Tetas en rebeldía

Tetas en rebeldía

Los pechos han sido fetiche, alimento, representación de lo sagrado femenino, símbolo de libertad. Son poderosos mensajes políticos, y por supuesto, forman parte de una sexualidad no domesticada, una que se resignifica desde nuevas representaciones

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María Teresa Juárez

@tuyteresa

Durante años, he conversado con mujeres de distintas edades, latitudes y culturas sobre un tema: los pechos y sus múltiples representaciones.

No es lo mismo hablar de las tetas del porno, que de las tetas lactantes. Las primeras han sido diseñadas para una industria que complace al ojo masculino, a través de dispositivos eróticos previamente acordados por el patriarcado. Beatriz Preciado le llama a esto “la pedagogía del follar”, es decir, el porno como hegemonía que dicta los cánones estéticos y eróticos de lo que se considera “femenino”.

Las segundas han sido criticadas. Es sabido que en México se ha censurado la lactancia materna en espacios públicos. Para algunos grupos sociales resulta escandaloso ver pechos libres amamantando. ¡¿Por qué?! Estudiosas de la maternidad voluntaria piensan que resulta tremendamente incómodo porque no son tetas al servicio del ojo dominante.

Durante siglos, la leche materna no tuvo sustituto. De ahí la importancia de las mujeres lactantes como portadoras del alimento esencial. Comunidades enteras amamantaban colectivamente como una forma de protección y cobijo.

Se sabe que en contextos de crisis alimentaria, la lactancia materna es una de las alternativas más eficientes para mantener con vida a los pequeños. En otros momentos la lactancia formó parte de la actividad económica remunerada para mujeres que se empleaban como nodrizas.

Más tarde -entrado el siglo veinte- la industria de la alimentación combatió la lactancia materna, para introducir la leche de fórmula en sanatorios públicos y privados.

¿Cuál es la diferencia entre estas tres tetas?: La teta porno, la teta lactante y la teta de movimientos como Femen o la Marea Verde.

Desde el feminismo, se gesta un movimiento que reivindica la lactancia como un acto radical frente a la sociedad de consumo. La Teta Lactante se transforma en resistencia ante el modelo capitalista de consumo.

Ahora pensemos en las tetas que hemos visto en las marchas feministas de los últimos tiempos en Argentina, México o Europa con el movimiento Femen. Acá, los pechos se transforman en acción política. Dejan de ser un fetiche erótico para transformarse en un lienzo de lucha. En estos contextos, las tetas se convierten en un símbolo de desobediencia.

¿Cuál es la diferencia entre estas tres tetas?: La teta porno, la teta lactante y la teta de movimientos como Femen o la Marea Verde.

Sin duda, las dos últimas se han convertido en poderosos mensajes políticos, y por supuesto, forman parte de una sexualidad no domesticada, una que se resignifica desde nuevas representaciones.

En todos los tiempos y en todas las culturas, los pechos han sido fetiche, alimento, representación de lo sagrado femenino, símbolo de libertad y, también, prohibición y pecado.

Tan importantes son los pechos que nuestra galaxia se llama: La Vía Láctea, significa “Camino de leche”.

Octubre es el mes dedicado a la prevención del cáncer mamario. Y aunque en términos generales sabemos cómo realizar la autoexploración mamaria y conocemos algunos factores de riesgo, la medicina preventiva no ha podido frenar su incidencia. Ésta es otra gran vertiente: las tetas vistas desde la medicina.

A propósito de la Teta Política, cómo olvidar a Deena Metzger quien en los años 70 se hizo una fotografía con la huella de la mastectomía a causa del cáncer mamario.

Escribe Deena:

 “Ya no tengo miedo a los espejos donde veo el signo del Amazonas, aquel que dispara flechas. 

Había una línea fina en mi pecho donde entró un cuchillo, pero ahora una rama serpentea alrededor de la cicatriz y viaja desde el brazo al corazón. 

Las hojas verdes cubren la rama, las uvas cuelgan allí y aparece un pájaro. Lo que crece en mí ahora es vital y no me causa daño. Creo que el pájaro está cantando. 

He renunciado a algunas de las cicatrices. He diseñado mi pecho con cuidado dado a un manuscrito iluminado. 

Ya no me avergüenzo de hacer el amor. El amor es una batalla que puedo ganar. Tengo un cuerpo de guerrero que no mata ni hiere. 

En el libro de mi cuerpo, tengo permanentemente inscrito un árbol “. 

Sirva este mes para recordarnos la trascendencia de nuestros pechos en la historia universal o, como diría una gran amiga: dar cuenta de cómo “¡las tetas siguen moviendo al mundo!”.

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