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Ni el arzobispo se traga eso de que a Puebla la trazaron los ángeles. La ciudad actual es en gran medida el caótico resultado de intereses de empresas transnacionales, turbios especuladores y codiciosos “emprendedores” inmobiliarios en connivencia con la “clase política”, que brinca con gimnástica agilidad de la función pública a la iniciativa privada sin que aquí nadie arquee una ceja. 

Desde Klastos te proponemos cuatro momentos para ayudarte a descifrar la configuración urbana de la Puebla en la que te ha tocado vivir. 

El motor de la Historia

Si el trazado del ferrocarril fue para Puebla clave para su configuración como enclave de la industria textil desde finales del siglo XIX, a partir de 1962 las cosas comenzaron a cambiar con la apertura de la Autopista a México (Carretera Federal 150D), que dio pie a un profundo proceso de reconfiguración en la geografía económica del Valle de Puebla. 

¡Abran pista que vienen los alemanes! La autopista a Puebla, 1962, y Planta de Voslkwagen, 1964. Montaje Klastos

Tras su inauguración, el sector automotriz llegó inmediatamente con la armadora de Volkswagen (1964) y a su estela  la enorme planta de Hojalata y Lámina S.A. (Hylsa), que arribó en 1968 y la petroquímica de Texmelucan (1968). La reconfiguración de la geografía económica ha estado asociada con VW desde su llegada y, de nuevo, con la apertura de una planta en San José Chiapa por parte de su filial Audi en 2016. De hecho, facilitando su acceso desde Ciudad de México, se construyó un segundo piso sobre la autopista mentada México-Puebla de más de 15 kilómetros que se inauguró ese mismo año.

Planta de Audi, 2016, y Trazado del Arco Norte, 2006. Montaje Klastos

La infraestructura para desplazar automóviles y camiones, transportar insumos y la mano de obra ha sido crucial en este reordenamiento producido por el sector automotriz. El más reciente tramo del Arco poniente (2017), que conecta Huejotzingo con San Martín Texmelucan, y a su vez con el Arco Norte (2006), pretende ser parte de un inmenso Arco sur que conectaría con Cuernavaca y el poniente de la Ciudad de México, expropiando tierras, reordenando el territorio y transformando con fines económicos la zona.

Breve historia automotriz de Puebla. Montaje Klastos

De hecho, tres vialidades han sido cruciales para el desbordamiento de la ciudad de Puebla desde la década de 1960. Por una parte, la vía Volkswagen (aka La recta a Cholula), que se trazó en 1974, unos años después  de la llegada de la UDLA en 1970, abrió uno de los ejes para la expansión de la especulación inmobiliaria, la industria del ocio y el drástico desplazamiento de la agricultura y la propiedad colectiva de la tierra. Precisamente hacia el Poniente de Cholula, la Recta se conectó con el camino que conduciría al aeropuerto, que entró en servicio en 1985. 

Por cierto, la Ciudad Universitaria de la BUAP, otro polo de articulación urbana hacia el sur de la ciudad, en San Baltazar Campeche, que comenzó a operar a partir de 1965, fue financiada junto con la UDLA con los fondos de la fundación Mary Street Jenkins, del turbio empresario William Jenkins.

La segunda vía crucial para desbordar el entramado urbano de la ciudad fue la autopista Puebla-Atlixco (1988), que marcó el horizonte para el “desarrollo” inmobiliario hacia el sur de la ciudad, en la llamada zona de Angelópolis, mediante la conflictiva expropiación de tierras ejidales de San Andrés Cholula y que propiciará el auge de toda una zona de hospitales y universidades privadas, de residenciales de lujo e inversiones multimillonarias del estado (como el CIS o el MIB) durante más de 30 años. 

La luna de miel en el matrimonio entre infraestructura automotriz y cultural, 2016. Fotografía: archivo Klastos

Finalmente, la tercera vialidad, que articula, conecta y acota estos dos ejes (Cholula y la Atlixcayotl), es el Anillo periférico ecológico (1994-1999), que forma parte de un plan mucho más ambicioso, el de Desarrollo Regional Angelópolis (véase más abajo “Angelitos especuladores”).

Toda esta red vial fue crucial para desplazar poco a poco pero irreversiblemente el sistema productivo agrícola y textil, que había predominado en Puebla hasta el último tercio del siglo XX y que entonces comenzó a virar hacia la industria automotriz e inmobiliaria

Una mina en el centro histórico

La noche del 28 de octubre de 1973 es una fecha sangrienta en la historia reciente de la ciudad: a los vendedores apostados alrededor del Mercado de la Victoria los golpean y sacan de las calles los granaderos, usando maquinaria y automóviles para desplazarlos. A la fecha, no se sabe el número exacto de muertos. Poco más de una década después, el señorial Mercado de la Victoria cerró en 1986 para reabrir posteriormente en 1994, ahora como un centro comercial cedido en comodato a la Fundación Amparo. 

La expulsión de los vendedores ambulantes del centro de la ciudad puede entenderse como parte de un proceso para hacer más eficiente la infraestructura urbana a la par que llevar a cabo un blanqueamiento de la zona histórica. Por una parte, a lo largo de la década de 1980 se abrirán nuevos mercados, Hidalgo, Independencia, Zaragoza, Zapata, para reubicar a los vendedores ambulantes y se abrirá la Central de Abastos (1988). Otro movimiento clave será sacar las rutas foráneas del transporte público del centro y para eso se creará la central camionera (CAPU) en 1988.

Mercado de la Victoria hecho centro comercial, Mercado I. Zaragoza, Central de abastos y CAPU. Montaje Klastos

El “rescate” del centro tendrá un punto de inflexión con la Declaratoria de casi 7 kilómetros cuadrados de la zona histórica de Puebla como patrimonio de la UNESCO en 1987. Esta declaratoria significó, paradójicamente, con el paso del tiempo una carta blanca para el estado de excepción. En nombre del patrimonio y su “preservación”, se expropiará, planificará y pretenderá explotar el centro de la ciudad.

Sin ir muy lejos, en esa tónica, en 2017 se aplicó desde el Ayuntamiento el Programa de artistas urbanos (PAU) y para ello se citaba el Plan Municipal de Desarrollo y se hacía referencia al Centro Histórico Revitalizado para alegar que este programa apoyaba  la “[r]ecuperación integral de espacios públicos subutilizados del Centro Histórico, mediante actividades recreativas y culturales.” 

Subutilizado para el PAU quería decir, claro, que no producía capital. Así que para hacer rentable el “centro subutilizado”, se acotaron 13 espacios donde los artistas (registrados, aprobados y cuota pagada al Ayuntamiento) harían de la ciudad un dispositivo de producción de capital mediante el trabajo artístico precarizado. 

Los 13 espacios subutilizados que proponía el Programa de artistas urbanos, 2017. Archivo Klastos

El resultado: la conversión del centro en un mall de día o lo que Alma Cardoso ha denominado una industria cultural a cielo abiertodonde el patrimonio funciona en una lógica fundamentalmente productivista.

Todo esto ha conducido a la paulatina conversión del centro de Puebla en una escenografía comercial y turística, como atestigua su despoblamiento: en 1978 vivían 350,000 personas y para 2010, según refleja el INEGI, el centro apenas alcanza las  41, 443.

En ese proceso, tanto el centro entendido como mall al aire libre o cerrado y vigilado (el primer paso lo dio el ya Mercado de la Victoria en 1994), empiezan a aparecer “centros comerciales” para sustraer la actividad económica no regulada de esa zona de la ciudad y llevarla a espacios cercados e hipervigilados. 

Así, junto a la inauguración de la pionera Plaza Dorada (1979), en la esquina del Boulevard 5 de mayo, bajo el que corre el Río de San Francisco, entubado y sobre el que se trazó esa vialidad en 1973, y el centro comercial Angelópolis en 1998, ambos epicentros de la lógica de consumo del mall, aparecerán muchos otros, entre ellos el polémico Paseo de San Francisco (2005), fruto de las expropiaciones del gobernador Manuel Bartlett en la década de 1990, que se localizó a unas cuantas calles del zócalo de la ciudad y se pregona como “el verdadero centro de Puebla”. 

Centro comercial Angelópolis, construido por el despacho de arquitectos de Sordo Madaleno, 1999, y Paseo San Francisco, “el verdadero centro de Puebla”. Montaje Klastos

Angelitos especuladores

Fue precisamente en la década de 1990 cuando se llevó a cabo la más ambiciosa y drástica reordenación del territorio en el estado, que se ha ido revelando vital para los intereses inmobiliarios de los empresarios locales e inversores foráneos. Los textileros y molineros locales se revelarían como hábiles “promotores inmobiliarios”, baste citar el caso del Grupo Proyecta, la empresa detrás de Lomas de Angelópolis.

De Salinas avalando el Plan de Desarrollo Regional Angelópolis de Bartlett (julio de 1993) a la publicidad de “Mi casa en Lomas” y las obras de expansión en Cacalotepec. Imágenes de Lado B y montaje Klastos

Para eso necesitaron que en 1993 el entonces gobernador Manuel Bartlett y el presidente Salinas de Gortari presentaran el Plan de Desarrollo Regional Angelópolis que implicaba 1) el reordenamiento territorial para el crecimiento de la ciudad; 2) la administración de los recursos hidrológicos; 3) la construcción de una red vial, el Anillo periférico ecológico; crucialmente, 4) la declaratoria de la Reserva territorial Atlixcáyotl-Quetzalcóatl (de más de 1,081 hectáreas expropiadas desde 1992), que es  la actualmente denominada “zona de Angelópolis”; 5) y, el Programa parcial de desarrollo urbano, mejoramiento e integración del Paseo del Río de San Francisco (1994), que planteaba una expropiación de 27 cuadras junto al mencionado Paseo y que generó especialmente en 1997 una serie de resistencias ciudadanas por parte de la Unión de Barrios y Puebla Tradicional, A.C. contra el proceso expropiatorio y de especulación que significaba.

Contra la intervención municipal en el centro histórico de Puebla. Fanzine del Frente Rockero, 1994

De hecho, las ruinas de la industria textil se convierten en espacios codiciados por su extensión y ubicación para el renovado imaginario de expansión urbana. Si primero fue la red de fábricas sobre las que se construyeron el centro de convenciones y el centro comercial Paseo de San Francisco, en 2001 el gobierno del estado puso sus manos sobre la fábrica La Constancia mexicana. En 2006 presentó en ella una iniciativa para convertirla temporalmente en un espacio de arte contemporáneo con el financiamiento de empresarios locales: Plataforma 2006. Aunque la fábrica estaba incluida en la lista tentativa del World Heritage de la UNESCO, la solicitud fue retirada en 2013 para cobijar una serie de museos y ser cedida para el uso de la turbia Fundación Azteca del Grupo Salinas.

¡El arte al rescate! Imagen de Plataforma 2006 en la antigua fábrica téxtil La Constancia Mexicana, y campaña del gobierno del estado de Puebla sobre el antes y el después de La Constancia. Montaje Klastos

La devaluación del peso en 1994 y la inesperada victoria del PAN en las elecciones a presidente municipal en 1996 frenaron los planes de Bartlett, que resultaron básicamente en un centro comercial, el mentado mall de Angelópolis, un centro de convenciones dedicado a William O. Jenkins sobre el espacio de antiguas fábricas textiles (1999), ambos diseñados por el arquitecto consentido, Sordo Madaleno, el periférico a medias (1994-1999) y toda una reserva territorial que los siguientes gobernadores y “emprendedores” explotarían a su conveniencia desde entonces y hasta ahora.

Imágenes de la autocelebración de la infraestructura poblana: carro alegórico (2016) y Parque Paseo de los Gigantes (2017). Archivo y montaje Klastos

A espiar, que ahora somos digitales

Desde 2011, junto a la inversión en carreteras, puentes y edificios gubernamentales, se produjo una clara apuesta por crear infraestructura de ocio y cultura para atraer las chequeras del turismo internacional: carriles bici, “parques lineales”, norias y museos a la cabeza de todo esto. 

En sintonía con la infatuación global con la economía naranja (es decir, cómo hacer dinero con la cultura de los otros y a cuenta de las precarizadas productoras artísticas), la ciudad se ha querido convertir en una cuenca de donde extraer valor económico con el pretexto de impulsar la cultura.

Matrimonio automotriz-cultural de Puebla. Montaje Klastos

En esta lógica, hay un nuevo proceso definitorio en marcha: la digitalización de la experiencia urbana, que requerirá de una renovada red de infraestructura para controlar y regular los flujos de información. En esa dirección de desobjetualización de la economía cabe entender la apuesta por que Puebla fuera reconocida como “capital internacional del diseño” por la UNESCO en 2015 y, sobre todo, el interés gubernamental por asociar la ciudad con la idea de Smart City o ciudad inteligente.

Captura de pantalla de los aliados de la edición 2019 del SmartCity Expo Latam Congress. Tomada de: https://smartcityexpolatam.com/partners

Sin embargo, la Puebla digital, más allá de proyecciones multimedia, semáforos inteligentes, 3D mappings sobre la fachada de la catedral y apps para reservar restaurantes, hace rato que dejó claras sus intenciones: espiar y extraer información de adversarios y convertir a los ciudadanos en proveedores de big data.

 

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