Rocko’s Modern Life: Static Cling y la hilarante autoparodia del cambio

Rocko’s Modern Life: Static Cling y la hilarante autoparodia del cambio

Foto tomada de YouTube
Héctor Jesús Cristino Lucas

Si rondas entre los 23 o 26 años, los niños de ahora te llaman “señor” o “señora” y la temible crisis de los 30 está llegando a tu vida, sin nada ni nadie que la detenga… ¡Felicidades, viviste en carne propia la época dorada de Nickelodeon!

Hoy en día puede que todo esto suene a leyenda urbana, a un mito malintencionado del tipo “tronar los dedos te causa artritis”… pero te juro por lo más valioso que tengo en mi poder –mi VHS edición especial de Deep Throat–, que antes que las infumables series live action invadieran este canal –exceptuando shows tan emblemáticos como Clarissa Explains It All o Are You Afraid of the Dark?– Nickelodeon, e inclusive su rival, Cartoon Network, eran los reyes absolutos de la animación por cable en los 90. Y es poco decir.

Olvidémonos por un momento de “la malévola tendencia teen” que invade a este canal en pos de enamorar a las nuevas generaciones a través de series juveniles que, si bien funcionaron en su momento con franquicias del tipo Kenan & Kel (1996 – 2000), pronto pasaron a ser refritos actualizados y poco innovadores como Drake & Josh (2004 – 2007) o ICarly (2007 – 2012); y centrémonos mejor en sus míticos shows animados que hoy sin duda son considerados como clásicos de culto.

“La entrañable época dorada de Nick”, con series tan emblemáticas como la magnífica Aaahh!!! Real Monsters (1994-1997) que antecede a la Monster Inc. (2001) de la mismísima Pixar; The Ren & Stimpy Show (1991-1996) de John Kricfalusi, antes de pasar a manos de la cadena MTV, por supuesto; y de la fantástica Rugrats o Aventuras en pañales (1991-2004) que, por cierto, el pasado 11 de agosto cumplieron su aniversario número 28.

Eran esas series las que podían contarte todo un cúmulo de historias tan únicas y especiales como Hey Arnold! (1996-2004) de Craig Bartlett; hasta otras, que podían llegar a ser tan ingeniosas como satíricas a la hora de criticar los problemas de la sociedad norteamericana…

Porque si la cadena Fox contaba con Los Simpson a inicios y durante la década de los 90 para hacer este “sucio trabajo”, como MTV tenía a su propio Beavis and Butt-Head (1993) para lograrlo; Nickelodeon hacía lo propio con su magnífica Rocko’s Modern Life de Joe Murray en 1993.

Nada menos que un clásico Nicktoon que es probable que no recuerdes si eres bastante joven, pero te aseguro que las aventuras de un asustadizo ualabí intentando sobrevivir a la ajetreada vida de los Estados Unidos, junto a sus graciosos amigos Heffer y Filburt, era la fascinación de muchos de los niños de los años 90 –y con ellos me incluyo– que no podíamos perdernos ni uno solo de sus alocados capítulos.

Ya sea por sus hilarantes o exagerados trazos; sus diseños y construcción de personajes; o las disparatadas historias que no se limitaban a mostrar temas tabús como la homosexualidad, el consumo de sustancias y la sátira de las grandes empresas sometiendo al pueblo como viles esclavos, Rocko’s Modern Life no solo se volvió el emblema creativo de una época dorada para la historia de la animación, también  fue uno de los poquísimos cartoons considerados “infantiles” –al lado quizás de The Ren & Stimpy– que se atrevían a hacer este tipo de críticas sin temerle a la censura, que es ahora el pan nuestro de cada día.

Por ello, cuando Nickelodeon anunció en la ComiCon de San Diego 2017 que tres viejos Nicktoons volverían en formato de película, los ahora jóvenes-adultos que crecieron con estas caricaturas, simplemente, enloquecieron.

Así, tras una segunda película de Hey Arnold! en 2017 titulada The Jungle Movie, que fungió como un final definitivo de la serie al develar ciertos enigmas que rodeaban al cabezón protagonista. Y en la espera de la tan ansiada Invader Zim: Enter the Florpus, pronto a estrenarse este mismo año, la mismísima Rocko’s Modern Life titulada ahora Static Cling vuelve en formato de un especial de 45 minutos transmitido por Netflix, junto a Joe Murray y todo el equipo original.

¡Una nueva y disparatada desventura ocurrida ahora en el alocado futuro: nuestro propio 2019!

Pero contrario a lo que la industria nos tiene acostumbrados, la película no se trata de una adaptación o reboot que intenta reinventar la serie para las nuevas generaciones, sino un especial directo tanto del episodio No tengo hijos (1994) de la temporada 2, como de Botanas Locas (1993) de la temporada 3 –ambos divididos en dos partes–,  junto al que Joe Murray confirmó oficialmente el final de la serie: El futuro nos acecha (1996) de la temporada 4.

Por lo que, una vez visionando estos capítulos, Static Cling adquirirá un mayor sentido al tratarse no solo de una continuación, sino del verdadero final de la serie. El último de la grandiosa Rocko’s Modern Life.

¿Y saben una cosa? Ha sido tremendamente espectacular.

A estas alturas, cuando se anuncia un producto intentando continuar con el legado de alguna vieja franquicia, es normal creer que se hace solo y exclusivamente para lucrar con la tan querida nostalgia. “El maldito síndrome de añorar el pasado porque lo de hoy evidentemente apesta”. Pero la nueva cinta de Joe Murray, contrario a lo que todos nosotros esperaríamos, nos detiene un poco y nos convence de que –quizás– alguien nos hizo creer esa tontería.

Lo que vuelve a Rocko’s Modern Life: Static Cling una genialidad absoluta es que resulta la antítesis de toda esta premisa. Y nos hace ver, con su hilarante y satírico humor, que la mayoría nos hemos transformado en seres inadaptados que no hemos aprendido realmente a aceptar el inevitable CAMBIO de las eras.

Su argumento funciona más como una ingeniosa autoparodia, cuya premisa tiene como finalidad que muchos de nosotros nos veamos reflejados en el actual papel de Rocko:

Luego de haberse varado en el espacio –como vimos en el episodio El futuro nos acecha (1994)– Rocko y sus amigos regresarán a la Tierra después de 20 largos años para darse cuenta de que las cosas han cambiado mucho desde los noventa, y que adaptarse al ajetreado ritmo de esta época, con tanta tecnología y realidad virtual, es una tarea tan difícil como aterradora. Por lo que el ualabí lo único que quiere es volver a traer un viejo show televisivo al aire para  sentirse más cómodo y tranquilo mientras evita a toda costa adaptarse al cambio.

Tan solo piénsalo un poco. Luego de tanto tiempo, la mayoría de nuestra generación continúa flotando en el espacio, atrapada en los recuerdos de nuestra niñez sin darnos cuenta de que allá afuera, las cosas cambian… aunque eso no sea necesariamente malo.

Y lo mismo para la industria del entretenimiento actual que, en lugar de reinventarse trayendo nuevas y mejoradas historias, prefiere estancarse en sus clásicos más exitosos para exprimirles hasta la médula con la excusa de tener ahora “grandes efectos especiales”, pero sin alma y corazón.

Por ende, si Hollywood nos sigue vendiendo interminables secuelas de Star Wars, Terminator o Ghostbusters; y Netflix –aprecien la ironía– no hace más que sobreexplotar a los 80 con su “bastardizada” Stranger Things; Joe Murray nos trae a Rocko, pero no precisamente para llenarnos de nostalgia sino para mofarse de esto mismo a través de su interesante discurso metadiegético.

Contrario a lo sucedido con la amada Ready Player One (2018) que intentó mandarnos el mismo mensaje de “superar el pasado”, pero cuyas interminables referencias a la cultura pop la convirtieron en aquello que juró destruir, Rocko’s Modern Life: Static Cling, por suerte, lo conserva intacto hasta elevarlo por encima de sus propias referencias.

Leer / Ready Player One. ¿Más que nostalgia?

No obstante, la ingeniosa crítica a aquellos que no aceptan el tan temido cambio va mucho más allá de la nostalgia y los dibujos animados. Se extiende también a los actuales problemas de discriminación e intolerancia que ciertos sectores de la sociedad han sufrido en nuestros tiempos, y por sobre aquellos que, lamentablemente y pese a vivir en este “tecnológico y avanzado siglo XXI”, continúan marginando sin ninguna consideración.

Lo que me recuerda, por cierto, que hay quienes criticaron este punto de la película como algo negativo, argumentando que ahora cualquier producto, sin importar de qué índole, incluye mensajes de valores tanto a la sociedad LGBTTTIQ como a la afroamericana. Y lo entiendo, porque hasta yo lo he criticado, pero… creo que esta vez es más que justificable.

Teniendo en cuenta que Rocko’s Modern Life ya hacía alusión a este tipo de temas, e incluso se burlaba de ellos con chistes de doble sentido, que se añada ahora al personaje de Rachel no resulta tan innecesario como dicen algunos. La serie de los 90 siempre tuvo las agallas para mostrarte este tipo de cosas, aunque siendo unos niños jamás lo entendíamos. Ahora simplemente te lo reafirma porque sabe que los niños ya han crecido, pero también para llevar el discurso a un nivel de protesta más interesante y hasta maduro.

Claro que para algunos estas no son más que puras patrañas. Por ello, Joe Murray se adelanta a la reacción del público y a través de su magistral autoparodia construye a un Rocko inestable que odia lo nuevo y exige lo viejo, por mera nostalgia. Sin preguntarse un momento, como ocurre con la gran mayoría, si tal vez el cambio no es tan malo después de todo y solo hemos vivido aferrados a una fantasía.

En cuanto a diseño, no creo que haya alguien que vaya a quejarse. Son 45 minutos enteros de aquella disparatada pero creativa animación noventera con la que crecimos. Y respecto a nuestro doblaje, contando de nueva cuenta con el maravilloso Roberto Carrillo como Heffer y Ernesto Lezama como Filburt, he de decir que ha sido tremendamente hermoso.

Solo resta lamentar la terrible partida en 2017 de un grande del doblaje latino como lo fue Carlos Íñigo, y admitir que la nueva voz de Rocko interpretada, esta vez, por Gabriel Gama, aunque correcta, es lo único que irremediablemente brinca y distrae dentro de la película. Pero que aun así, tanto se disfruta como se rinde un homenaje a quien alguna vez dio vida al querido ualabí.

Frente a todo pronóstico, la nueva película de Nickelodeon no se estanca en la nostalgia por la nostalgia. Ni en las ganas inquietantes de traer algo viejo para hacernos sentir como en casa… es algo más especial. Quizás un último mensaje. Unas palabras de aliento del pequeño amigo Rocko a nuestra generación: aunque el futuro luzca aterrador, no hay qué temer.

Rocko’s Modern Life: Static Cling es un pedazo del pasado que nos hace aceptar nuestro presente, mientras nos vemos a nosotros mismos en él. La hilarante autoparodia del cambio.

Sinopsis:

“Rocko intenta adaptarse a la vida actual en O-Town después de pasar veinte años en el espacio y solo quiere una cosa: que vuelvan a poner su programa favorito.”

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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