La Nueva escuela planetaria

La Nueva escuela planetaria

Martín López Calva
@M_Lopezcalva
Foto: Marlene Martínez

Mientras que la especie humana continúa su aventura bajo la amenaza de la autodestrucción, el imperativo es: salvar a la Humanidad realizándola.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 69.

Iniciamos el nuevo ciclo escolar en un país y en un mundo severamente amenazados por múltiples riesgos, y en las últimas semanas destacan sin duda el de las protestas por la gravísima situación de violencia contra las mujeres y el de la preocupación creciente por los incendios que están devastando la selva amazónica que es quizás el más importante pulmón del planeta.

Como afirma Morin, la especie humana continúa su aventura bajo la amenaza de la autodestrucción por su falta de cuidado y su agresión constante contra la naturaleza y por su cultura y sus estructuras generadoras de violencia de unos grupos contra otros. Una especie de guerra de la humanidad contra su hábitat natural y contra sí misma atraviesa prácticamente todo el planeta.

Tal como sucede en muchos aspectos, en estos temas las nuevas generaciones están demostrando mucho más conciencia y compromiso que nosotros los que nos decimos adultos, maduros y conocedores.

Seguramente ustedes han tenido conversaciones con jóvenes –alumnos, hijos, sobrinos, amigos- como las que yo sostengo con bastante frecuencia con mis hijas, en las que ellas se muestran muy pesimistas respecto al futuro de la humanidad ante la intensidad creciente de esta guerra de doble dimensión que parece no tener una solución viable.

En realidad, la dominación, la opresión, las barbaries humanas permanecen en el planeta y se agravan. Es un problema antropo-histórico fundamental para el cual no hay solución a priori, pero sobre el cual hay mejoras posibles, y el cual únicamente podría tratar el proceso multidimensional que nos civilizaría a cada uno de nosotros, a nuestras sociedades, a la Tierra.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 69.

El padre del pensamiento complejo en su icónico libro acerca de los saberes fundamentales que debería asumir la escuela en este siglo nos plantea que todas estas realidades de opresión, dominación y barbarie siguen agravándose en todo el orbe y parecen no tener solución a priori. Sin embargo, él afirma que existen mejoras posibles que inician en la construcción de un proceso multidimensional que nos tendría que civilizar a las personas, a las sociedades y a todo el planeta.

Ante el pesimismo y la desmoralización de las nuevas generaciones conscientes y comprometidas con el cambio profundo pero muchas veces impotentes y desconcertadas ante la falta de respuesta de las clases dirigentes y de los gobernantes de todo el mundo, habría que recalcar y asumir plenamente la idea de Morin, expresada al final del volumen quinto del método –La humanidad de la humanidad- en el que ante el planteamiento de preguntas acerca de la posibilidad de regenerar esta realidad destructiva y de salvar a la humanidad, realizándola, afirma con plena convicción que en el futuro de la humanidad “nada está escrito, tampoco lo peor”.

Asumir esta postura de esperanza realista en el contexto de desesperanza implicaría creer, descubrir, construir y echar a andar esas mejoras posibles aunque sean pequeñas y poco espectaculares para empezar a avanzar ante esta situación de emergencia. Empezaría, en el ámbito educativo por construir una escuela que abrazara la noción de Tierra-patria y educara en la identidad terrenal promoviendo una ética del género humano.

Más que plantear –como se está haciendo en esta nueva (contra) reforma educativa- la idea de una “Nueva escuela mexicana” (NEM) que aún no está definida pero en sus primeros esbozos deja entrever una vuelta a la visión de un sistema educativo que mira exclusivamente hacia dentro del país e ignora por completo la realidad global en la que hoy se vive, habría que pensar en una “Nueva escuela planetaria” en la que educáramos mexicanos con una identidad propia pero abierta al mundo, con un compromiso gloncal, como lo llamaba el Dr. Xabier Gorostiaga para referirse a una responsabilidad compleja que abarca simultáneamente lo local, lo nacional y lo global.

la Humanidad dejó de ser una noción sin raíces; ella se enraizó en una «Patria», la Tierra, y la Tierra es una Patria en peligro. La Humanidad dejó de ser una noción abstracta: es una realidad vital ya que desde ahora está amenazada de muerte por primera vez. La Humanidad ha dejado de ser una noción solamente ideal, se ha vuelto una comunidad de destino y sólo la conciencia de esta comunidad la puede conducir a una comunidad de vida; la Humanidad, de ahora en adelante, es una noción ética: ella es lo que debe ser realizado por todos y en cada uno.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 69.

Porque como plantea el pensador francés, la humanidad ya no es un concepto abstracto o meramente biológico sino una realidad concreta enraizada en la Tierra como Patria, como una patria que está en peligro. La humanidad es ahora una realidad vital, un dinamismo de búsqueda de vivir para vivir que está amenazado de muerte. Por ello la humanidad se ha vuelto una comunidad de destino y un imperativo ético a ser realizado por todos.

De manera que como planteo repetidamente en mis cursos y conferencias para profesores, si educamos a un alumno, vamos a llamarle Pablito, tenemos que pensar en la formación de Pablito como individuo único e irrepetible, como miembro de una familia y una comunidad local, como mexicano y como terrícola, es decir, como miembro de la especie humana y corresponsable de su destino.

Como tales y conjuntamente, una política del hombre, una política de civilización, una reforma de pensamiento, la antropo-ética, el verdadero humanismo, la conciencia de Tierra-Patria reducirían la ignominia en el mundo.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 69.

La Nueva escuela planetaria tendría que trabajar por una política del ser humano, por una política de la civilización –entendida de forma compleja y humanista-, por una reforma del pensamiento que aterrizaría en un nuevo planteamiento curricular, por una antropo-ética y un verdadero humanismo a la altura de nuestros tiempos.

Ojalá iniciemos este nuevo ciclo escolar con plena conciencia de los gravísimos peligros en los que se encuentra la humanidad en el planeta y con la convicción de que necesitamos construir una Nueva escuela planetaria que forme ciudadanos del mundo que a la vez se asuman plenamente como mexicanos, como miembros de su comunidad y como personas que buscan un proyecto de realización personal que no puede pensarse desconectado del destino común de la humanidad.

 

*Foto de portada por: Marlene Martínez

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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