Pensar como una montaña: la piedra fundamental para el arte

Pensar como una montaña: la piedra fundamental para el arte

Foto: Museo Amparo
María José Andrade Gabiño

@MajoAg23

La piedra es un material primigenio. Y a partir de la intervención de su presencia en la naturaleza, comenzamos a construir como especie. No solo casas, herramientas, armas, sino también deidades, arte e historias de fundamento social: Sísifo subiendo una por la ladera del inframundo como castigo; Simón rebautizado como Pedro porque sería la piedra en la que se fundaría la Iglesia católica; una espada insertada en una roca que daría el derecho de reinar… Historias cuyos remanentes son claros, no solo en el hecho de que siga existiendo un Papa católico, sino en que en cada inicio de construcción se pone una “primera piedra”. 

La piedra es vestigio. Podemos pensar en Stonehenge, en los monolitos alineados de Carnac, las cabezas olmecas, los moai en la Isla de Pascua, pero también en las rocas comunes, de río, de volcán, todas aquellas que son pruebas del paso del tiempo, la erosión, la evolución de las especies. 

Pensar como una montaña, exposición en el Museo Amparo del artista jalicience José Dávila, es un homenaje a la piedra

Entre instalaciones y pinturas que fueron realizadas especialmente para el Museo Amparo, estas formaciones minerales se vuelven las protagonistas de las salas que abarca la exposición. Rocas en bruto, pero también otras que han sido trabajadas: mármol y granito, así como las creadas por el hombre: el concreto.

Foto: Museo Amparo

Los posibles paisajes líticos

La primera impresión de las instalaciones de la exposición es que son paisajes. Entre vidrios, esferas y las piedras, pedacería de mármol, placas de granito y pedestales de concreto, se evidencia una intención de crear escenas geométricas, donde el conjunto de los materiales utilizados configuran paisajes posibles gracias a los distintos tipos de rocas. 

A pesar de la simetría evidente, los paisajes parecen realizarse desde la ecología de la materia, al pensar su relación con el ambiente –espacio– como “seres vivos”. Elemento que se expresa desde el título de la exposición “Pensar como una montaña”, mismo que, en la inauguración, el artista señaló es una cita de Aldo Leopold, ambientalista estadounidense. El acercamiento ecológico es lo que hace a los objetos personajes; la piedra es protagonista. A partir de ellos se piensa y se constituyen las instalaciones, desde sus pulsiones y posibles ordenamientos. 

De esta forma, se crean los paisajes líticos de la exposición. Una especie de momentos capturados donde se tensiona el material y la intención del artista. El más obvio está en la instalación: “El 60% de la población mundial vivirá en ciudades en el 2030”, en la que desperdicios de lajas de mármol pulido se ordenan en una especie de laberinto que parece una metrópoli llena de edificios. Y los más conceptuales estarían en las pinturas, con inspiración en el concretismo, de figuras perfectas que no se ven en su totalidad porque rebasan el lienzo: “Paisaje metafísico” y “Divisiones de espacio interno”.

Sin embargo, el paisaje más interesante, donde se tensiona lo natural y lo artificial para configurar una escena, es el de “Es en nosotros donde los paisajes tienen paisaje”.

El título de esta instalación es una cita de El libro del desasosiego de Fernando Pessoa, lo cual también representa una característica del trabajo de José Dávila: su relación con lo literario. Más allá de los títulos que son citas directas y los textos que acompañan las salas, las obras del artista emulan al imagismo literario, especialmente el estadounidense, donde se renuncia a la narración y se opta por construir paisajes. Así, los elementos, tanto las palabras como lo que designan –en esta caso las piedras y los demás materiales–, se vuelven protagonistas que a su vez dejan que el lector (espectador) decida sus relaciones, evocaciones y lugares en su propio imaginario, donde se vuelven paisaje.  

“Es en nosotros donde los paisajes tienen paisaje. Por eso, si los imagino, los creo; si los creo, existen; si existen, los veo como a los otros”, Fernando Pessoa en El libro del desasosiego

Homenaje a las piedras

En el fondo de los grandes paisajes ecológicos que son las instalaciones la exposición es un tributo a las piedras.

La instalación: “La singularidad tiene algo de irreal” es el mayor homenaje. Conformada por una colección de más de una decena de rocas grandes y pesadas, cada una sobre cubos de concreto, que simulan los pedestales en los que suelen estar objetos de gran valor expuestos. Al exponerlas así, Dávila parece reivindicar la posición de la piedra en nuestro imaginario cotidiano: resalta su importancia y la revaloriza hasta el punto de exhibirlas al mismo nivel que una obra de arte. De esta manera, con las evocaciones de fundamentación social, Dávila construye, así como edifica los pedestales de concreto, un discurso central sobre el papel de estos objetos naturales en nuestra historia como especie. 

Pero también hay un guiño inusual en la instalación, pues en uno de los cubos de granito está colocada una pelota de básquetbol. En un primer momento, aparte de generar sorpresa, parece ser una referencia a las obras icónicas de Jeff Koons, quien utiliza también estas pelotas. Pero más allá, la bola naranja sobresale ante el espectador por tener una forma esférica perfecta comparada con las irregularidades de las rocas, por mantenerse en el pedestal de concreto equilibrado a diferencia de sus compañeras que están en posturas incómodas desafiando la gravedad y algunas incluso cortadas para poder mantenerse en su lugar. 

De esta manera, la pelota se vuelve una idealización de la piedra, de cómo debería ser o cómo quisiéramos que fuera para su maleabilidad, para que no causara resistencia, para que nos fuera útil sin esfuerzo. La instalación, sin duda, es un reconocimiento de las rocas, pero sin olvidar que por su naturaleza irregular, o la nuestra, siempre hay un deseo de que sean diferentes, que sean dóciles a nuestros propósitos.

El juego de las rocas con otras figuras perfectas se encuentra en muchas otras de las instalaciones. Esferas de cristal plateadas suspendidas desde el techo, pero que en realidad están sostenidas por el contrapeso de rocas; vidrios también sostenidos por ellas, pero partidas a la mitad. Así, desafiando la gravedad y posicionando la fragilidad, Dávila cuestiona las relaciones de los objetos y los materiales, sus clasificaciones entre lo natural y el artificio. Las tensiones ponen como base e inspiración de los materiales y las construcciones a la piedra, siendo el soporte último de lo creado.

Foto: Museo Amparo

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La exposición Pensar como una montaña de José Dávila estará en el Museo Amparo hasta el 16 de marzo de 2020. El trabajo de Dávila fue resultado de una investigación especial comisionada por el mismo museo y curada por Amanda de la Garza.

 

*Foto de portada: Museo Amparo

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