Diana Jiménez

“Atención, necesitas tener ojos firmes

A este sol, a esta oscuridad

¡Atención!

Todo es peligroso 

Todo es divino maravilloso”.

Caetano Veloso, “Divino Maravilloso”

“¡Atención, ojos firmes y fuerza!”, nos dice Mónica Amieva Montañez recordando la canción de Caetano Veloso, después de valorar el papel de la educación artística en nuestros días. 

Amieva se ha especializado en los experimentos del letrismo, la Internacional Situacionista (IS) y los modelos de pedagogía crítica contemporáneos. Es miembro fundador de la Plataforma Arte Educación (PAE) y ha colaborado en instituciones de formación artística como SOMA, la Universidad Iberoamericana (CDMX) y la Academia de San Carlos (UNAM). 

También se desempeñó como curadora pedagógica en la 4ta edición del Programa BBVA Bancomer-MACG Arte Actual; en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo; en la Colección Peggy Guggenheim en Venecia; y en el Proyecto Meteoro/Escuelas de Oficios. Actualmente, es subdirectora de los Programas Públicos del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC). Así, hemos conversado con ella sobre sobre la situación y las posibilidades de la educación artística en México.

Mónica Amieva en el Laboratorio de Mediación de Curaduría Pedagógica, en la XIII Bienal Femsa. Imagen tomada de: https://www.bienalfemsa.com/laboratorio-de-mediacion-curaduria-pedagogica/

Particularmente, en Puebla hemos sido testigos del incremento de programas de educación artística que han demostrado no ser efectivos en la vinculación de sus estudiantes con las necesidades inmediatas de la localidad, haciendo de la práctica artística algo ajeno a la cotidianidad. En el caso del MUAC, es notorio el esfuerzo que se ha realizado para funcionar como una extensión educativa, no solo al interior de la universidad sino también en el exterior. 

Amieva nos compartió que, desde su concepción, el museo buscó la interlocución con los diversos agentes que llegan a este, patente en su diseño arquitectónico, cuyas transparencias y espacios de convergencia social (como Ágora), permiten la interacción afectiva y significativa de los visitantes, necesario en una pedagogía crítica. 

Paralelamente, el museo experimentó una serie de procesos de proximidad –con el público en general– con la creación de la subdirección de Programas Públicos, emergiendo diversas propuestas como Campus Expandido, el programa Intervenciones Críticas desde el Arte Contemporáneo (ICDAC) o el proyecto Tejiendo Santo Domingo, cuyo propósito fue propiciar un tipo de unidad urbana con uno de los barrios más cercanos a la Universidad. 

Estas propuestas, en voz de la subdirectora, les ha llevado a descubrir “la relevancia de los procesos de largo aliento y cómo estos requieren compromiso, redes de apoyo, autogestión, riesgo y una apertura a las necesidades y urgencias del contexto”. 

Por otra parte, el equipo del museo observó que “la educación artística al estimular la imaginación y la empatía, pero también la distancia crítica, puede estar al servicio del diagnóstico de las urgencias culturales, sociales y políticas”. Por esto, en febrero de este año, en el MUAC se realizó un foro sobre “pedagogías de la contingencia”. 

Si bien, en su acepción más habitual, la contingencia se relaciona con algo “urgente”, en esta ocasión sirvió para argumentar que ningún orden social es necesario u obligatorio, al contrario, es susceptible de ser transformado.

Imagen del Encuentro Internacional Pedagogías de la Contingencia. Tomada del sitio web del MUAC.

De esta manera, la contingencia señala las transformaciones necesarias en el contexto social y político, e intenta “generar experiencias que detonen el pensamiento creativo como motor de aprendizaje”. En este sentido, “el principio de la contingencia nos lleva a sospechar de los órdenes dados y a recordar nuestra capacidad de transformar el mundo y desmontar sus órdenes”. 

En esta línea de incentivar un conocimiento crítico, en Puebla han emergido proyectos autogestivos que tienen por objetivo reflexionar y activar otras subjetividades políticas, implicando la enseñanza artística. Sin embargo, no existe una apuesta común que señale las principales problemáticas sociales a trabajar en colectivo, y esto parece dificultar que se pueda generar una forma de resistencia organizada desde la autogestión.

Respecto a este panorama, Amieva señala que si bien hay iniciativas que “sí logran crear espacios de disenso y fórmulas de articulación entre comunidades y generaciones locales, no necesariamente promueven formas de resistencia sino de visibilidad y legitimación”. En gran medida, esto se debe a que muchas de las iniciativas ligadas al arte contemporáneo, que emanan de las jóvenes generaciones, están marcadas por su estado transitorio dentro del mismo sistema artístico y político que no permite su legitimación. 

Desde la perspectiva de la Internacional Situacionista, la ideología dominante redujo la juventud a una eterna rebelión que renacía en cada generación. Para Amieva, “lejos estamos de pensar, como los letristas, que la potencia revolucionaria de la juventud constituye lo externo o excluido de la economía del mercado”.

Portada del libro Internacional Situacionista. Textos íntegros en castellano de la revista Internationale Situationniste (1958-1968) (Madrid: Literatura Gris, 1999).

Sin embargo, la experiencia juvenil como un sinónimo de rebeldía, en tanto potencia y lucidez, puede demostrar lo contingente del sistema y reinventar los órdenes dados. Por desgracia, nos mantenemos ajenos a esta potencialidad creativa que, como había avistado la IS, se debe a “la despolitización/amnesia de la memoria histórica”; consecuencia de la audiovisualización de la cultura, cuyas nuevas coordenadas espacio-temporales nos colocan en un presentismo que bloquea nuestra capacidad tanto de recordar como “de imaginar y re-imaginar otros futuros”. 

Estas transformaciones, estéticas e históricas, han sido utilizadas por las esferas del poder para la creación de un orden social donde se excluye la experimentación artística como ejercicio de imaginación política. Por lo menos, en los últimos sexenios, no se han promovido nuevas instituciones ni reformas importantes en la educación artística. 

Esto responde a la falta de autocrítica en las instancias públicas, y deviene en una agencia política que ha anestesiado la potencia del arte en el mero lujo y ocio refinado de las clases que poseen el “tiempo libre” para su disfrute, negando el valor social del arte y su aportación cognitiva para un pensamiento crítico.

Imagen del Encuentro Internacional Pedagogías de la Contingencia. Tomada del sitio web del MUAC.

Todo esto no sólo se refleja en los vacíos de la educación formal sino también en la ausencia de un marco jurídico que se materialice en un derecho cultural. Amieva señala que “si bien las instituciones privadas podrían apoyar esa responsabilidad de fortalecer programas de educación artística en escuelas o museos, se trata de una responsabilidad pública y una tarea pendiente, que esperemos que la 4T pueda atender”.

Así, el panorama en esta nueva administración no resulta prometedor, ya que desde la perspectiva de Amieva se “apunta no sólo a una apatía sino a un desdén por la masa crítica de nuestro país”, con gestos como la invitación al artista Gabriel Orozco para encabezar el proyecto cultural de Los Pinos, que contradice la retórica de la Secretaría de Cultura de estimular los proyectos comunitarios y las propuestas que transformen los públicos en actores culturales, derivando en un claro conflicto de interés.

Estas contradicciones se han expresado en el emprendimiento de reformas educativas que responden a la demanda del mercado y no a las necesidades sociales. Ante estos cambios en los programas educativos, Amieva llama la atención a la constante presencia de los conceptos “investigación artística” y “producción de conocimiento”, concepciones que deben someterse a debate; y llama a “preguntarnos si  esta ‘tendencia’ o marca de la economía del conocimiento –muchas veces instrumental y ajena a la dimensión afectiva de la producción de saber– responde también a la necesidad de justificar el valor social del arte”.

Cartel “Fin de la Universidad”, del Consejo de Mantenimiento de las Ocupaciones, difundido por la Internacional Situacionista entre universidades en París en 1968.

En una sociedad ordenada bajo el discurso del capitalismo cognitivo, tenemos la tarea de resolver si la educación artística nos permite conocer y/o reconocer el mundo pero, sobre todo, preguntarnos: “¿A qué estructura de poder e ideología beneficia esta fábrica de conocimiento?”.

Por el momento, es necesario exigir a la educación artística un espacio que aliente la creatividad crítica, cuyas transparencias “constituyan una especie de música de fondo para elucidar de qué manera co-generar contenidos y visibilizar públicamente problemáticas ciudadanas […] así como el fortalecimiento de la participación, la cooperación en comunidad y la importancia de la repolitización de la memoria histórica desde estrategias artísticas”. 

La pedagogía de la contingencia sirve de base para la configuración de ese espacio translúcido, trabajando desde la transdisciplinariedad, la autocrítica y lo colectivo, para poder mirar y transformar lo peligroso y maravilloso de nuestro presente.

***

Diana Jiménez, estudianta por coincidencia, pasando por las mejores instituciones públicas y privadas: la casa, la escuela, la calle.

 

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