Se acabó el mundial, no el futbol

Se acabó el mundial, no el futbol

Foto tomada de FIFA / Getty Images
Mariana Solana Filloy

Se acabó la Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019. Estados Unidos se coronó por cuarta ocasión venciendo 2-0 a Holanda. Repito, se acabó el mundial, pero no se acabó el futbol. 

Este torneo fue algo sin precedentes para el futbol femenil: se rompieron récords de muchos tipos y se lograron cosas que jamás se habían alcanzado. La cantidad de asistentes a los estadios, televidentes y mercancía vendida superaron los números del 2015, igual que el número de publicaciones, tuits e historias relacionadas al mundial. Pero les voy a contar de otros logros que para mí fueron más significativos. 

Este domingo, por primera vez desde que sigo el futbol femenil, me organicé con mis amigos para ver la final juntos, y lo que me hace todavía más feliz, es que no fui yo quien lo propuso. Para iniciar la semana, me pagaron una apuesta que gané por escoger a la selección de Estados Unidos como ganadora; la pagó Daniel, un amigo que después de haber visto los partidos, le apostó a Holanda. Siempre he hecho quinielas, pero nunca había tenido rivales. 

Cada día de partido, durante la hora de la comida en el trabajo, vi los juegos con mis compañeros y amigos. A algunos no les quedaba de otra porque siempre lo ponía, pero otros se interesaban, preguntaban y buscaban información de las jugadoras y equipos. Vi las semifinales con todo el equipo de mi área de trabajo, apartamos el día y la hora, e incluso pedimos permiso a nuestra jefa para alargar nuestro tiempo de comida y ver los partidos completos. También fue la primera vez que recibí mensajes de amigos y familiares preguntándome sobre horarios, jugadoras y resultados.

Escuchar a otros decir: “qué pantalones tiene Rapinoe”, “qué manera de jugar de Asllani” o “qué golazo metió White”, me hace confiar en que vamos por buen camino; que esos logros que parecieran pequeños son la muestra más real de que las cosas están cambiando. 

Hay que agradecer a las jugadoras que no sólo hacen magia en la cancha, sino que muestran valentía, coraje y corazón al pelear partidos muy importantes también fuera del campo. Mensajes de equidad, pago justo, no discriminación, fairplay, apoyo de las federaciones y muchos más estuvieron presentes en cada entrevista, cada conferencia de prensa y cada declaración. Ese coraje es el que está moviendo este deporte y el que debemos llevar a todos los campos. Es esa fuerza la que necesitamos mostrar a nuestras niñas y jóvenes, es ese corazón el que debemos admirar y seguir apoyando. 

El futbol femenil no sólo me ha dado entretenimiento y momentos de emoción deportiva, me ha dado referentes de mujeres capaces, fuertes, que luchan por algo más que ellas mismas. Por eso hoy, que el mundial se acaba, es importante hacer énfasis en que el deporte no termina. El futbol femenil está vivo siempre, no sólo cada cuatro años. Está vivo en nuestra Liga Mx que comienza su torneo de apertura este viernes. 

Está vivo en la liga de Estados Unidos que podemos ver en línea y, a partir del siguiente mes, en algunos canales de ESPN. Está vivo en las ligas de Francia, Inglaterra, Alemania o Australia. Está vivo también en la Champions League, en la She Believes Cup o la Algarve Cup. El año que viene tendremos el segundo torneo más importante para este deporte. Las Olimpiadas de Tokio 2020, en donde veremos a las más grandes enfrentarse nuevamente. 

Marta, la gran leyenda brasileña, declaró hace unas semanas que el futbol femenil depende de las jugadoras jóvenes, pero también depende de nosotros. Repito, por tercera o cuarta vez, termina el mundial, no el futbol femenil y está en nosotros mantenerlo en nuestro día a día, a través de nuestras conversaciones, nuestras redes sociales, nuestra audiencia.

Si tú ya eras un apasionado de este deporte espero que, como a mí, este torneo te haya llenado de esperanza, confianza y alegría. Si en este mundial te enamoraste o empiezas a conocer el futbol femenil, ¡BIENVENIDO! Seguirlo significa enojos de vez en cuando, muchos grandes ejemplos, alegrías, admiración pero, sobre todo, una inyección de coraje y fuerza cada vez que ves a las jugadoras entregar el alma en la cancha y también fuera de esta. 

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