Idania del Río, la diseñadora cubana que irrumpió con Clandestina

Idania del Río, la diseñadora cubana que irrumpió con Clandestina

“Nuevos rostros de Cuba y América Latina” es una serie de 22 perfiles de jóvenes que están transformando la región desde distintos ámbitos: música, deporte, tecnología, derechos humanos, innovación, moda y más. Distintas Latitudes y la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas nos acercamos a ellos para ponerles nombre y conocer su historia.

Ilustración: Alma Ríos
Yaritza Hernández Barrera | Distintas Latitudes

En el número 403 de la calle Villegas, a par de cuadras del Capitolio, pueden escucharse al mismo tiempo los más disímiles idiomas: polaco, italiano, inglés, español. Es así en casi toda Habana Vieja, pero aquí los turistas no toman mojito ni compran souvenires con la bandera cubana o la imagen del Che Guevara, sino que eligen qué comprar entre camisetas, sayongas, jumperetas, fundas, carteles o jabas.

Estos  productos están a la venta en lo que fuera la sala de una antigua casa cubana que ahora está ambientada con paredes blancas, cierta tendencia minimalista y música alternativa. Al fondo, a la izquierda del inmueble, se imprimen slogans ya famosos: “99% diseño cubano” y “Actually, I am in Havana”. En la planta alta se exhiben otras piezas, hay un almacén y una oficina. Esta es la base de operaciones de Clandestina, la primera marca de ropa y tienda de diseño independiente en Cuba.

“Soy mamey y sirvo para hacer batido”, “Asere ya, gracias”, “Resistir y vencer” y “Se acabó el drama” son algunas de las frases que particularizan a los pulóveres de esa etiqueta habanera, que busca un punto medio entre lo local y lo global.

La marca que tanto ha gustado a nacionales y turistas se inspira siempre en algo cubano, ya sea una quemadera (una broma), una canción de reggaetón o un problema social e intenta hallar una conexión con discursos y tendencias universales. Es diseño que nace en la Isla, pero no aislado; se proyecta al mundo con un significado para los locales que también puede ser entendido desde fuera.

Detrás de todo eso está la diseñadora Idania del Río, una  joven delgada, pelo corto y crespo, de ojos claros; Idania no suele usar maquillaje ni adornos; tiene una cuantas canas que son casi la única pista de que ya cumplió 37 años; Idania es sencilla, a pesar de ser una emprendedora de éxito.

Actually, I am in Havana

Idania del Río nació en 1981 en San Miguel del Padrón, en el sureste de La Habana, pero pasó la mayor parte de su infancia en Cayo La Rosa, hoy provincia Artemisa, al oeste de la capital. Tenía 4 años cuando su mamá y ella se mudaron para el Pueblo Textil, un bloque de doce edificios construido en los años setenta por iniciativa de Fidel Castro para los trabajadores de la Textilera Ariguanabo, donde la abuela de Idania era costurera.

De ese pueblo medio fantasma, a dos kilómetros de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Idania no olvida las horas montando bicicleta a lo loco, pues no tenía  que preocuparse por carros pasando; también recuerda los guayabales y naranjales; y la escuela. Siempre le gustó ir a la escuela.

La abuela de Idania nunca imaginó que su nieta terminaría creando una tienda de ropa y que regresaría a Cayo La Rosa para instalar un pequeño taller con varias costureras de la localidad, quienes ahora se dedican a producir exclusivamente para Clandestina.

Lo cierto es que de niña a Idania le gustaba dibujar y quería ser artista plástica. Para ella fue traumático suspender las pruebas de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Fue su madre quien, en busca de soluciones y una carrera universitaria, la llevó al Instituto Superior de Diseño, ISDI. Idania asociaba diseño con máquinas e ingeniería, no le gustaba nada, hasta que llegó al edificio de Belascoaín, a cien metros de Carlos III, en la populosa Centro Habana.

En los años 90, la década cruenta del periodo especial —caracterizado por la crisis económica—, llegaba a su fin. “El ISDI estaba destruido”, cuenta Idania. “Creo que ahora se está cayendo también”. Sin embargo, le encantó lo que vio: el patio interior, la iluminación, los trabajos de estudiantes de primero y segundo año en las paredes. “Me gustó diseño, y dije, esto es lo que quiero”.

Desde su graduación del ISDI en el 2004, Idania ha ejercido la dirección de arte de proyectos de artes escénicas y diseño; además, durante dos cursos fue profesora y ha expuesto su trabajo en Cuba y países como Brasil, Perú, Ecuador, Francia, Estados Unidos y Alemania.

Trabajó dos años en Uruguay, en un estudio de animación e ilustración. Le gustaba la sociedad, el país, “muy parecido a Cuba en un sentido y muy diferente en otros, por supuesto”.  Sentía que estaba en un lugar fantástico, pero una coyuntura emocional y profesional resultó decisiva.

“Primero mi mamá estaba enferma, yo soy única hija, y eso me empezó a pesar. Segundo, sentía que me faltaba, que yo no había encontrado mi historia, estaba buscando. De pronto me dio por eso, regresé”, relata Idania.

En 2009 Idania volvió a Cuba diferente, tenía otras perspectivas, otras intenciones. Se enfocó entonces en tener su estudio y terminó en una casona del Vedado, el corazón de La Habana moderna, donde varios artistas plásticos creaban. Allí, se concentró en construir su estilo, su historia. 

En medio de varios proyectos, sobre todo de diseño gráfico, Idania conoció a Leire Fernández, una española que trabajaba con la UNESCO en el desarrollo de una campaña de bien público. Después de colaborar en varias iniciativas, diseñadora y filóloga formaron una dupla que funciona muy bien.

Esa unión representó el inicio de Clandestina.

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