Dai Sombra: una feminista brasileña que no se va a quedar callada

Dai Sombra: una feminista brasileña que no se va a quedar callada

Ilustración: Alma Ríos
Tatiana Rojas Sánchez | Distintas Latitudes

“Europa no quiere reconocer la historia del pasado” fueron las palabras de una mujer feminista, negra, migrante, librera, capoeirista y activista durante la proyección de la película Human, en un café en la ciudad de Barcelona un día de abril de este 2019. Fue la primera vez que la vi y escuché su voz. Era Dai Sombra.

Daiana Carla da Silva e Silva, más conocida como Dai Sombra, pertenece a Mujeres Brasileñas contra el Fascismo en Barcelona. Dai tiene 35 años, usualmente sonríe y suele usar accesorios coloridos, como aretes grandes. Tiene ojos achinados y su mata de pelo —negrísimo y afro— la lleva suelta.

El primer encuentro que tuve con Dai fue particular: éramos tres mujeres latinas y migrantes en la sala de proyección con la mirada enfocada en Human, un documental que le ha dado vuelta al mundo y que retrata la condición humana a través de testimonios de dos mil personas entrevistadas en 60 países diferentes. Dai estaba junto a mí: sonreía y sus ojos brillaban con la luz del proyector.

Seguí la pista de Dai. Nuestro segundo encuentro ocurrió en la exposición fotográfica: Mujeres negras viviendo en un mundo paralelo de la periodista dominicana Katherine Reyes.

Ese día vimos 20 fotografías que abordan los estereotipos “aceptados comúnmente por la sociedad blanca, desde una posición de supremacía e invisibilización y de poca importancia a una realidad de las mujeres negras”, según el texto que reposaba en el inicio del recorrido de la exposición.

Dai era una de las mujeres fotografiadas y por ello, durante la exposición, Katherine le permitió leer unas palabras. Dai sonrió y habló duro:

“El paralelo es una línea que coexiste y construye otra realidad. Nosotras las mujeres negras somos esa realidad. Y en esa otra realidad existe el silencio. Un silencio impuesto por la sociedad. La imposibilidad que nuestra historia sea contada por nosotras mismas.

El otro paralelo nos impone una identidad universal, nos quita la singularidad como personas y nos encadena en una historia única llena de prejuicios, erotismo, falta de intelecto, vanidad y desvalorización.

Katherine nos enseña ese paralelo y nos invita a estrechar más la distancia que se creó y que ya es hora de romper […] La fotografía proporciona esos cuestionamientos para fomentar de manera positiva un cambio en el prisma de todos y todas presentes y para toda la sociedad, Los invito a cruzar la línea”.

Todos los presentes aplaudieron y las seis mujeres negras y latinas que hicieron parte de la exposición se abrazaron.

Para Dai Sombra el feminismo y la capoeira son clave. Foto: Tatiana Rojas Sánchez

He frecuentado a Dai durante cuatro meses, así he aprendido a distinguir cosas en ella: siempre lleva las uñas arregladas y tiene como manía llevar en su mochila un libro; su favorito es el que esté leyendo en ese momento. Tiene la energía de una adolescente. Dai camina con la mirada hacia al frente, nunca hacia abajo. Los curiosos miran su pelo, hacen comentarios y hay personas que se acercan a tocárselo, sin preguntar, invaden su cuerpo.

“[…] A los 15 años me hice dreads en todo el pelo. Tenía rabia y mi manera de rebelarme contra la sociedad fue esa: mi pelo siempre fue un camino de autoestima”, me comentó.

Dai es de Río de Janeiro​, Brasil. Llegó a España en 2001, cuando tenía 17 años. Su principal razón de migrar fue venir a dar talleres como profesora de capoeira y bailes culturales. Pero también a probar suerte, con la convicción plena de buscar y tener una vida mejor, como cualquiera que deja su país, su tierra.

Por esa época, había terminado el bachillerato y su familia no tenía dinero para pagar la universidad. Su ilusión fue venir a aventurar y trabajar para ahorrar y poder pagar sus estudios. Al final, el tiempo fue transcurriendo y se quedó por varios años.

Una tarde de este 2019, mientras la acompañaba a arreglarse las uñas en su peluquería favorita, atendida por mujeres brasileñas, Dai contó que esa mañana había discutido con una señora que habita el mismo edificio que ella porque siempre le pregunta en qué piso vive y por qué tiene llaves para entrar. La mujer que le pintaba las uñas se enfureció y comentó: “A mí eso no me pasa porque yo soy una brasileña blanca y me ven como extranjera hasta que me escuchan hablar”.

Entonces pregunté a Dai qué significa ser mujer negra migrante en España. Y ella respondió:

“Es estar todo el tiempo conviviendo con la idea del egocentrismo. Aquí están tan eurocentralizados que todo lo que esté lejos del ideal del pensamiento de ellos, sea de intelecto, de belleza, o cualquier aspecto diferente, es raro. Todo el tiempo te están recordando que el color de tu piel, tus rasgos o la manera con que la que hablas no te hace de aquí”.

Esa misma tarde, mientras elegía el color que quería para sus uñas, Dai me habló de su infancia y me confesó que los comentarios que más le han dolido y aún son cicatrices imposibles de sanar.

 “Eres una niña fea. Eres una negra y hueles mal. ¿Por qué tu pelo es así? A partir de eso yo empecé a construir herramientas de protección y ataque. Tú en un principio te reconoces como ser humano, pero es la sociedad quien te pone como una persona negra”, relató.

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