El grito, la tentación y el desafío
El grito empezó un día, en un lugar determinado que hoy ya es difícil identificar. Fue un día en el que de pronto surgió de las entrañas de la gente la necesidad de expresar su hartazgo frente a una realidad que excluye
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
18 de diciembre, 2019
Comparte

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

Nuestra tierra, ancha tierra, soledades,
se pobló de rumores, brazos, bocas.
Una callada sílaba iba ardiendo,
congregando la rosa clandestina,
hasta que las praderas trepidaron
cubiertas de metales y galopes.

Fue dura la verdad como un arado.

Pablo Neruda. América insurrecta.

El grito empezó un día, en un lugar determinado que hoy ya es difícil identificar. Fue un día en el que de pronto surgió de las entrañas de la gente la necesidad de expresar su hartazgo frente a una realidad que excluye, discrimina, violenta los derechos de muchos, les hace trabajar de sol a sol para apenas sobrevivir y les presenta todos los días el dispendio, el lujo y la superficialidad de las minorías que se reparten la mayor parte de la riqueza producida y la corrupción e impunidad con la que se benefician del poder aquéllos que deberían representarlos y buscar el bien común.

El grito

Foto: Olga Valeria Hernández

Fue un grito que fue creciendo y extendiéndose como la onda expansiva de un terremoto, como un huracán que avanza en su espiral devastadora a una velocidad que sorprende y espanta a quienes están, a quienes estamos, instalados en la comodidad de nuestra relativa estabilidad.

De pronto este grito sonaba en las calles de Ecuador, de La Paz y otras ciudades de Bolivia, de Santiago de Chile y Bogotá en Colombia. Como en este poema de Neruda que canta a la América insurrecta, hubo gritos por todas partes y nuestra tierra ancha se pobló de rumores, brazos, bocas…hasta que las praderas trepidaron porque fue dura la verdad como un arado.

Pero a diferencia del poema, el grito no era de un solo lado del espectro político. Porque hubo y hay ecos de este grito que se alzan en contra de gobiernos de derecha en donde hay gobiernos de derecha y ecos del mismo grito que se expresan contra los gobiernos de izquierda en los países que han tenido gobiernos de izquierda. La dura verdad es como un arado que resulta difícil de entender porque no habla del fracaso de uno de los sistemas vigentes sino del derrumbe del Sistema mundo que no ha podido resolver las necesidades de vida humana de las grandes mayorías de la población.

El grito expresa que estamos en una crisis civilizatoria de gran calado, una crisis que no se resolverá con un mero cambio programático –de izquierda a derecha, de derecha a izquierda- sino con un profundo cambio paradigmático.

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía…” De pronto el grito, este grito se volvió también expresión de las mujeres. De las mujeres de un continente, de un mundo que lleva siglos de sustentarse en los cimientos del patriarcado, del predominio de los hombres y del poder de los hombres que se ha expresado, institucionalizado y normalizado en muchísimas ocasiones en violencia simbólica o incluso física y en lo cotidiano, en la discriminación y la desigualdad de oportunidades para las mujeres.

 

Los funcionarios, no funcionan.
Los políticos hablan, pero no dicen.
Los votantes votan, pero no eligen.
Los medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza, enseñan a ignorar.
Los jueces, condenan a las víctimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes, porque están
ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se
privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
La gente, está al servicio de las cosas.

Eduardo Galeano. El sistema.

El grito está ahí y se extiende por todo el territorio de nuestra América latina y por muchas partes del mundo. Es un grito que refleja el enojo, la ira, el hartazgo, la desilusión, la desmoralización de la gente frente a una situación que parece tener a todos en un túnel sin salida.

Es un alarido que refleja la gigantesca inconformidad de los ciudadanos de a pie porque como dice Galeano, los funcionario no funcionan, los políticos hablan pero no dicen –y no hacen-, los medios de información desinforman, los centros de enseñanza enseñan a ignorar y las autoridades que debieran trabajar para defender a las víctimas de la historia están más bien orientadas hacia su propio beneficio y condenan a las víctimas a repetir eternamente su destino.

Precisamente por eso, por ser un grito que expresa la furia y la desesperación de muchos millones de personas que claman por ser tomadas en cuenta y porque la situación realmente cambie, puede tener elementos excesivos, falta de consistencia lógica, brotes de violencia, exceso de espontaneidad que incluso muestre algunos rasgos contradictorios.

El gran riesgo es que como miembros del status quo cedamos a la tentación de pedir mesura, exigir matices, solicitar coherencia lógica, demandar matices, esperar una racionalidad sólida y consistente en algo que no puede tenerla porque es eso: un grito de desesperación que sueña con un cambio radical. Entonces los de izquierda descalificarían el grito de los que reclaman a los gobiernos de izquierda, los de derecha descalificarían el grito de los que reclaman a los gobiernos de derecha, los anti-feministas reclamarían lo que miran como excesos en el grito feminista y el resultado sería que el grito sería inútil, que no escucharíamos el grito.

El segundo riesgo es quedarnos en el grito, asumir el grito como un proyecto estructurado y consistente de cambio o pensar que quedarse en el grito es la única forma de proceder y de convivir.

[pull_quote_center]“…cuando pasamos del ámbito de la espontaneidad al de la inteligencia y la racionalidad, descubrimos que el egoísmo y el altruismo no proporcionan categorías últimas. Pues el ejercicio de la inteligencia de la racionalidad con sus implicaciones asume automáticamente la posición última; y desde su punto de vista independiente, se construye un orden social en el cual, como en el reino animal, cuidar de sí mismo y contribuir a la vez al bienestar de los demás tienen su lugar específico y su función necesaria”.[/pull_quote_center]

Bernard Lonergan. Insight, p. 277.

El gran desafío de una educación personalizante está hoy en abrir nuestros sentidos para escuchar el grito, sensibilizar a nuestros educandos para recibir empáticamente el grito y darle su lugar como manifestación de la espontaneidad empírica de muchos millones de personas que desean un cambio, pero también y al mismo tiempo en educar para volver inteligentes y racionales las demandas de este grito y construir colectiva y cooperativamente alternativas y proyectos inteligentes, razonables y responsables de verdadero cambio paradigmático que nos lleven a construir nuevas formas de convivencia y de gobernanza que respondan por fin a las demandas de quienes hoy gritan porque piden simplemente ser considerados como seres humanos con igual dignidad y dejar de vivir al servicio de las cosas.

Comparte
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..