Chile: ¿un levantamiento popular o un momento de furia?

Chile: ¿un levantamiento popular o un momento de furia?

Deutsche Welle | Efecto Cocuyo

¿Qué pasó en 12 días? El pasado 8 de octubre el presidente de Chile, Sebastián Piñera, decía orgulloso en un programa de televisión que “en medio de esta América Latina convulsionada, Chile es un verdadero oasis con una democracia estable”. Durante la jornada del 20 de octubre afirmó que “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”, debido a la crisis que atraviesa actualmente el país y que parece no hacer distinción entre las demandas de la ciudadanía y los actos vandálicos.

Entre barricadas, incendios y otros desmanes, millones de chilenos tomaron pacíficamente sus cacerolas y comenzaron a golpearlas en señal de protesta, aún con la presencia de militares en la calle y en pleno toque de queda. “Chile despertó” se escuchaba en las calles. La “democracia estable” de la que el presidente chileno tanto se vanagloriaba parecía haberse esfumado en pocos días y se había transformado en una presunta “guerra”, según sus propias palabras.

“La situación fue tan sorpresiva y tan violenta que claramente el gobierno se vio sobrepasado. La medida de decretar estado emergencia es un reconocimiento a eso. En cierta manera, pide ayuda a las FF. AA., ante su inevitable debilidad. Pero si no hubieran salido los militares el desorden hubiera sido mayor”, dice a DW el académico de orientación conservadora de la Universidad Católica de Chile Roberto Méndez.

Reacción tardía

Desde 1987, el Ejército no sacaba sus tanquetas a la calle para restablecer el orden público, cuando el país vivía en dictadura. Sin embargo, esto no apaciguó el descontento ciudadano trasladado a las calles. Ni siquiera la suspensión al alza del transporte público anunciada por el Gobierno calmó a los manifestantes.

“El presidente decidió apagar el fuego con bencina. Con militares en la calle no puede existir el diálogo”, señaló la ex líder estudiantil y actual diputada del Partido Comunista, Camila Vallejos, a través de su cuenta de Twitter, frase que se repitió en otros sectores de oposición.

El Gobierno se equivocó. Debió haber tomado medidas de seguridad en el metro, pero cuando quiso cerrar la puerta y retomar el orden ciudadano, ya era muy tarde. Mandó a los militares a la calle sabiendo que no tienen la posibilidad de restablecer el orden. Los chilenos ya no le tienen miedo a los militares, es más, son desafiantes con ellos”, explicó a DW Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, una ONG que realiza sondeos.

Era una bomba de tiempo

El detonante de las violentas protestas parecen no radicar solo en el alza del transporte público, como lo ejemplifican diversas expresiones en las redes sociales. “Nadie se imaginó que nos encaminábamos a esto. La gente está en estado de shock, con miedo e indignación. Pienso que es solo un momento de furia, pero no es un movimiento político con una proyección desestabilizadora. Hay problemas con las pensiones, la salud y el incremento de la delicuencia donde el Estado está comentiendo errores”, explicó a DW Méndez. A esto se le suman los escándalos de corrupción de la clase política, empresarial, de Carabineros y las Fuerzas Armadas, en casos conocidos como el “Pacogate” y “Milicogate”.

Marta Lagos contradice al académico de la Universidad Católica de Chiley afirma que “esto es una revolución que va a terminar en un cambio constitucional, sí o sí”. Según Lagos, “lo único que puede restituir el equilibrio de poder es un cambio constitucional, porque aquí lo que se cuestiona es el actual sistema y el modelo económico de Chile”.

Por su lado, Manuel José Ossandón, senador, miembro de la misma coalición de centroderecha de Piñera, hizo un llamado en su cuenta de Twitter: “Hay que mirar el descontento. Hay cacerolazos por todas partes, pude ver como en todas las comunas la gente reclama y el mundo político no quiere entender que aquí hay un descontento, con años de abusos, injusticias y desigualdad. Yo condeno la violencia, pero invito a que nos sentemos a buscar una solución del tema profundo. No hay crecimiento económico sin paz social”.

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