Resentidas del género: de cómo usar términos feministas sin causar risa

Resentidas del género: de cómo usar términos feministas sin causar risa

Imagen: http://3.bp.blogspot.com
Samantha Páez

@samantras

Esta columna surgió de una frase que nos pusieron en las redes sociales del OVIGEM: “Cuándo ‘trabajas’ de resentida del género… y el sobredimensionamiento de la violencia de género” (sic). Sí, así como ustedes leyeron, trabajo de resentida del género. Esa frase me llevó a horas de reflexión –¿qué nos quiso decir ese buen onvre?– y de diversión, al ensayar las múltiples interpretaciones.

Después de releer muchas veces el comentario pasaron dos cosas: la primera es que me puse a buscar más frases que nuestros fieles seguidores –ustedes saben quiénes son, sigan leyéndonos– nos han dedicado en redes y, la segunda, es que me acordé de comentarios desafortunados de algunos actores políticos.

No les voy a poner todos los comentarios que me dieron risa, pero sí les voy a mencionar algunos y también –agradézcanlo, chavos– les voy a explicar un poquito algunos términos, para que no causen risa y se rompa su frágil masculinidad.

—Cuándo ‘trabajas’ de resentida del género… y el sobredimensionamiento de la violencia de género— (sic).

¡Uy!, por dónde empezar. Bueno, pues el género es un concepto que surge en la década de los setenta como parte de los estudios feministas, donde se considera que el sexo –entendido como las características biológicas– no es suficiente para explicar las diferencias entre hombres y mujeres.

El género, dice Alicia Puleo, «es el carácter construido culturalmente, de lo que cada sociedad considera masculino o femenino»; es decir, el género es una construcción cultural y social de lo que se considera –en determinado grupo– que ‘debe ser’ una mujer o un hombre.

Respecto al sobredimensionamiento de la violencia de género, no hay tal, la violencia de género sí es muy grave y está en todos los niveles. Entonces no creo que exageremos, es más, me parece que no se conoce el tamaño real de la violencia y desigualdad que sufrimos las mujeres, porque en una sociedad machista hay prácticas que están muy normalizadas. Por ejemplo, la publicidad sexista (hablo más de ella en mi columna anterior).

— Faranduliza… qué graciosas palabras usan las feministas radicales—.

El término de farandulización, que obvio no nos inventamos (aquí un texto muy bueno del contexto argentino), se refiere a cuando los medios de comunicación presentan la información referente a la violencia de género como un espectáculo o una farándula.

José María Calleja, en su libro Cómo informar sobre la violencia machista, nos dice sobre la farandulización: “se ofrecen enfoques morbosos, testimonios que no añaden información y que sí frivolizan el problema, se habla de los asesinatos machistas como si fueran un suceso”.

Con respecto al feminismo radical, del que por cierto ya hablamos una vez, surge también en los años sesenta buscando ahondar en las relaciones de poder en los ámbitos privado y público. El feminismo radical es radical no como sinónimo de violencia, sino como una forma de cuestionar y repensar los sistemas de sistema sexo-género, la cultura, la educación, la sexualidad, la pornografía y la prostitución.

—Uh, definición de hembrismo, curioso que te hagan gracia los crímenes contra los hombres… Ah cierto, que el victimismo y el reparto de pins “feminista hegemónico” solo lo podéis usar las elegidas —(Vieron, tenemos comentarios internacionales o de tipos del siglo XVI).

El hembrismo, que suele definirse como misandria, esto es, el odio o aversión a los hombres tan sólo por ser hombres, no tiene nada qué ver con el feminismo. Las feministas no odiamos a los hombres, no los violentamos de manera sistemática, entonces el hembrismo o la misandria serían casi un mito (aquí un ejercicio muuuy divertido de cómo no existe el hembrismo). Lo que sí aborrecemos es que se piense que las mujeres somos seres inferiores y que está bien que no podamos acceder a los derechos humanos básicos.

En cuanto al feminismo hegemónico es una crítica que hacen las feministas no blancas –como son las afrodescendientes, latinas, indígenas o asiáticas– a ciertas corrientes y acciones que las excluyen. Entonces si no eres una mujer afro, latina, indígena o asiática, en definitiva, no te corresponde hablar de feminismo hegemónico.

—Te pensas (otro extranjero que nos comenta) que este grupo de descerebradas te van a escuchar, es como intentar de enseñarle a un pescado a hablar, y luego no se le puede decir feminazis o hembristas—.

Para empezar, los pescados no pueden hablar, pero tampoco pueden hacer nada porque están muertos. Pasando a otro punto, les digo –sí, aunque les duela– las feminazis NO EXISTEN. Que les parezca violento que exijamos nuestros derechos o que evidenciemos sus privilegios, no es nuestra culpa.

—No vendan humo, también han eistido mujeres que han ejercido el poder, patriarcado viene de Levi Strauss y no es sinónimo de “masculinidad tóxica”—.

Supongo que es “existido”, pero bueno ¿por qué tendríamos que tomar la supuesta definición de patriarcado de un hombre, habiendo tantas mujeres brillantes que explican ese término? Y fíjense, la antropóloga francesa Françoise Heritier, que justo estudió con Levi Strauss, probó que la violencia machista no es natural.

Según Marta Fontenla, el patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales y políticas, donde los hombres de manera individual o colectiva oprimen a las mujeres, las despojan de poder decidir sobre sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos (como la persuasión o la propaganda) o mediante el uso de la fuerza.

El patriarcado entonces sí sería sinónimo de “masculinidad tóxica”, ¿qué hay más tóxico que subyugar a la mitad de la población de la Tierra y negarle sus derechos?

Les dejo dos bonus, que no nos escribieron a nosotras, pero que sí me tocó oír en una sesión del Congreso del estado.

—¿Por qué tenemos que tolerar un ambiente en donde todo sea feminista? Ojo con la supremacía feminista, que tampoco es por ahí— dijo el Diputado Héctor Alonso Granados.

La «supremacía feminista», como el término de «feminazi», NO EXISTE. Ese concepto busca desacreditar el movimiento feminista, comparándolo con una ideología discriminatoria que mató a millones de personas.

—No comparto ese clamor de decir ‘Muera el patriarcado’. Hay patriarcados que deben perdurar— expresó el Diputado José Juan Espinosa Torres.

Creo que el diputado no sabe, no quiere saber lo que es el patriarcado. Como ya vimos arriba, el patriarcado siempre, SIEMPRE, tiene que ver con la subordinación de las mujeres hacia los hombres, con relaciones desiguales entre hombres y mujeres, discriminación, y limitar el desarrollo personal de las mujeres.

Entonces, ¿quién quiere que el patriarcado perdure? Seguro algún onvre que no quiere que le toquen sus privilegios.

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