Joker, más allá del supervillano

Joker, más allá del supervillano

Foto tomada de YouTube
Héctor Jesús Cristino Lucas

Por mucho tiempo se mantuvo la absurda creencia de que el cine fantástico no podía ser tomado en serio siquiera en las grandes ligas. Ya sea por abordar historias que a simple vista no eran relevantes para el trascender humano, o por contar con una serie de elementos “poco realistas” que según la crítica especializada –esa que se rinde a los Oscars como una verdad absoluta– le quitaban el suficiente mérito que debían poseer las verdaderas masterpieces.

El cine de terror se llegó a menospreciar tanto que, de pronto, se volvió una terrible costumbre aceptar que en los máximos galardones solo fueran premiadas sus proezas técnicas. Así sucedió con la magnífica The Exorcist (1973) de William Fredkin con Mejor Guión Adaptado y Sonido, o en el caso de la estupenda The Fly (1986) de David Cronenberg con Mejor Maquillaje y Peinado.

Hasta Roger Ebert, considerado como uno de los mejores críticos de cine de toda la historia, se refería a las películas de asesinos y descuartizamiento adolescente como una plaga nefasta que solo le quitaba méritos y profundidad a esta clase de cine.

Pero algo pasó, y en 1991 una película hizo cambiar la perspectiva del género en toda regla. El horror, que tanto criticaban como una peste sin oficio ni beneficio, comenzó a tomarse en serio gracias a una película de Jonathan Demme que tenía como protagonistas a un par de asesinos caníbales de por medio: The Silence of the Lambs, que no solo ganó Mejor Guión Adaptado, también Mejor Director, Mejor Actriz, Mejor Actor… y hasta Mejor Película.

Demostrando que el cine de terror podía contar con grandes historias, tan dignas y profundas, capaces de convencer hasta a los más engorrosos elitistas de la tan soñada Hollywood.

No obstante, en el cine de superhéroes también ocurre algo similar.

Tras el estreno de Spiderman (2004) de Sam Raimi y Hellboy (2004) de Guillermo Del Toro a inicios de nuestro siglo, comenzaría una alocada fiebre por las adaptaciones de cómics a la pantalla grande, como no se había visto desde la década dorada de Tim Burton. Algunos estaban inclinados a creer que no era más que una absurda moda pasajera sin rumbo ni futuro… pero otros, más visionarios, lo veían como un potencial subgénero listo para ser explotado.

Aunque el verdadero boom comenzaría en 2008. Disney iniciaba su universo cinematográfico con The Incredible Hulk de Louis Leterrier junto al Iron Man de John Favru, encargados de convertir al cine de superhéroes en el fenómeno mediático que es hoy en día. Mientras la Warner presentaba la fantástica The Dark Knight a manos de Christopher Nolan como una secuela directa de aquel irregular Batman: Begins (2005) que pasó sin pena ni gloria.

Y con ambas industrias luchando en el mismo terreno, el debate sobre si estas películas debían o no considerarse como productos de alta calidad, iban y venían no solo entre la crítica especializada, también entre los propios cineastas como James Cameron, que las calificaba de “poco profundas”.

E incluso el propio Martin Scorsese, hace no mucho, declaró a los medios de comunicación que estas cintas ni siquiera eran cine.

No obstante, The Dark Knight de la Warner Bros con la magnífica interpretación de Heath Ledger como el Joker, fue la primera cinta en demostrarnos que el cine de superhéroes en realidad tenía un potencial más allá del simple entretenimiento barato. Que tanto podía servir como materia de protesta, como también podía entablar temas realistas y de carácter humano.

Así, junto con el legendario galardón póstumo a Mejor Actor de Reparto para Ledger se transformó de pronto en un acontecimiento de lo más notable. Una The Silencie of the Lambs del cine de superhéroes.

Por lo que el tiempo, damas y caballeros, para fortuna de unos cuantos, se ha encargado de demostrar que esta creencia elitista sobre algunos géneros, más encasillada a un falso espíritu cinéfilo que a un manifiesto establecido, no es más que un patético mito malintencionado que más vale ir desechando de una vez y para siempre… porque ya está obsoleto.

O eso es lo que parece insinuarnos ahora Todd Phillips, junto a Joaquin Phoenix, con el reciente revuelo que ha provocado su nueva Joker.

Luego de salir de esas comedias norteamericanas que lo transformaron en un representante directo del género en nuestro siglo, con la franquicia The Hangover (2009) o la modesta War Dogs (2016), Phillips parece haber dado un salto mucho más grande y arriesgado cambiando el rumbo de sus producciones hacia un camino completamente distinto.

¿Y saben una cosa? Es gracioso. Cuando una película tiende a hacer revuelto en los medios de comunicación, sea con el clásico marketing-morbo del tipo “Cientos de espectadores abandonan la sala aterrorizados” o bien, “Estamos frente a la mejor película del año”, suele cometerse el error de predisponer a la audiencia manejando un producto de manera subjetiva que muchas veces contradice el mensaje y hasta el propósito de la propia película.

Cuando la cinta francesa Raw (2017) de Julia Ducournau, por ejemplo, se presentó como “La película que provocó desmayos en paso de festivales”, predispuso al público a buscar la violencia y la sangre a borbotones antes que a su verdadera belleza o a la crítica social.

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Un error que se sigue cometiendo hasta nuestros días. Pero señores, cuando un medio de comunicación reputado mencione que Joker es “una obra maestra” o “la mejor película del año”, o icluso que cierto sector del público “salió de las salas al no poder soportarla”, no importa cuántas veces te lo repitan o cuántas veces te lo estampen… créetelo, porque ahora sí que tienen toda la puta razón. ¡Honor a quien honor merece!

Luego de que la Warner fracasara en su intento de universo con personajes de la talla DC, pretendiendo emular la fórmula que siguió Marvel desde el 2008; de éxitos repentinos que lo elevaron hasta las nubes con Man of Steel (2013), Wonder Woman (2017) y Aquaman( 2018); y de fracasos inevitables que lo hundieron hasta los avernos tras Batman v Superman (2016) y Justice League (2017) … Joker arrancó la hoja y volvió a comenzar.

Damas y caballeros, esto es algo que ya habíamos anunciado incluso en artículos anteriores. Estamos frente a una nueva etapa, cuya dirección y enfoque estará encaminada ahora a darle un auténtico giro de tuerca a las típicas historias de superhéroes a las que ya nos tenían tan acostumbrados.

Y Joker, me alegra informar con toda la franqueza del mundo, no es un escándalo gratuito, sino el acontecimiento oficial que marcará “un antes y un después” como alguna vez estableció The Dark Nightde manera visionaria. Porque si Nolan tiró la primera piedra, Phillips la hará una tendencia.

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Olvídate del clásico “el bueno siempre es bueno; el malo siempre es malo”, y prepárate para experimentar una enorme paleta de grises de tan variadas categorías como alguna vez pregonó con firmeza el mismísimo Alan Moore tanto en Watchmen (1986) como en The Killing Joke (1988). Olvídate del hombre indestructible; de los villanos de cómics; de esas historias de origen… olvídate de todo lo que te enseñaron y, por fin, prepárate para vivir.

Aunque esta película mantenga arraigado el espíritu de las míticas historietas, o los dibujos animados, no pretende seguirlas al pie de la letra como un manual indispensable. Aunque venga de una larga lista de proyectos similares dentro de un subgénero tambaleante, y hayamos visto un sinfín de reinvenciones del mismo personaje, ignora los antiguos cánones establecidos, y construye otros nuevos en pos de un proyecto único y magistralmente distinguible.

Lo que Todd Phillips nos ha entregado ahora no es una película más de los múltiples personajes de la cadena DC, es una nueva forma de hacer cine de calidad con superhéroes. ¡Y sé cómo suena! Todo el mundo lo reitera, desde el más experto hasta el más novato que ya no suena ni remotamente creíble. Pero algo sí que es verdad: las obviedades se pasan de largo.

¿Cuándo se ha visto que una cinta de superhéroes gane el León de Oro a Mejor Película en el Festival Internacional de Venecia? ¡En el Festival Internacional de Venecia! Una nominación a Oscar es una cosa –hasta Disney lo sabe– pero otra, muy distinta, es que lo ganes en Europa. Eso, señores, es otro nivel. Y más si te ovacionan con ocho minutos de aplausos.

Por lo que esta cinta, aunque comparte ciertos elementos de una “película de origen”, en realidad es la perversión misma del relato clásico que conocemos tanto del supervillano, como la del superhéroe. Una alternativa del Guasón, y una más grande todavía del murciélago de Gotham.

Y hay que ver la genialidad para torcer el origen de Batman, como no se había visto desde el ingenioso intro de Watchmen (2009) en donde Zack Snyder evita la existencia de este justiciero salvando a sus padres del ladrón que los mata.

Jokerde Todd Phillips está construida a partir de ciertas películas de protesta en donde el villano, de hecho, no es realmente quien aparenta ser, sino la sociedad misma en la que se encuentra; a quien representa. Por lo que el eslogan: “Vivimos en una sociedad” que tantas burlas y bromas ha causado en redes sociales, adquiere de pronto un mayor sentido del que uno esperaría.

Retoma pues, cintas como Falling Down (1993) de Joel Schumacher donde el protagonista, un ciudadano común de los Estados Unidos -interpretado por Michael Douglas–, le declara la guerra a ese malévolo sistema preestablecido que determina a su manera “lo que está bien y lo que está mal”, sólo por haber tenido uno de los peores días de su vida.

O la ya mítica Taxi Driver (1976) de Martin Scorsese en donde un veterano de guerra, tras cientos de estragos psicológicos vividos por su servicio en Vietnam, termina cometiendo una serie de homicidios contra gánsters y proxenetas. Hasta volverse, para cierto sector mediático, en una suerte de héroe de lo más atípico.

Es impresionante notar cómo Joker hace una poesía perfecta con esta película en prácticamente todos los sentidos. La atmósfera malsana de este hipotético Gotham de 1981, hundido en la pobreza y el crimen desmedido, recuerdan mucho a las calles de aquel Nueva York setentero que vimos en Taxi Driver.  De esta manera, ambas comparten protagónicos corrompidos por el mismo sistema que los formó a base de falsos valores patrióticos y moralistas.

E incluso, aquella escena en donde Robert De Niro –no por nada lo volvemos a tener aquí– lleva sus dedos sobre la cien para simular darse un disparo, en una suerte de representación simbólica de su estrago mental, es homenajeado aquí con maestría.

Pero en cuanto a construcción de personaje, el Joker de esta versión es bastante particular. No solo compárte los males de Travis Bickless hundiéndose en sus delirios, también se retuerce hasta alcanzar la profundidad siniestra de Gwynplaine, aquel payaso desfigurado que jamás podía dejar de reír, de la película expresionista de Paul Leni The Man Who Laughs (1928). Que, por cierto, sirvió como principal inspiración para crear al legendario antagonista de Batman.

Por lo que debemos ser sinceros. La película podrá parecerte una bazofia sobrevalorada de pretensión absoluta o todo lo que desees, soy capaz hasta de respetarlo, pero la actuación de Phoenix, por favor… es cuenta aparte. No hay gesto, emoción ni movimiento –vean ese baile inspirado en The Old Soft Shoe de Ray Bolger– que no sea capaz de decirte algo.

Este sujeto ha logrado deshacer al supervillano caricaturizado de Jared Leto en Suicide Squad (2016), de manera física y mental al puro estilo de Christian Bale en The Machinist (2004), en algo más personal y doloroso; tan suyo, a un nivel interpretativo, que cambia muchas creencias estúpidas que parecían inquebrantables. Y vaya que de esas ya hemos hablado mucho.

Una de ellas es que el cine de superhéroes ofrece más de lo que aparenta. Pero otra, mucho más importante, es que un actor determinado no nace para ser un personaje toda la vida. Heath Ledger nos entregó un Joker que muchas veces convenció al mundo de creer que había sido el mejor de la historia y que no podría haber más… pero esto no es así.

No se trata de superar al anterior, sino de darnos más de uno. Y Phoenix se posiciona justo al lado, cambiando el canon academicista con soberbio acontecimiento. No tengan ni la menor duda entonces de que pueda llegar otro, con nuevas reglas, a quedarse para siempre en el estante histórico.

Aunque proviniendo de este actor, tampoco es una gran sorpresa ni mucho menos. Y no sólo me refiero a la épica interpretación del Emperador Cómodo en Gladiator (2009), que casi le valió el Oscar a Mejor Actor de Reparto; sino a grandes participaciones como en la biográfica Walk the line (2006) de James Mangold o en la dramática The Master (2012) de Paul Thomas Anderson.

Pero nada, absolutamente nada, como lo que ha venido interpretando en los últimos años. Cualquiera que haya tenido la dicha de verlo en la épica You Were Never Really Here (2017) de Lynne Ramsay –curiosamente nombrada “La Taxi Driver de nuestro siglo”–, como el sociópata marine Joe, va a entender perfectamente a lo que me refiero.

Haberlo elegido para encarnar ahora a un antihéroe de esta clase simplemente no es casualidad. El tipo de personajes que ha interpretado en sus últimas películas comparten rasgos similares, pero Phoenix nos entrega ahora a un individuo frustrado cuyo perfil psicológico muestra algo que incluso ningún otro Joker había enseñado en el mundo del cine: el Incel (Involuntary Celibate).

Esa comunidad de hombres que llevan una vida de celibato involuntario debido a su físico o a las nulas capacidades sociales que les impide mantener relaciones con el sexo opuesto. Lo que ha llevado a engendrar un fuerte desprecio hacia el género femenino porque son las únicas culpables, según ellos, de su tan frustrada virginidad.

Un movimiento que en los últimos años se ha convertido en un auténtico peligro para países como Estados Unidos o Canadá. Porque de entre los tantos tiroteos ocurridos el año pasado, el vivido en Toronto fue perpetrado por uno de los miembros de esta comunidad: Elliot Rodger, que no hacía más que manifestar su odio hacia las mujeres desde redes sociales porque siempre preferían a otros hombres antes que a él.

Un punto crucial, porque cuando esta película estrenó en diversos festivales, víctimas de los últimos tiroteos en Estados Unidos manifestaron su genuino temor al creer que la reciente Joker pudiera inspirar a una nueva serie de actos de esta misma naturaleza.

Justo como lo ocurrido con James Holmes, el chico que, en 2012, inspirado por la película de The Dark Night, entró a un cine vestido de Joker para cometer una masacre. Por lo que la actual película de Todd Phillips fue hasta considerada por algunos críticos como irresponsable y altamente peligrosa. El eterno debate de si el entretenimiento violento engendra más violencia.

Palabras más, palabras menos. Lo cierto es que Joker de Todd Phillips llegó para quedarse. Tanto aplauso, reconocimiento y polémica son prueba de ello. Carne fresca para las recientes premiaciones que no harán más que elevar la dimensión del tan citado “antes y después”.

No solo se ha exigido el Oscar a Mejor Película a una cinta que no sigue los parámetros de lo políticamente correcto, también se espera que esté nominada a Mejor Actor, premio que ya se merece Phoenix. Otro a Mejor Fotografía y uno más a Banda Sonora por esas catastrofistas melodías compuestas por la islandesa Hildur Guðnadóttir, que son oro puro.

Una película completa, que sostiene la clásica filosofía “jode a quien te jode”. Pero expuesta a través de un potente thriller psicológico que a veces rosa con la propia comedia. Y esto no es una locura ni mucho menos porque en ocasiones es hasta evidente. Recordemos que Todd Phillips viene de allá. Solo que ahora no pretende seguir el mismo camino, sino plantear que la comedia, de hecho, también puede llegar a tener trasfondos más allá de una simple carcajada.

Joker, no es sólo un drama social, es una auténtica tragicomedia.

Aunque pretende alejarse del concepto moderno de los cansinos universos cinematográficos al plantear un principio y un final. Sin continuar a través de sagas multimillonarias o secuelas innecesarias –el “The End” no es gratuito– nadie puede asegurarnos nada tampoco. El tremendo éxito de esta cinta augura más que una simple entrega en solitario… y eso es algo que el propio actor ha develado en recientes entrevistas. ¿Qué nos depara el destino? ¿una nueva saga, una segunda parte, o hasta una trilogía? El tiempo lo dirá.

Estamos ante una cinta cuyo fenómeno social la ha orillado a alcanzar –a la fuerza– el máximo galardón de la industria, o eso es lo que todo el mundo desearía. Aunque algo sí que es extraño. La cinta que hemos visto en salas de cine no es la misma que fue ganadora del León de Oro en Venecia. La genialidad de la que tanto se hace alarde, sólo es una pequeña muestra a la que le hacen falta hasta 30 minutos de duración. Y eso no es poco. Esperemos próximos reestrenos o ediciones directas al mercado, porque aún falta mucho por descubrir.

Joker, más allá del subgénero, de la risa, de la tragedia; más allá del drama o el cine de superhéroes; más allá del supervillano… es un clásico instantáneo.

Sinopsis:

“La pasión de Arthur Fleck, un hombre ignorado por la sociedad es hacer reír a la gente. Sin embargo, una serie de trágicos sucesos harán que su visión del mundo se distorsione considerablemente convirtiéndolo en un brillante criminal”.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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