Double pack: dos thrillers psicológicos de los que nadie está hablando (Netflix...

Double pack: dos thrillers psicológicos de los que nadie está hablando (Netflix / 2019)

Foto tomada de YouTube
Héctor Jesús Cristino Lucas

Fractured

Si hay un exponente del horror y el thriller psicológico lo suficientemente infravalorado como para pasar desapercibido dentro de la industria actual -además del fantástico James Mangold, por supuesto- ese sería nada menos que el norteamericano Brad Anderson.

Pese a que algunas de sus películas no han sido consideradas proezas cinematográficas ni por la crítica especializada ni por sus propios fanáticos, convengamos en que sí ha alcanzado un mérito distinguible dentro de la industria. Ya sea por experimentar y transmitir horrores a través de métodos poco convencionales o por armar historias tan impactantes -aunque a veces rebuscadas- que funcionan después de todo.

En el rubro del horror, Vanishing on 7th Street con una historia apocalíptica basada en las leyendas clásicas de EE. UU. e incluso en pasajes bíblicos; o con la regular Session 9 (2001) que le valió el reconocimiento mundial, a través de una interesante historia de horror que jugaba con el entorno, la atmósfera y el escenario en lugar de la violencia gráfica para transmitir un miedo insoportable.

No obstante, en el thriller psicológico, nuestro querido Brad ha conquistado la crítica de manera contundente. No es secreto que The Machinist (2005) junto a la emblemática interpretación de Christian Bale lo hayan vuelto ya un representante absoluto del subgénero.

Y aunque parezca exagerado, este cineasta continúa en el negocio de forma decente y hasta recomendable para dejar en claro que su esencia no se ha perdido del todo, sino que se mantiene y mejora tras el paso del tiempo. La maravillosa The Call (2013) junto a Halle Berry e incluso Beirut (2018) con producción de Netflix son prueba absoluta de ello.

Pero es con Fractured (2019), queridos padawans, que deberíamos empezar a considerar a Brad Anderson como un director injustamente infravalorado.

Aunque no llega al mismo nivel de genialidad que una frenética The Machinist (2009) ni mucho menos, Fractured mantiene un estilo narrativo bastante similar. Donde ciertos personajes, con pasados turbios, se verán involucrados de pronto en un misterio que parece no tener una explicación lógica, mientras juega de forma hábil con el espectador haciéndole dudar del propio equilibrio psicológico de su protagonista.

Es casi como una prima lejana de su obra póstuma que lucha por conseguir los mismos resultados. Un thriller que se construye a partir de una premisa aparentemente básica, cuyos cabos sueltos y lagunas argumentales, darán pie a un drama más complejo y angustiante una vez que el dilema por fin sea resuelto.

Y lo mejor es que las cintas de Brad Anderson no se regodean en el misterio sin respuesta como lo harían los filmes surrealistas. No son como películas de David Lynch, por ejemplo, donde la interpretación de quien las mira cumple un rol más importante que la verdad absoluta… porque no existe tal cosa. Aquí, las piezas exigen ser acomodadas cuan rompecabezas porque lo importante aguarda, de hecho, en la develación de sus enigmas.

De pronto, la cinta toma un rumbo similar a las novelas del propio Ira Levin, como Rosemary’s Babys o The Stepford Wives en donde la estabilidad mental del protagonista lucha contra la posibilidad de que todo se trate realmente de una conspiración más grande en la que muchos podrían estar involucrados.

De hecho, si pudiéramos describir a Fractured de manera más precisa, sería como una suerte de The Machinist (2005), claro, pero combinada con el agobiante trasfondo del Coma (1978) de Michael Crichton. Aquella cinta basada en la novela homónima del escritor Robin Cook que, a su vez, se inspiró en los relatos de suspenso de Ira Levin solo que sustituyendo el elemento fantástico de los cultos satánicos por algo más de carácter criminal, como lo sería una organización involucrada en el ámbito hospitalario.

Cualquiera que ame el suspenso a la vieja escuela, muy a lo Ira Levin o Michael Crichton, esta película es casi como una cita obligada. La resolución, aunque un tanto exagerada, cuaja y termina convenciendo lo suficiente pese a tantas vueltas de tuerca. Brad Anderson sigue teniendo ese toque único a la hora de construir thrillers psicológicos. ¡Imperdible!

Sinopsis:

“Después de que su esposa y su hija herida desaparecen de la sala de emergencias, un hombre se convence de que el hospital está ocultando algo.”

 

Wounds

Ahora vayamos con una película que me ha dejado tremendamente sorprendido. Será porque es una obra salida directamente de Netflix y Hulu, o porque se piensa erróneamente que las mejores cintas de terror son las que siempre llegan a las salas de cine… pero enserio, no entiendo por qué nadie está hablando de ella.

Wounds es el segundo largometraje del cineasta británico/iraní Babak Anvari, reconocido principalmente por su fantástica ópera prima Under the Shadow (2016) cuya historia de fantasmas ambientada en un conflictivo Irán terminó encantando a propios y extraños.

No obstante, es con esta reciente película, aunque suene a exageración, que deberíamos empezar a considerarlo ya como una potente promesa dentro del género. Wounds es casi como una joya perdida e ignorada por el inmenso mar de estrenos de temporada que auguro en algún momento terminará siendo una irremediable cinta de culto.

Para empezar, he de aclararles que no se trata de la típica historia de terror con fantasmas y asesinos, que no te engañe su trama o sus molestos tráilers. De hecho, es particular la forma en cómo este director plantea cada una de sus películas para transformarlas después en auténticas “muñecas rusas”. Con un argumento oculto tras otro del que parece no tener un fin claro ni conciso.

El arranque es más propio de una cinta episódica, sencilla pero directa, que no teme presentarte ni su argumento ni a sus personajes centrales en un mismo escenario. Casi como salido de un capítulo de Alfred Hitchcock Presents o la The Twilight Zone, por ejemplo.

Anvari maneja la tensión y el contexto de manera ambigua. Es como si la película comenzara directamente desde el clímax, con el único fin de atacar a través del desconocimiento de su audiencia. Porque, aunque sabes que algo malo va a pasar… simplemente no pasa. Y esto se repite constantemente durante el transcurso de la cinta.

Luego de una extrañísima primera escena, la trama se toma su tiempo para aclarar exactamente qué rayos va a contarte mientras juega contigo. Y eso, lejos de ser un punto negativo, resulta tremendamente ingenioso.

De hecho, si tuviera que describir a Wounds de una manera más gráfica, sería como una suerte de brújula averiada cuya aguja no deja de girar mientras intentas buscar el camino correcto.

Pero no te dejes engañar, tampoco es que se trate de una película pretenciosa haciéndose la interesante. La incertidumbre de esperar sin que nada pase crece para bien; la ambigüedad aderezada con ciertos simbolismos, entre los cultos o las sectas secretas, la vuelven una cinta más cercana a la literatura de Lovecraft; y el embrollo psicológico -ese maldito toque de delirio inquietante- hacen de sus giros algo enfermizamente impredecible.

Hace mucho que no veía una cinta de terror de este tipo. Cercana por momentos a los grotescos inicios de un David Cronenberg, pero también a los intensos thrillers de un portentoso Adrian Lyne. Una extraña combinación entre Videodrome (1983) y su extraña tesis de la manipulación mediante el uso de la tecnología, con el subversivo Jacob’s Ladder (1990) y esa eterna lucha -simbólica o no- contra los “demonios internos”.

Sí, me parece que Wounds bebe más de la cinta de Lyne que de otras películas actuales, pero sin llegar al plagio ni mucho menos. La trama no solo te hace dudar de la mentalidad del protagonista con ese espeluznante recurso de las alucinaciones sacadas de una pesadilla lovecraftiana; también insinúa que tal vez todo lo que estamos presenciando puede llegar a ser real…

Es la épica premisa con la que está manufacturada Jacob’s Ladder, ¿lo recuerdan?:

“Si tienes miedo de morir y te estás resistiendo verás diablos arrancándote la vida, pero si estás en paz los diablos se volverán ángeles que te liberen de la tierra. Es la forma en que lo mires, eso es todo.”

No obstante, lo mejor de esta película es que cuenta con un elenco de primera. Por un lado, tenemos a Dakota Johnson -mejor conocida como Anastasia Steele de la franquicia Fifty Shades of Grey– y por el otro, a Armie Hammer -de Hotel Mumbai o Call Me by Your Name– dedicados a transformar una potencial cinta de serie B del montón en un auténtico drama de lo más creíble.  Incluso la actriz Zazie Beetz -que vimos recientemente en la cinta Joker (2019)- tiene una participación de lo más espectacular. Para enmarcar y colgar.

Queridos padawans; audiencia fiel de toda la vida… aunque la crítica ya la haya destrozado y exista quien no la soporte por ser tan “confusa”, convengamos que está construida en la misma tradición de estos filmes de horror psicológico en donde el encanto radica, precisamente, en su misterio y ambigüedad. Y eso no es ningún error del guión ni mucho menos. Es su maldita ontología.

Pequeña, extraña y especial. Se hablará de ella en algún futuro como una cinta de culto. ¡Recomendable solo para cinemaniacos!

Sinopsis:

“Eventos inquietantes y misteriosos comienzan a sucederle a un cantinero en Nueva Orleans después de que se lleva a su casa un teléfono celular que alguien dejó olvidado en su bar.”

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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