien, como un ser infalible y recto al cien por ciento, se vuelve un juez implacable de los demás.

Al contrario, si la educación va capacitando al estudiante para revisarse y descubrir las propias debilidades, la fragilidad, la insuficiencia personal, así como las carencias que lo aquejan, se vuelve más capaz de descubrir la necesidad de comprender y de ser comprendido.

De manera que, la educación personalizante tiene hoy en la educación de la comprensión, y específicamente en el desarrollo de la introspección, un área de desarrollo fundamental para preparar seres humanos capaces de construir humanidad en entornos que tienen muchos rasgos deshumanizantes; de formar comunidad en contextos que se caracterizan por la competencia salvaje; de desarrollar comprensión en escenarios en los que el eje fundamental es la vertiginosa carrera individual hacia el “éxito” en solitario, misma que produce muchas veces dinero, poder y fama pero también soledad, infelicidad y falta de sentido.

Nos encontramos en tiempos de polarización y descalificación que están pidiendo a gritos la construcción de meta puntos de vista para aproximarse de manera más incluyente, inteligente y corresponsable a los desafíos del mundo.

“Somos abiertos para ciertos allegados privilegiados, pero la mayor parte del tiempo permanecemos cerrados a los demás. El cine, que favorece el pleno empleo de nuestra subjetividad, por proyección e identificación, nos hace simpatizar y comprender a aquellos que nos serían extraños o antipáticos en un momento cualquiera”.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 51.

 

Si bien nos va, seguimos siendo abiertos para esos allegados privilegiados de los que habla Morin, pero prevalece en nosotros –la mayor parte del tiempo– el cerrarnos a los demás. Necesitamos promover la empatía y la comprensión que empiezan por la apertura hacia los demás.

Una herramienta poderosa para generar procesos de reflexión que potencien esta empatía y construyan comprensión es el arte, sobre todo la novela y el cine. Sería muy bueno que los educadores vayamos conociendo, disfrutando de obras literarias y cinematográficas que sirvan como medios para lograr este objetivo. De esta manera, se empezarían a utilizar en el aula de manera sistemática e intencionada.

Como afirma Morin: “El desarrollo de la comprensión necesita una reforma planetaria de las mentalidades; esa debe ser la labor de la educación del futuro”.

Comparte
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..