Las mujeres víctimas de trata con fines de explotación sexual suelen no asumirse como víctimas, pues se les ha enseñado a sentirse culpables y responsables de su situación, las que logran ser rescatadas se enfrentan a ser revictimizadas y a empleos mal pagados, por lo que corren el riesgo de volver a ser captadas para la prostitución ajena o cualquier tipo de explotación. 

Ámbar Barrera | Dafne García | María José Andrade Gabiño

@AstroBruja | @DafneBetsabe2 | @MajoAg23

Ilustraciones: Conejo Muerto

Para que Estrella se asumiera como víctima de trata tuvo que pasar más de tres meses de terapia y confinamiento en un refugio especial para víctimas. Entonces pudo admitir que Fernando, su pareja, que la había convencido de que tener relaciones sexuales con desconocidos a cambio de dinero era lo mejor para mantenerse, había sido manipulador, mentiroso y agresivo. La había utilizado. 

Poco a poco comenzó a restablecer el control sobre su vida; a pensar sobre lo que realmente quería hacer, lo que deseaba para su futuro. Decidió que quería ser chef repostera, tener una casa y vivir sola con sus hijas. Hasta ahora solo ha podido terminar la preparatoria. El poco dinero que gana trabajando en una tienda pretende ahorralo para poner un negocio con su amiga Mireya; sin embargo, no sabe cuándo juntará lo suficiente.

La historia de Estrella es la suma de dos testimonios, el de la misma ‘Estrella’ y el de ‘Luna’, del libro Pajarillo de blancas alas, una compilación de diez historias de sobrevivientes de trata atendidas por ANTHUS A.C., editado por Duermevela, y que refleja la situación a la que se enfrentan las mujeres víctimas de trata.  

El Diagnóstico Sobre la Situación de Trata de Personas en México 2019, realizado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, señala que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) atendió, de enero de 2014 al 31 de julio de 2017, a 790 víctimas de trata de personas, de las cuales 375 fueron mujeres, 398 hombres y de 17 no se posee información. 

Así como no hay cifras definitivas oficiales sobre la trata en México y Puebla, no se sabe a ciencia cierta cuántas de las víctimas han sido atendidas. Es decir, aunque las víctimas sean “rescatadas”, ya sea gracias a operativos, denuncias anónimas o porque ellas lograron por sus propios medios salirse de la red que las explotaba y acudir a las autoridades, no todas reciben atención psicológica, asesoría jurídica, albergue, refugio, manutención, capacitación, etc. 

Incluso en libertad siguen siendo mujeres invisibles .

En Puebla el Estado atiende solo cinco albergues, aunque uno dejó de funcionar en noviembre del 2017. No obstante, esos albergues no son especializados en atender víctimas de trata, pues reciben víctimas de todos los delitos, por lo que no pueden ser considerados espacios seguros y adecuados. 

En cuanto a refugios, solo hay uno especializado y pertenece a la sociedad civil, a ANTHUS A.C, donde han atendido a alrededor de 150 mujeres en seis años, algunas de Puebla pero también de otras entidades que son remitidas por la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (FEVIMTRA). 

Ilustración: Conejo Muerto

Pero las víctimas no son solo números en la cuantiosa lista de incidencia delictiva en el país. Para que alcancen una vida digna el Estado tendría que otorgar los recursos necesarios que les permita dejar de ser explotadas. Una labor que implica atender aspectos psicológicos, sociales, económicos y políticos. 

Más allá de los deberes de las autoridades, muchos de los problemas sobre la atención a personas víctimas de trata radica en que muchas veces ellas no se identifican como víctimas. 

“En un primer momento la gran mayoría dice: ‘No, no, no soy víctima’, obviamente porque es muy doloroso, están en un síndrome de indefensión aprendida, porque se sienten culpables y responsables”, explica Mitzi Cuadra Urbina, psicóloga y abogada coordinadora de prevención de ANTHUS A.C. 

El síndrome de indefensión aprendida, según explica Cuadra, es toda una construcción biopsicosocial de las mujeres en un sistema que las hace ser las víctimas perfectas, que ni siquiera se reconocen haber sido violentadas. Por un lado, se les exige ciertas cosas por su género, como la entrega y la complacencia, mientras que las condiciona a que no puedan pasar ciertos límites sexuales, sociales, laborales; y que el Estado no va a poder defenderlas de la continua violencia hacia ellas. 

De esta manera, las mujeres que son violentadas con fines de explotación sexual terminan sometiéndose y asumen que ellas consintieron vender su cuerpo y que esa es la única vía de sobrevivencia. Por ello no acuden a las autoridades, no intentan escapar y cuando son rescatadas tardan hasta tres meses en reconocer la manipulación y violencia de la que fueron víctimas.

A todo esto se suma la estigmatización social. 

“Están ahí porque quieren”, es el comentario más común sobre ellas, cuando en realidad puede ser que alguien las haya engañado y violentado de múltiples maneras para lucrar con el uso de su cuerpo. 

Para entender el fenómeno de la trata de personas, especialmente la que tiene un fin de explotación sexual, se tiene que partir de que es una forma de violencia extrema que responde a un objetivo económico: enriquecerse por medio del cuerpo de otro. 

Así, tanto tratantes como víctimas tienden a pertenecer a poblaciones marginadas, donde la desigualdad socioeconómica es infranqueable y una de las vías para intentar disminuir la brecha del poder adquisitivo es dedicarse a delinquir. 

Por lo tanto, hay una tarea triple en cuanto a la atención de víctimas: sacarlas de la culpa originada por la manipulación del tratante, de la indefensión aprendida y reinsertarlas en una sociedad que normaliza a lo que fueron sometidas.

En un primer momento la gran mayoría dice: ‘No, no, no soy víctima’, obviamente porque es muy doloroso, están en un síndrome de indefensión aprendida, porque se sienten culpables y responsables

La coordinadora de prevención de ANTHUS A.C., en entrevista para LADO B, señala que el proceso para que las personas víctimas dejen de responsabilizarse por los actos cometidos hacia ellas se compone de: desmantelar mitos relacionados con el amor romántico y del papel de las mujeres en la sociedad. De esta manera, ellas pueden identificar las manipulaciones a las que fueron sometidas y salir del discurso donde son consideradas culpables. 

No obstante, a muchas de las víctimas después del proceso de atención se les dificulta adaptarse socialmente debido a la falta de oportunidades laborales, a la baja  escolarización, o porque llevan mucho tiempo sin experiencia laboral. De modo que, aunque la asociación les brinda capacitaciones en esos aspectos, sus prospectos laborales no son muy rentables para su bienestar. 

“Cuando tú les dices: ‘Ya te conseguí este trabajo y vas a ganar 800 pesos a la semana’, claramente te dicen: ‘¿Cómo? Yo ganaba eso, más o menos, como en una hora y media, dos horas’. Y si tú le dices además que tiene que estar ahí nueve horas, sí te dice: ‘No, pues no, mejor regreso’”.

Estas situaciones de recaída al final demuestran que la trata de personas no es un problema aislado con sus propias lógicas, sino una forma más de un sistema violento de desigualdad y pobreza. 

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Trata en Puebla
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