¿Para qué una cultura de la paz y una ética del cuidado?

¿Para qué una cultura de la paz y una ética del cuidado?

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Nora E. Guajardo Santos

“Puesto que las guerras nacen en la mente

de los hombres, es en la mente de los hombres

donde deben erigirse los baluartes de la paz”.

Constitución de la UNESCO, 1945.

 

El tema de la Campaña Universitaria 2019 en nuestra institución es: Ética del Cuidado: Diversidad y Cultura de la Paz, que tiene como objetivo “aprovechar y generar espacios para reconocer la situación por la que atraviesa nuestro entorno y el mundo con respecto a la violencia, la intolerancia y, en especial, la falta de cuidado. Por lo tanto, debatir y construir alternativas para que la comunidad universitaria, así como la sociedad, podamos vivenciar el cuidado y celebrar la diversidad, por medio de fomentar la inclusión y una cultura de paz”.

La cuestión es, cómo construir alternativas para generar una cultura de la paz en un ambiente en donde se respira violencia, corrupción, delincuencia; en donde la constante son los actos criminales, la discriminación, la desesperanza total; en un mundo lastimado y dolido en donde se privilegia la injusticia, la desigualdad, la pobreza y el miedo. No serán desalentadores tantos esfuerzos por construir paz en medio de tanta violencia. ¿Hacia a dónde vamos?, ¿hemos perdido el rumbo?, ¿hay una brújula que pueda orientar nuestro destino hacia caminos de paz? ¿Cómo caminar hacia una cultura de la paz?

Cuando se habla de una cultura de paz, saltan a la vista imágenes de guerras y de conflictos que llevan a pensar si es posible caminar hacia este tipo de cultura. Si estamos buscando generar una cultura de paz, es porque hay un estado de guerra, de violencia que hace que imaginemos un ambiente armónico. Pero, a todo esto, ¿qué significa cultura de paz? Bueno, «consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones» (UNESCO 1998, Resolución A/52/13).

Es “la cultura de la armonía social fundada en los principios de libertad, justicia y democracia, de tolerancia y solidaridad que rechaza la violencia; procura prevenir las causas de los conflictos en sus raíces y dar solución a los problemas mediante el diálogo y la negociación; y garantiza a todos el pleno ejercicio de todos los derechos y los medios para participar plenamente en el desarrollo de su sociedad” (Centro Internacional de Educación e Investigación para la Paz y Los Derechos Humanos).

¿Qué necesitamos para generar una cultura de la paz, entonces? La Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz (ONU 1999, Resolución A/53/243) identifica ocho ámbitos de acción a nivel local, nacional e internacional para construirla: promover una cultura de paz por medio de la educación; promover desarrollo económico y social sostenible; promover el respeto de todos los derechos humanos; garantizar la igualdad entre mujeres y hombres; promover la participación democrática; promover la comprensión, la tolerancia y la solidaridad; apoyar la comunicación participativa y la libre circulación de información y conocimientos; promover la paz y la seguridad internacionales.

Así, la cultura de paz está estrechamente vinculada a valores éticos. Ya la UNESCO ha señalado que los valores deben incluir el cuidado y amor en la construcción de una cultura para la paz, por lo tanto, en la construcción de una cultura de paz es indispensable una ética del cuidado sin dejar de lado el ámbito de lo educativo. No podemos generar una cultura de paz si no promovemos una educación para la paz, de ahí que se hace necesario educar –más que en conceptos– en habilidades afectivas y de relación interpersonal, en hábitos y competencias que nos ayuden a convivir en un ambiente de paz.

Esta cultura supone pues una ética del cuidado de la que habla Adela Cortina, que implica cuidarse de sí mismo y cuidar de los otros; una ética del cuidado y no de dominación sobre los otros; una ética que promueva relacionarse con los otros e impulsar una cultura de cuidado de las personas y del planeta, que prevalezca en todos los entornos y entre todas las personas. En este sentido, como se declara en la Campaña Universitaria 2019, “La ética del cuidado implica sentimientos de ternura, afecto, empatía, preocupación y responsabilidad por uno mismo y por los otros. Nos recuerda la obligación moral de girar la cabeza ante las necesidades de los demás. Y, especialmente, de reconocimiento de la otredad, del otro con su singularidad y su trascendencia”.

¿Cómo la ética del cuidado puede apoyar para la construcción de una cultura de paz? Se necesitan muchas manos, diferentes actores que asuman el reto para transformar una sociedad que ha sido lastimada, y que cuiden a un planeta que ha sido deteriorado. Se necesita una sociedad que esté decidida a transformar los conflictos en paz; que quiera facilitar una convivencia para la paz y cultivar actitudes y valores para un buen convivir.

En un mundo violento, «los conflictos son inevitables, necesarios y pueden incluso ser beneficiosos al suscitar la innovación, la actividad, la identidad y la reflexión. Pero los beneficios dependerán de nuestra capacidad para manejar los conflictos, para resolverlos equitativamente e impedir sus manifestaciones violentas destructivas” (Consejo Ejecutivo de la UNESCO, 1992). Los conflictos se pueden prevenir al promover y experimentar una cultura para la paz que incluya una ética del cuidado y el respeto a los derechos humanos de toda persona. ¿Estamos listos para rechazar la violencia y caminar hacia una cultura de paz? ¿Estamos dispuestos a asumir este compromiso?

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