Hotel Mumbai. Un docudrama del horror humano

Hotel Mumbai. Un docudrama del horror humano

Foto tomada de YouTube
Héctor Jesús Cristino Lucas

20 de abril de 1999. Recordado como uno de los episodios más trágicos en la historia de América sobre atentados perpetrados dentro de escuelas en Estados Unidos, marcaría un impactante hito, ya que luego de esta fecha se irían registrando acontecimientos similares en la historia del país; un mal terrible que aún continúa.

Desde entonces, varios directores nos han mostrado diversas visiones y versiones tanto de la tragedia histórica que marcó este suceso, como del drama social que empujó a Eric Harris y Dylan Klebold –los responsables del atentado– a llevar acabo semejante atrocidad. Así como ellos habrían querido desde el principio al confesar que su “hazaña” debía pasar a la pantalla grande.

Desde la dramática y verídica Dawn Anna (2005) de Arliss Howard centrada en la lucha de una particular familia que fue marcada ante este suceso, hasta la moralista Im Not Ashamed (2016) que, si bien presume de ser basada en hechos reales, fue modificada en ciertos aspectos para vendernos un mensaje cristiano y hasta cuestionable con su versión.

Pero yo me me quedo con Elephant (2004) de Gus Van Sant. Nada es más aterrador que seguir de cerca las espaldas de cada involucrado, sea víctima o victimario, y sufrir con él de manera personal cada uno de los hechos. Mientras que con su título te insinúa aquella frase inglesa conocida por todos como “elephant in the room” (elefante en la habitación) para remarcar los enormes problemas que todos –por alguna razón– deciden ignorar. En este particular caso, así como de una nación y una sociedad.

Es 2019 y se cumplen 20 años de este terrible atentado. Las investigaciones, los testimonios y la información recabada desde entonces, es basta. Un enorme y detallado registro del que, a pesar de haber pasado tanto tiempo, aún se siguen conociendo detalles.

11 de septiembre de 2001. La fecha que no amerita mayor explicación más allá de un par de líneas: Dos aviones comerciales secuestrados y dos torres sobre Nueva York que ardían en llamas. Todo ojo en el mundo lo vio.

Más de 3,016 decesos y hasta 6,000 heridos como cifras oficiales; la destrucción de edificios en todo el complejo del World Trade Center incluida las Torres Gemelas, otro más en el Pentágono. La red de terrorismo Al Qaeda como responsable y el nacimiento de lo que el propio Gobierno de EU llegó a denominar como “la guerra contra el terrorismo”.

Libros, documentales y, por supuesto, películas nacieron después como una suerte de registro sobre el horror no sólo de una nación, sino del mundo entero. No como una muestra de los problemas gubernamentales y políticos de un país, sino como la radiografía sobre uno de los acontecimientos más descarnados de la historia de la humanidad.

Desde la patriótica World Trade Center (2006) de Oliver Stone hasta el documental conspiranoico Fahrenheit 9/11 (2004) de Michael Moore y sus cuestionamientos al sistema de seguridad americano. Desde la recreación verídica del vuelo 93 de United Airleines en United 93 (2006) de Paul Greengrass hasta la fabulosa cinta antológica 11’09»01 – September 11 (2003), con once cortometrajes de once directores diferentes ofreciendo una visión personal e intimista del suceso.

Todos y cada uno de ellos dedicados a no olvidar EL ATENTADO. Volverlo parte de nosotros; hacerlo personal. Jamás dejarlo en el olvido.

Pero… ¿qué hay de los acontecimientos que ni siquiera podemos recodar como referentes inmediatos? De esos que pasan de largo como una estadística más o un simple titular en las noticias. ¿Qué hay de los sucesos trágicos que parece no ocurrieron, ni dolieron por no ser parte de Occidente?

Eso es justamente lo que parece cuestionar el productor, escritor y director australiano Anthony Maras con nada menos que su ópera prima Hotel Mumbai (2018). Una película dedicada a resaltar uno de los más trágicos atentados jamás vividos en la historia de la India, y ofrecer un homenaje a todas esas vidas que se perdieron; a los que fungieron como grandes héroes anónimos en lo que injustamente, de este lado del charco, se ha vuelto el “atentado invisible”.

Ocurrió en noviembre del 2008 en la ciudad costera de Bombay, India. Un grupo de paquistaníes, miembros del grupo islámico yihadista, Muyahidines del Decán, cometieron una serie de 12 atentados terroristas comandados por otros vínculos externos que cobraron la vida de 173 personas –incluyendo extranjeros– en la Estación ferroviaria Chhatrapati Shivaji, el restaurante turístico Leopold Café, y dos hoteles de cinco estrellas: el Oberoi Trident y el Taj Mahal Palace and Tower.

Basado en el impactante documental de Victoria Midwinter Pitt, Surviving Mumbai (2009), la película de Anthony Maras se centra en los atentados ocurridos dentro de este último recinto mientras expone a manera de drama los desesperados intentos tanto del personal del hotel, como de los propios rehenes, por sobrevivir ante el ataque terrorista con todo lo que tienen.

¡Y vaya película que nos han regalado! Maras, siendo un director emergente, pero con una ópera prima de la talla de Hotel Mumbai, me ha dejado extremadamente sorprendido. Esta no es una película más de atentados y “acción” con el feeling hollywoodense que uno esperaría. Es, de hecho, un docudrama que es capaz de cumplir como un espectáculo cinematográfico a manera de homenaje ante las víctimas, así como puede ser un registro fílmico de lo que realmente ocurrió.

Por supuesto, hay elementos ficticios que se unen por momentos con los históricos pero, si los colocamos sobre una misma balanza, el resultado es tan perfectamente equilibrado que voy a tener que admitirlo de una vez y para siempre: estamos no frente a una gran película… ¡frente a una puta obra maestra!

A cualquiera a quien se le haya ido esta cinta como a mí en su respectivo estreno, debe considerarla por obligación. Porque pese a tener un elenco americano/británico que lo actúa de maravilla y destaca sobre el resto como Armie Hammer de The Lone Ranger (2013) o mejor aún, a Dev Patel de Slumdog Millionaire (2008), aquí no hay estereotipos ni clichés a cuestionar.

No hay rostros conocidos que se roben la película ni arcos exagerados en pos del entretenimiento barato. Es, para ser sinceros, el mero acontecimiento histórico lo que termina robándose nuestra atención. El filme eleva el homenaje encima del espectáculo, pero sin olvidarse, claro, de que es una película.

Es cierto que habrá quienes digan que la película ofrece una perspectiva de lo más estereotipada y moralista al colocar ciertos personajes de ficción en arcos similares a como los construiría Hollywood, como Fernando Zamora del portal Milenio señala de manera correcta:

“Basta decir que los principales son un estadunidense de los que pide hamburguesas con salsa de tomate en el hotel más elegante de Mumbai y llegado el momento se enfrenta a puño limpio con un grupo de fanáticos terroristas para tratar de salvar a su bebé. El otro es ambiguo, vulgar, carente de moral. Contrata prostitutas y bebe whisky puro de malta envejecido en barricas escocesas por veinte años. ¿De qué nacionalidad será este hombre? ¡Ruso, claro!

No obstante, los clichés básicos se vuelven elementos fácilmente disipables cuando el verdadero mensaje llega a pantalla y te sorprende al hacerlo; y se ven opacados cuando la película no sólo te ofrece la visión de personajes extranjeros dentro de un conflicto de carácter nacional, sino también de aquellos locales, en una suerte de guión coral que funciona de maravilla.

La película así puede mostrarte la perspectiva de un matrimonio norteamericano recién llegado, como la de un multimillonario ruso. Pero también de aquellos trabajadores que buscaban superarse dentro de uno de los hoteles más prestigiosos de la India, contrastando mucho el avance tanto militar como tecnológico con los más de 300 millones de habitantes pobres de este país.

Hotel Mumbai es una maravilla que, más allá de pretender ofrecerte un melodrama rebuscado a base del dolor ajeno, documenta los hechos, te presenta sus múltiples visiones y recrea a la perfección uno de los atentados más terrible de la India, poco recordado por parte del mundo entero.

Y lo mejor es que lo hace sin olvidarse del ritmo, el suspenso y el drama humano que debe contener una película, con el debido respeto; sin desbordarla con sentimentalismo barato ni opacando el auténtico mensaje de la película. De hecho, si pudiéramos describirla de algún modo, la ópera prima de Anthony Maras sería más bien “un docudrama del horror humano”.

Porque si nos olvidamos por momentos de qué nacionalidad son cada una de las víctimas: la supervivencia y el actuar humano que empujaron a todos a luchar contra la adversidad, resulta el mayor protagonista de la cinta.

Aún dentro de los que perpetraron el atentado, la cinta ofrece una visión humana que logra documentar, a través de la maestría de su cineasta, una importante radiografía del fanatismo y la represión tanto social como psicológica que algunas religiones han engendrado en pos de una fe manipuladora; tan errada y desviada, como monstruosa.

Esto no es World Trade Center (2006) de Oliver Stone. Este esel homenaje hecho película por y para aquellos héroes, funcionarios del hotel Taj Mahal Palace and Tower, que dieron su vida no sólo para protegerse sino también para resguardar a sus propios clientes.

Haciendo que ese mítico lema que siempre han manejado: “En el Taj, el cliente es Dios”, adquiera de pronto un poderoso sentido más allá del prestigio material, lo hace netamente humano.

Hotel Mumbai, lejos de ser la experiencia “moralista y estereotipada” que algunos critican hasta el cansancio, es más que una simple película. Es un homenaje, pero también un inminente recordatorio, tanto de la tragedia que no resuena en todo el mundo, como de los héroes anónimos que merecen ser honrados… y en el fondo, un lamentable docudrama del horror humano.

Sinopsis:

“En 2008 los huéspedes del Taj Mahal Palace viven momentos de terror por un ataque terrorista. Un grupo de terroristas irrumpe en el hotel y retiene a los rehenes durante 68 horas, unos días de desesperación. Al final huéspedes y funcionarios toman acción y con coraje tratan de revertir la situación”.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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