«¿Soy acaso negra?”: exposición Africamericanos en el Museo Amparo

«¿Soy acaso negra?”: exposición Africamericanos en el Museo Amparo

El Museo Amparo alberga la exposición temporal Africamericanos, parte de un proyecto que pretende visibilizar el legado sociocultural de africanos en América Latina y cuestionar las razones por las que la raíz africana se niega históricamente,

Foto: Museo Amparo
María José Andrade Gabiño
@MajoAg23

Tenía siete años apenas,

¡Qué siete años!

¡No llegaba a cinco siquiera!

De pronto unas voces en la calle

me gritaron ¡Negra!

Desde el inicio del recorrido de Africamericanos, exposición temporal en el Museo Amparo, se escucha una canción, apenas como un susurro, que se va intensificando mientras se avanza entre fotos, objetos, instalaciones, pinturas, proyecciones, videos, libros… Obras que se vuelven ventanas a realidades que conviven y comparten antepasados con las nuestras, pero nos hemos negado a ver. 

¿Soy acaso negra?, me dije

¡SÍ!

¿Qué cosa es ser negra?

¡Negra!

Cuando alguien dice “madre patria” en México, la mayoría pensamos en la cultura española. Cientos de años de historiografía blanqueada así nos lo han enseñado. Pero ¿qué hay de las otras madres patrias? Algunos sí llegan a contestar Maya, Nahua, Huasteca, Yaqui, Wixárika, Rarámuri, etc. Un reconocimiento muy específico de algunas comunidades, que algunos solo reconocen para lucir artesanías o porque se han interesado en revertir la marginación de esas regiones indígenas. 

Pero hay otra madre patria en México, una que no solo fue blanqueada, sino exiliada por completo de la estructura social, económica y política, y de imaginarios culturales hasta hace muy poco: África.

Aunque se calcula que más del 1.1% de la población en México es afrodescendiente (INEGI), las realidades de esas comunidades, tanto su cultura como sus problemas, no han sido estudiados y muy pocos mexicanos reconocen la ascendencia africana. 

En ese contexto se instala la exposición Africamericanos, que se encuentra en el Museo Amparo hasta el 13 de enero de 2020. 

Y yo no sabía la triste verdad que aquello escondía.

¡Negra!

Y me sentí negra,

¡Negra!

Como ellos decían

¡Negra!

Y retrocedí

¡Negra!

Como ellos querían

¡Negra!

La curaduría es del catalán Claudi Carreras. Quien hace unos cuatro años decidió comenzar a indagar sobre las raíces africanas de América Latina, porque mucho se sabe de Estados Unidos, pero poco del resto del continente. Junto con más investigadores y artistas, hace un año, expuso en el Centro Mexicano de la Imagen y armó el proyecto transmedia que es Africamericanos. 

Se define como transmedia porque no solo contempla la exhibición de ciertas obras que tengan relación con lo afro, sino que también conlleven una investigación sobre las culturas, difusión de ellas y producción de obras artísticas a partir de lo investigado. Por ello, algunas de las obras expuestas son de artistas que ya habían trabajado el tema desde hace algunos años y otros que fueron comisionados para generar productos visuales. 

Para lograr todos estos aspectos del proyecto han realizado un catálogo digital y han aplicado a diferentes becas para que se impartan talleres, conferencias y exposiciones en comunidades afrodescendientes –como una manera de retribución y de seguir documentando sus culturas– y en lugares que, en general, están lejos de los canales institucionales del arte.

Y odié mis cabellos y mis labios gruesos

y miré apenada mi carne tostada

Y retrocedí

¡Negra!

Y retrocedí…

La museografía está pensada con un recorrido geográfico. Empezando con México y siguiendo con Costa Rica, Panamá, Haití, Cuba, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Argentina. La apertura de la exposición es una fotografía de la mexicana Mara Sánchez Romero: un barco de papel blanco sobre agua; el paisaje es nocturno y a lo lejos se ve una orilla llena de árboles. Un barco que remite al viaje que lo inició todo: el primer cargamento de personas esclavizadas.

Durante todo el proceso colonial, europeos trajeron a América millones de africanos para esclavizarlos. Los capturaban, los trasladaban y vendían en las costas del Atlántico y después en el Pacífico; los explotaban, maltrataban, asesinaban y, también, tuvieron descendencia con ellos. 

Las obras, en su mayoría fotografías pero también instalaciones, esculturas, pinturas, serigrafías, cuentan historias de comunidades completas, de individuos, de decenas de culturas africanas que llegaron a América para quedarse y mezclarse. 

La exposición también es un recorrido histórico, pero no uno tradicional. Se comprende como una versión historiográfica de lo que fue callado: constantes violaciones de derechos humanos que nadie ha querido sanar, reparar y que incluso se perpetúan. También es un estudio antropológico desde el arte sobre las culturas que perviven más allá de la periferia: en lugares que simplemente fueron negados pero resistieron en esa invisibilidad.

Foto: Museo Amparo

En México, fue hasta el 2015 el INEGI comenzó a contemplar a los “afromexicanos” dentro de los censos; por fin, en el país hubo un término que pudieran escoger personas que no se identificaran como mestizos o indígenas. En abril de 2019, el Senado de la República aprobó que la Constitución fuera modificada y se reconociera a los afromexicanos como un pueblo originario.

Aunque legalmente la visibilización apenas comienza, Africamericanos ya muestra las múltiples realidades, tanto hermosas como terribles. 

Se pueden ver fotografías de la marginación en pueblos de la Costa Chica de Guerrero, las tradiciones de Corpus Christi en Venezuela, los mitos sobre estrellas en Mascarilla, Ecuador, registros de la entrada de africanos esclavizados a Argentina… Realidades poderosas por lo conmovedoras que pueden ser, pues el espectador se puede dar cuenta de que todas esas personas afrodescendientes siempre han estado ahí y hemos decidido mirar hacia otro lado. Tal vez el título de las fotografías de comunidades en Oaxaca y Guerrero del mexicano Yael Martínez es el reconocimiento más acertado: Su sangre en mi sangre. 

¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!

Y pasaba el tiempo,

y siempre amargada

Seguía llevando a mi espalda

mi pesada carga

¡Y cómo pesaba!…

Pero las resistencias tienen aristas, momentos grises en que se abruman con lo impuesto, con las normas. Las obras a veces son gritos de personas que no están seguras de sus lugares en el mundo o cuestionan las identidades impuestas, ya sean por el color de su piel, la religión, o por roles e identidad de género, etc. 

Como la obra del costarricense Marton Robinson, que hizo serigrafías de él mismo con sangre y semen que con el tiempo cambian de color; una instalación donde se proyecta la imagen de él intercalada imágenes de un hombre esclavizado en la misma postura; y esculturas del rostro de Jesucristo medio cubiertas con máscaras de látex de Memín Pinguín. 

Foto: Museo Amparo

O las fotografías de la vida nocturna de personas queer en Haití que expone Josué Azor quien, saliéndose de las narrativas comunes de pobreza y marginación de la isla caribeña, muestra la opresión y transgresión de identidades de género.

En las primeras salas de la exposición un murmullo acompaña: 

¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!

¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra!

¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!

¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!

Las obras de la exposición tanto exponen las resistencias como denuncian la violencia. 

Carolina Navas, por ejemplo, fotografió a jóvenes de comunidades afrocolombianas que están expuestas al narcotráfico. Todos son retratos de varones que miran directamente a la cámara mientras se ve la marginación detrás de ellos; sus expresiones son casi un desafío y un reclamo.  

Foto: Museo Amparo

Completamente diferente, Liliana Angulo también hace un archivo fotográfico de Colombia, pero enfocado en los peinados trenzados de los afrodescendientes. Una tradición que parece remontarse a una forma de trazar rutas de escape para los esclavizados sin ser detectados y ocultar semillas entre los cabellos para no morir de hambre. 

El murmullo que se escucha en la exposición es una canción que aumenta de volumen hacia la mitad del recorrido.

Me alacié el cabello,

me polveé la cara,

y entre mis entrañas siempre resonaba la misma palabra

¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!

¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra!

En una sala de luz roja está la obra “Kalabongó” –Luciérnaga– del colombiano Jorge Panchoaga. Narra la historia del primer pueblo afrodescendiente libre en América, San Basilio de Palenque, fundado por cimarrones –africanos esclavizados que huyeron de plantaciones–. Un lugar de histórica resistencia, un rincón de África en la selva colombiana, cuyos habitantes fueron asediados por haber escapado y ahora lo siguen siendo por resistirse a megaproyectos de extracción de recursos. 

La canción de la peruana Victoria Santa Cruz lo invade todo en la siguiente sala, mientras se proyecta el video de ella y su grupo teatral cantando: 

De hoy en adelante no quiero

alaciar mi cabello

No quiero

Y voy a reírme de aquellos,

que por evitar –según ellos–,

que por evitarnos algún sinsabor

llaman a los negros gente de color

¡Y de qué color!

NEGRO

¡Y qué lindo suena!

NEGRO

¡Y qué ritmo tiene!

La exposición llega a ser invasiva y abrumadora, pues mientras que la canción Me gritaron negra se repite continuamente y se escucha desde casi todas las salas, la mayoría de las obras apelan directamente a los espectadores. Se señalan nuestros prejuicios e ignorancia al nombrar las realidades y mostrarlas. Las salas del Museo Amparo se vuelven no solo gritos pidiendo justicia, sino muestras del racismo en toda América. 

Tal vez las obras que remiten más a nuestro contexto, de redes sociales y extra conectividad, son las de la artista Angélica Dass

Foto: Museo Amparo

Una es “280 Chibatadas” que está compuesta por fotos de su familia e infancia mezcladas con tuits racistas de personas en Brasil, el país con más de 50% de su población afrodescendiente, donde se pueden leer cosas como: “Me gusta mucho la gente negra, una pena que ya no se puedan comprar”; “No soy racista, pero hay personas a las que un tiro no les vendría mal”; y, “No soy racista, solo separo: blancos para un lado, negros para el otro”. 

La otra es “Humanae”. Un proyecto de retratos de personas donde la artista, Dass, ilumina los fondos según su tono de piel y los relaciona con el registro PANTONE. Una muestra de que los “colores carnes” no pueden ser limitados, y de lo absurdo que es el discurso de las razas por color de piel –blanca, negra, roja o amarilla–.

El proyecto Africamericanos es una propuesta contra el blanqueamiento de la historia, una resistencia a la centralización en Europa. La exposición presenta la importancia de que veamos, reconozcamos y vivamos una América africana.

Y bendigo al cielo porque quiso Dios

que negro azabache fuese mi color

Y ya comprendí

AL FIN

¡Ya tengo la llave!

NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO

NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO

NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO

NEGRO NEGRO

¡Negra soy!

La exposición Africamericanos estará en el Museo Amparo hasta el 13 de enero de 2020. Se realizarán algunas actividades en torno a ella. La próxima semana habrá dos conferencias con Angélica Dass: “La fotografía como una herramienta para generar empatía” (23 octubre a las 18 hrs) y “Taller para maestros. Humanae, work in progress” (23 de octubre a las 10 hrs). En diciembre también se llevará a cabo un ciclo de cine. 

*Foto de portada: Museo Amparo

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