Acuerdo migratorio México-EEUU afecta a cubanos

Acuerdo migratorio México-EEUU afecta a cubanos

Cumplido el plazo de 90 días, impuesto por Estados Unidos para reducir el flujo migratorio desde México, los impactos no sólo afectaron a migrantes centroamericanos. Desde Cuba, los viajantes ven más complicado cumplir su sueño americano

En el camino
Un cartel anuncia la venta de una casa, en el barrio Los Pocitos, en el municipio Marianao, en La Habana. El desprendimiento de las viviendas es en ocasiones una forma para lograr fondos para los altos costos de migrar. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, CUBA (IPS).– Carlos Restrepo desgrana las horas en la incertidumbre: integra el pelotón de miles de emigrantes cubanos concentrados en Ciudad Juárez, Chihuahua, a la espera de la entrevista para solicitar asilo en ese país, en la militarizada frontera mexicana con Estados Unidos después del acuerdo migratorio cuyo plazo vence este 5 de septiembre.

En mayo, Carlos salió desde La Habana rumbo a Nicaragua, y una travesía por tierra lo llevó a la frontera estadounidense, contó a IPS desde la norteña ciudad mexicana este ingeniero informático de 34 años.

Pero en junio, un acuerdo entre Washington y Ciudad de México, destinado a reducir el flujo de migrantes centroamericanos y de otras latitudes hacia territorio estadounidense desde el vecino del sur, complicó sus planes.

Este 5 de septiembre, cuando se cumple el plazo acordado entre México y Estados Unidos para reducir la migración, el impacto del acuerdo se refleja también en casos como el de Carlos Restrepo.

“Planeaba cruzar la frontera, y quedarme en casa de un amigo en Texas, y esperar allí el año necesario para acogerme a la Ley de Ajuste Cubano. Pero si permanezco de este lado de la frontera, no podré aplicar y todo habrá resultado en vano”, señaló.

Restrepo desembolsó miles de dólares para tratar de alcanzar el “sueño americano”. Su drama es el de miles de compatriotas quienes en las últimas semanas han sido devueltos o impedidos de entrar a Estados Unidos, debido a las negociaciones entre los gobiernos de los presidentes de ese país, Donald Trump, y de México, Andrés Manuel López Obrador.

Mediante el acuerdo firmado el 7 de junio, Estados Unidos se comprometió a expandir el programa de Protocolos de Protección a Migrantes (MPP, en inglés), a través de toda su frontera sur.

Esto significa que las personas que cruzan la zona limítrofe son regresadas a México, donde deben esperar la tramitación de su solicitud de asilo.

México, por su parte, autorizó el ingreso de todas esas personas por razones humanitarias, mientras discurre el proceso, y prometió ofrecerles empleos, atención médica y educación.

Medios informativos reflejan que el contingente de emigrantes crece por días en urbes fronterizas como Nuevo Laredo, Tijuana, Matamoros o Ciudad Juárez.

Solo en Ciudad Juárez, indican, unas 18.000 personas llenan actualmente albergues, hoteles, viviendas de alquiler, son acogidas por familias o incluso pernoctan en la calles, a la espera de ser llamadas para su proceso migratorio, que puede demorar meses y con resultados inciertos.

Datos del Consejo Estatal de Población y Atención a Migrantes en México reflejan que de esa cifra total, entre 70 y 80 por ciento (de 12.000 a 14.000) son cubanos.

Desde 2013 se constata un incremento en el flujo migratorio de cubanos hacia el exterior, a partir de cambios en la ley migratoria que eliminó el denominado permiso de salida, un documento de viaje imprescindible hasta ese momento.

Tras el restablecimiento de relaciones bilaterales entre La Habana y Washington, en julio de 2015, miles de ciudadanos salieron legalmente de la isla para tratar de llegar a Estados Unidos desde países latinoamericanos, temerosos de que cesaran los beneficios especiales en materia migratoria, como finalmente ocurrió.

El cierre de fronteras ante las oleadas de viajeros dio lugar a una crisis migratoria que involucró a varios naciones de la región.

Poco antes de abandonar la Casa Blanca, en enero de 2017, el expresidente Barack Obama (2009-2017) canceló la política de “pies secos/pies mojados”, que garantizaba a los cubanos obtener asilo e incluso, la residencia permanente, con tan solo tocar suelo estadounidense.

Quedó como opción solicitar el asilo político, al amparo de la Ley de Ajuste Cubano (1966), que otorga la residencia legal al año y un día de permanecer dentro del país. Pero si los emigrantes de nacionalidad cubana son retornados a México, esa norma legal no aplicaría.

Especialistas coinciden en que la migración cubana en y hacia Estados Unidos ha sido desfavorecida por la política de Trump hacia el gobierno de La Habana, y casi anuló el trato preferencial mantenido durante décadas para los ciudadanos de este país.

Si bien en el primer año de su administración cayeron drásticamente las cifras de cubanos interceptados en la frontera, los datos disponibles indican que después comenzó un nuevo repunte.

Un informe de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos mostró que de octubre de 2018 a julio de 2019, más de 18.000  cubanos fueron detenidos en la frontera sur, más del doble que en igual período del año anterior.

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