El periodismo bajo hostigamiento en el Brasil de Bolsonaro

El periodismo bajo hostigamiento en el Brasil de Bolsonaro

El ascenso de la extrema derecha al gobierno hizo más complejo el ejercicio del periodismo en Brasil, con el ambiente saturado de informaciones falsas o tendenciosas diseminadas por las redes sociales.

Joice Hasselmann, diputada del Partido Social Liberal, cuando estaba en sintonía con el presidente Jair Bolsonaro, que la defenestró como jefa de la bancada oficialista cuando no obedeció una orden suya. Desde entonces sufrió una campaña de insultos y difusión de fotos falseadas, con epítetos como «cerda» (la peppa pig) y decidió revelar lo que sabe sobre noticias falsas y difusión de difamaciones en la comisión parlamentaria que investiga el tema. Foto: EBC
Mario Osava | IPS

La presidencia de Brasil excluyó a Folha de São Paulo de los diarios y revistas que sus funcionarios seguirán leyendo pagados con dinero público, en una represalia del presidente Jair Bolsonaro por informaciones que le molestaron en los últimos meses.

La medida ya la había anunciado Bolsonaro el 31 de octubre en la emisora de televisión Bandeirantes, una de sus preferidas. Relacionó su decisión con una entrevista de casi dos meses antes, el 3 de septiembre, concedida al diario que publicó “solo desinformación”, según el gobernante de extrema derecha.

Parece una retaliación mezquina, al suspender suscripciones en cantidad similar a las adjudicadas a otros dos grandes diarios de distribución nacional, O Globo y O Estado de São Paulo, 74 y 73 respectivamente, lo que equivale a pocos miles de dólares al año.

Pero se trata de un escarmiento y un aviso a todos los medios de comunicación, a través de dos pesos pesados del sector. Folha de São Paulo es el diario de mayor tirada en Brasil, con cerca de 330.000 ejemplares diarios, y TV Globo encabeza el conglomerado mediático más poderoso del país, que controla la televisión de mayor audiencia, el segundo diario en circulación, y otros periódicos, revistas y radios.

Que la libertad de prensa está en riesgo en este país de 210 millones de habitantes ya se sabe desde las elecciones de octubre de 2018, cuando Folha de São Paulo fue amenazada la primera vez por haber divulgado que empresarios financiaron la difusión masiva de mensajes maliciosos pro Bolsonaro en la plataforma WhatsApp, en lo que podría constituir un delito electoral.

El periodismo es blanco permanente de ataques del gobierno que llegó al presidencial Palacio de Planalto el 1 de enero. Como la enseñanza y el sector cultural, estaría bajo dominio de izquierdistas y del marxismo, según repiten los bolsonaristas.

Bolsonaro amenazó también con sacar del aire a TV Globo, que además de tener la mayor audiencia local es gran exportadora de sus telenovelas. El mecanismo sería no renovar su concesión en 2022, como castigo por su “periodismo sucio, vergonzoso”, según el presidente.

Esa fue su reacción a un reportaje del 29 de octubre que lo involucraba en la investigación policial sobre el asesinato de Marielle Franco, entonces concejala de Río de Janeiro, el 14 de marzo de 2018, un caso de repercusión internacional.

Bolsonaro fue mencionado por un testigo, el portero del conjunto residencial en el oeste de Río de Janeiro donde tienen viviendas tanto el presidente como el principal sospechoso del asesinato, el ex policía militar Ronnie Lessa, preso desde marzo de este año.

Un presunto cómplice en la muerte de la emergente dirigente política y social buscó a Lessa pocas horas antes del crimen, pero habría sido “Jair” quien autorizó su entrada al condominio, según el portero que modificó su versión después de la gran repercusión de su testimonio inicial.

El testimonio tampoco tenía validez, ya que aquel día Bolsonaro, entonces diputado, participaba en sesiones legislativas en Brasilia, destacó la información de TV Globo.

De todas formas el reportaje irritó profundamente al presidente. Algunas horas después del noticiero él difundió un video-mensaje de 23 minutos con insultos variados a la emisora de televisión.

La guerra contra TV Globo, sin embargo, viene de antes. La televisora que acaparaba la mayor parte de los gastos publicitarios del gobierno hasta el año pasado, proporcional a su audiencia, vio reducida su cuota en lo que va de este año a cerca de la mitad de la destinada a cada una de sus dos principales competidoras, según datos oficiales

No se explicó el motivo de ese vuelco, pero es notorio que Bolsonaro favorece los medios de comunicación de grupos de confesión evangélica, especialmente los televisivos.

Se manifiesta así la orientación de su gobierno, de hablar a sus adeptos, en desmedro de otros sectores y por lo tanto de la comunicación con un público más amplio, que es cautivo de Globo.

La venganza contra una o varias noticias adversas, en el caso de Folha de São Paulo, se sobrepone al interés público de contar con información adicional y diversificada para orientar políticas de gobierno.

Los 24 diarios y 10 revistas que se incluyen en las suscripciones de la Presidencia se destinan a proveer información a los funcionarios para “la toma de decisiones” y la elaboración de “contra-respuestas” al noticiero, según la licitación divulgada el 28 de noviembre para contratar una empresa que ofrezca el acceso a esas publicaciones.

Entre esos medios están extranjeros, como The New York Times y El País, de España.

El ejercicio del periodismo se volvió peligroso y precario en el Brasil presidido por un adepto declarado de dictaduras militares, como la brasileña de 1964 a 1985 y la de Augusto Pinochet en Chile (1973-1990), en nombre del combate al comunismo que identifica hasta hoy en las corrientes políticas que no sean netamente de derecha.

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*Foto de portada: EBC

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