La pobreza en Puebla: legado y desafío

La pobreza en Puebla: legado y desafío

Roberto Alonso

@rialonso

Los números de la pobreza dados a conocer por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) son un ángulo especial para hacer una evaluación de los ocho años de morenovallismo, los cuales coinciden con la década observada por esta instancia. Al mismo tiempo, representan un punto de referencia para el gobierno que arranca en Puebla.

¿Bajó la pobreza? A primera vista sí. Independientemente del debate en torno a la fiabilidad de las mediciones hechas por el Coneval que es importante seguir y considerar, las cifras presentadas reportan que en términos porcentuales la pobreza bajó en el estado, pasando de 64.6% en 2008 a 58.9% en 2018. Sin embargo, en función de la variable del crecimiento poblacional, el número de pobres pasó en esta década de 3 millones 705 mil 618 a 3 millones 763 mil 650, esto es, un aumento de poco más de 58 mil personas.

Coneval
Foto: Luis Colchado

A mayor detalle, para el Coneval la población en pobreza está compuesta por los indicadores de pobreza moderada y pobreza extrema. Con esta lupa es posible observar que mientras la pobreza moderada se incrementó en 4.7 puntos porcentuales, la pobreza extrema registró un considerable descenso de 10.3 puntos. ¿Qué quiere decir esto? Que si bien el número de “pobres moderados” aumentó en 594 mil 229 personas, la cantidad de personas en pobreza extrema bajó casi a la mitad, de un millón 88 mil 120 a 551 mil 923. Dicho de otro modo: la mitad de la población en pobreza extrema se sumó a las filas de la pobreza moderada, de ahí que el saldo general sea muy semejante al parámetro inicial.

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Hasta aquí, un primer balance es que el combate a la pobreza ha contribuido a que la gente salga de la pobreza extrema, que según Coneval existe cuando una persona tiene tres o más carencias de seis posibles –rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a los servicios básicos de la vivienda y acceso a la alimentación– y, además, se encuentra por debajo de la línea de bienestar mínimo. Al respecto cabe recordar que una de las metas del primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas es erradicar la pobreza extrema para 2030. La CEPAL ha estimado que México logrará cumplir esta meta después del año 2035.

Que haya menos personas en pobreza extrema es sin duda algo positivo. No parece serlo que en términos absolutos no sólo haya aumentado ligeramente el número de pobres, sino que se haya incrementado en el mismo periodo el número de personas vulnerables tanto por carencias sociales como por ingresos en 14.3% y 68.6%, respectivamente.

La población vulnerable por carencias sociales que pasó de un millón 297 mil 941 a un millón 483 mil 929 es aquella con una o más carencias cuyo ingreso es superior a la línea de bienestar. Por su parte, la población vulnerable por ingresos que pasó de 232 mil 41 a 391 mil 204 personas es aquella que, no presentando carencias, cuenta con ingresos iguales o inferiores a la línea de bienestar.

En suma, en la última década creció ligeramente el número de personas en pobreza y significativamente el número de personas en vulnerabilidad. ¿Es este un saldo positivo para los últimos gobiernos en Puebla?

A nivel nacional, 52 millones 425 mil 887 personas viven en situación de pobreza, representando a 41.9% de la población. Si en el país cuatro de cada 10 mexicanos son pobres, en Puebla lo son seis de cada 10 (58.9%). Por porcentaje de población, Puebla ocupa el quinto lugar de las entidades con mayor proporción de personas en situación de pobreza. A la cabeza aparece Chiapas y le siguen Guerrero, Oaxaca y Veracruz. Por número de personas, el estado se ubica en la cuarta posición, encabezando la lista el Estado de México, Veracruz y Chiapas.

Del tamaño de estos números es el reto que enfrenta la Cuarta Transformación en Puebla. La pobreza y la frágil situación económica que vive la mayoría en el estado no puede entenderse de manera aislada de la violencia y la inseguridad. El reparto de dinero es una manera de ayudar a paliar las carencias, pero nada como la protección social efectiva. Como lo ha anunciado el Coneval para los años que vienen, las carencias son un asunto de derechos que han de ser garantizados. Allí está la clave.

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Después de una larga pausa vuelvo a las andadas en las páginas de Lado B, agradecido por la oportunidad de seguir formando parte de esta grieta de periodismo auténtico, dedicado y comprometido.

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