La educación moral y nuestro lado oscuro
La cara negativa de la educación tiene que ver con la formación moral a partir del reconocimiento y el trabajo con nuestra sombra
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
13 de agosto, 2019
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Foto tomada de PxHere

Martín López Calva

“Pero el crecimiento continuo parece ser raro. Existen desviaciones ocasionadas por necesidades neuróticas. Hay que contar con la negativa a abandonar rutinas en las que la persona se ha instalado[…] se dan también esfuerzos erróneos para apaciguar una conciencia intranquila mediante la ignorancia, la minimización, la negación o el rechazo de valores superiores […] así se puede llegar a odiar lo que verdaderamente es bueno y a amar lo que realmente es malo. Esta calamidad no se limita a los individuos. Puede afectar también a grupos, a naciones, a bloques de naciones y aun al género humano”.

Lonergan, Bernard. Método en teología, 1988, pp. 45

La columna de la semana pasada se ocupó de la educación moral en los tiempos oscuros que vivimos. Se planteó ahí la necesidad de formar seres humanos capaces de pensar bieny de sentir bienpara poder tomar buenas decisiones en un contexto en el que, como decía un filósofo de la antigüedad, lo complicado no es hacer el bien sino identificarlo.

Hoy vamos a analizar la otra cara de esta moneda: la educación moral relacionada con nuestro propio lado oscuro, con esa sombra que tenemos todos los seres humanos, los grupos humanos, las sociedades humanas.

Porque, si bien el lado luminoso o positivo de la educación moral en los tiempos oscuros que corren consiste en desarrollar la conciencia moral de los sujetos  –de manera que sean capaces de analizar la forma en que toman sus decisiones y mejorarla a través del ejercicio de su pensamiento y de su sentimiento–, existe también la cara negativa, el reverso de esta medalla que tiene que ver con la formación moral a partir del reconocimiento y el trabajo con nuestra sombra, con el ángulo negativo del que nadie está exento.

Como afirma Lonergan en la cita que abre la Educación personalizante de hoy, el crecimiento continuo de los seres humanos es muy raro porque existen casi siempre desviaciones ocasionadas por necesidades neuróticas. Existen esfuerzos infructuosos de búsqueda de formación que chocan con la negativa de las personas a abandonar rutinas en las que están instaladas y donde se sienten seguras, aunque sean muchas veces autodestructivas o destructoras del entorno.

También se presentan intentos de calmar la conciencia intranquila a través de la pretensión de ignorar, minimizar o negar lo realmente valioso. Así, se llega incluso a odiar lo que es verdaderamente constructivo y humanizante, y a exaltar o amar lo que es realmente destructivo y malo.

            Como afirma el filósofo, esta calamidad no se da solamente en las personas individuales sino que tiende también a instalarse en grupos, naciones, bloques de naciones o en la humanidad en su totalidad. Es el caso, por ejemplo, de lo que Galtung señala en el tema de la violencia en sus dimensiones estructural y cultural. Se trata de aberraciones individuales, grupales, sociales y generales que responden a este lado oscuro que tenemos todos los seres humanos, y que llega muchas veces a dominar nuestra conciencia por encima del auténtico deseo de elegir lo que es realmente bueno o humanizante.

 

“Los espíritus corrompidos tienen una habilidad instintiva para escoger la solución errónea y para insistir en que ella es la única inteligente, razonable y buena”.

Lonergan, Bernard. Método en teología, 1988, pp. 59

Se plantea, entonces, la posibilidad de que se vaya instalando una corrupción generalizada en la conciencia de las personas y, como afirma esta cita, los espíritus corrompidos desarrollan una habilidad para escoger siempre la solución equivocada, así como para convencerse de que esta solución es la única inteligente, razonable y buena. En la historia de personas, grupos de países y en la historia de la humanidad, en general, encontramos muchos ejemplos de espíritus corrompidos, ya sea representados por los grandes villanos o por sociedades, países y bloques de países que se constituyen en verdaderas amenazas para la supervivencia y el desarrollo de la humanidad en el planeta.

La cara opuesta pero complementaria de la educación moral en estos tiempos de incertidumbre tiene que ver con el trabajo necesario para facilitar el proceso por el cual cada persona, cada educando, cada grupo, vaya haciendo conciencia de este lado oscuro e identificando en sí mismo, o en la sociedad y el mundo en el que vive, estas tendencias aberrantes. Desarrollando, de esta forma, una capacidad autocrítica para trabajar –sea por sí mismo, o con ayuda profesional de psicólogos clínicos o sociales– estas sombras.

“Lonergan concluye […] que al lado del desarrollo hay además aberraciones de los sentimientos, y que es mucho mejor tomar una conciencia plena de nuestros propios sentimientos –no importa lo deplorables que ellos puedan ser–, que barrerlos hacia afuera, sobre-regularlos, ignorarlos”.

Conn, Walter. Conscience Development and Self-Transcendence, 1981, pp. 149

Como ya he señalado en otras ocasiones, una buena parte de la educación moral tiene que ver con la educación emocional pues, como afirma Lonergan, el valor se aprehende en los sentimientos. Por eso hablamos, en el lado positivo de la educación moral, de educar para sentir bien.

Sin embargo, también se dan aberraciones de los sentimientos en los sujetos y en los grupos. Así, como dice esta cita de Conn, desde la perspectiva de Lonergan, es mucho mejor tomar conciencia plena de los propios sentimientos, incluso de los más deplorables y negativos, que barrerlos hacia fuera, sobre-regularlos o ignorarlos.

Desafortunadamente, existe una tendencia dominante hacia la negación, la ignorancia o la exclusión de todos los sentimientos negativos –que surgen de nuestro lado oscuro– en lugar de reconocerlos e integrarlos como parte de nuestra existencia y de la complejidad de la toma de decisiones.

El mundo de “lo políticamente correcto” hoy nos plantea la meta de sentir solamente cosas positivas o “bonitas” para poder construir una vida agradable y exenta de conflictos. No obstante, los sentimientos que son producto de la aberración de la conciencia son, a su vez, parte de nuestro tejido afectivo y no podemos dejarlos a un lado.

En el campo educativo también existe la tendencia a sobre-regular estos sentimientos negativos como solución para una buena formación humana. La respuesta está, más bien, en “una conciencia plena de nuestros propios sentimientos, no importa lo deplorables que ellos puedan ser” para poder integrarlos en nuestro proceso de construcción existencial.

Esta es una parte importante de la educación moral desde el ángulo de nuestro lado oscuro como seres humanos, y tiene que ser considerada si no queremos seguir viviendo la escuela bajo modelos abstractos e inoperantes de educación, reflejados en valores que asumen que los seres humanos son buenos por naturaleza y carecen de este lado oscuro y de estas aberraciones afectivas.

La educación personalizante es la formación de sujetos humanos completos, lo que incluye la parte humanizante y deshumanizante de cada uno de nosotros.

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..