Walter Benjamin, Blade Runner e inteligencias artificiales

Walter Benjamin, Blade Runner e inteligencias artificiales

Imagen inspirada por Do Androids Dream of Electric Sheep tomada de la página del artista VoodooHeartCircus

#Binario #Netflix

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

A finales de mayo de 2016, Warner Bros. solicitó a la plataforma de streaming Vimeo retirar una copia ilegal de Blade Runner. Lo que era una solicitud de rutina para retirar contenido subido a internet de forma ilegal, se convirtió en noticia internacional al descubrir que lo que parecía la película de Ridley Scott de 1982 era en realidad una reconstrucción de esta, cuadro por cuadro, hecha por una computadora.

Se trataba de un proyecto artístico y de investigación del estudiante de maestría inglés, Terence Broad, titulado Autoencoding Blade Runner. A través de un proceso de deep learning o aprendizaje profundo[1], Broad había instruido a un programa de computadora a que viera y “entendiera las imágenes” de la mencionada obra cinematográfica y luego las imitara o reprodujera, dando como resultado una obra nueva.

Además de ser parte de una tesis de Computación Creativa, de Goldsmiths, la obra ha sido incluida en exposiciones como Dreamlands: Immersive Cinema and Art, 1905-2016en el Museo Whitney de 2016 a 2017, y en festivales artísticos como el Ars Electronica, edición 2017. Asimismo, Broad ha utilizado este proceso para reproducir fragmentos de otras películas como Man With A Movie Camera (1929), Koyaanisqatsi (1982) y A Scanner Darkly (2006), adaptación –al igual que Blade Runner– de una novela de Philip K. Dick.

Si bien Broad presentó su proyecto desde el principio como un esfuerzo científico pero también artístico, haciendo que instituciones culturales lo validen en este último sentido, cabría la duda de si es en verdad hablamos de una obra nueva y, sobre todo, de si él es el autor o más bien es a la computadora a quien debemos darle ese crédito en la ficha técnica.

Antes de este tipo de experimentos vinculados con una inteligencia artificial, dudas similares empezaron a flotar en el aire con el surgimiento de la fotografía. ¿Es el fotógrafo un artista?, ¿es la fotografía una forma de arte? Igualmente, surgían preguntas como si el observar una fotografía –y luego, un video o cualquier otro tipo de reproducción análoga o digital– de una escultura griega milenaria o de una obra maestra como La Gioconda ofrecen el mismo disfrute que postrarse ante las versiones originales; o si el ser aplastadx por una masa de carne y cámaras y celulares dentro de una reconstrucción a escala real de la Capilla Sixtina es lo mismo a pagar un boleto de miles de pesos para ser aplastadx en el Vaticano por una masa de carne y cámaras y celulares.

El debate sobre la fotografía / fotógrafo como arte / artista, fue superado desde hace mucho tiempo y hoy pocos le negarían esos títulos a las obras y figuras de Tina Modotti, Manuel y Lola Álvarez Bravo o Graciela Iturbide. Walter Benjamin, sin embargo, nos dijo que, si bien una foto, una película o cualquier otro tipo de obra o  reproducción de una obra a través de un proceso técnico ayudan a democratizar el arte al acercarla a las masas, esta operación contribuye a la pérdida del aura, esa especie de “alma” que hace que una obra auténtica solo pueda existir en un lugar y en un solo momento. Es decir, mientras la obra original envejece y se transforma por el cambio de propietario, las reproducciones que puedan existir –legales o ilegales, análogas o digitales–, permanecen inalteradas y muestran la condición del original al momento de ser copiada.

En este sentido, me parece que la versión de Blade Runner de Broad es una obra nueva con un aura nueva y propia, le parezca o no a Ridley Scott y, especialmente, a los estudios Warner. Ahora bien, con una foto jamás pensaríamos adjudicarle la autoría a la cámara fotográfica, como tampoco diríamos que alguno de los artefactos involucrados en la producción de una película es el autor de esta. No obstante, seguimos sin contestar: ¿es Terence Broad el verdadero autor de esta nueva Blade Runner o es la inteligencia artificial a quien debemos colocar en esa categoría?

En su artículo de 1979, “Comments on Visual Fine Art Produced by Digital Computers”, Frank J. Malina afirmaba que una computadora hace lo que los seres humanos le indican hacer gracias a las instrucciones que le dan y que son compatibles con su naturaleza, creada, sobre decirse, también por manos humanas. En el mismo texto, este artista que supo combinar ciencia y tecnología en sus proyectos de escultura cinética y que antes fue reconocido como el padre de la ingeniería espacial, escribía: “Creo que el beneficio más importante que podemos esperar a partir del uso de computadoras a manos de artistas será de carácter sociológico. Ayudarán a desterrar la visión no tan poco frecuente de las computadoras como monstruos en lugar de artefactos altamente sofisticados que pueden ser útiles a la humanidad si son usados con inteligencia”.

Amigas o enemigas, las computadoras siguen siendo construidas a partir de las instrucciones y voluntades de los seres humanos. Es así que lo hecho por Terence Broad es una obra de arte que solo se le puede acreditar a este. Lo mismo podrá ser dicho sobre cualquier otra obra hecha con la ayuda de una inteligencia artificial… al menos hasta que Skynet nos domine y sea la máxima responsable del nacimiento de toda máquina sobre la faz de la Tierra.

Fragmento de la obra de Broad comparado con el fragmento de la película original de Ridley Scott

 

[1] El deep learning forma parte del Aprendizaje automático, rama de la inteligencia artificial. El Aprendizaje automático consiste en un “conjunto de técnicas, métodos y sus implementaciones algorítmicas capaces de aprender y mejorar su eficacia a través de la experiencia” – Adrián Sánchez Morales, 2014.

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