Del dicho al nicho: videodanza y Netflix

Del dicho al nicho: videodanza y Netflix

#Binario #Netflix

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

Netflix tiene presencia en casi todo el mundo desde 2016. Debido a restricciones impuestas por el gobierno estadounidense, la compañía con sede en Los Gatos, California, no puede hacer transacciones comerciales en la región de Crimea –en disputa entre Rusia y Ucrania–, tampoco en Corea del Norte y Siria. En China, aunque no descarta ofrecer su servicio y muchas personas acceden a él usando una VPN[1], oficialmente el servicio no ha llegado. En total, se habla de más de 148 millones de personas en más de 190 países que están suscritas a esta plataforma de VOD o de video bajo demanda porstreaming.

Cualquier empresa o fenómeno con este alcance y con esa cantidad de poder –en este caso, la información de tantos usuarios– debe ser observada, estudiada y criticada, como lo indica Ramón Lobato en su libro de 2019 Netflix Nations. Esta columna, sin duda, reflexionará sobre los aspectos polémicos de la empresa dirigida por Reed Hastings, como por ejemplo las demandas de las que ha sido objeto por cómo y para qué usa los datos personales de sus clientes. En esta ocasión, sin embargo, la intención es discutir uno de los aspectos positivos que permite el modelo de negocios de Netflix y de las plataformas de streaming en general.

Liberadas de su dependencia a los anunciantes, Netflix y sus rivales –como en sus inicios los canales de cable– sobreviven gracias a la cantidad de suscripciones, las cuales se buscan renovar mes a mes. En esta nueva realidad donde, entre otras características, la gente se expresa a través de las redes sociales, no importa si una serie o película es vista por el 90 o el 30 por ciento de los y las suscriptoras, sino la cantidad de atención que genera y lo que esta reporta a la plataforma. Lo que importa entonces es la cantidad de memes, tuits, notas y artículos de prensa, video-ensayos y publicaciones de FB que se generen sobre un producto y que ayuden a despertar la curiosidad de potenciales clientes. Lo que importa es que hablen de ti, bien o mal, pero que hablen.

Si lo que se busca es generar ruido, mientras más producto haya, mejor. De esta forma se produce una hiperabundancia de series y películas creadas exclusivamente para el consumo de los suscriptores de Netflix, Amazon Prime Video o Hulu, como señala Jonah Weiner en su reportaje para The New York Times. La ventaja, dice el periodista, es que ciertos proyectos de nicho son liberados de la presión por generar raiting que tendrían en otras cadenas, permitiendo que surjan más alternativas a las fórmulas tradicionales. Si la experimentación da de qué hablar, ¡bienvenida sea!

Puesto en otros términos, todo suma en el ecosistema de las plataformas de streaming: desde las grandes producciones plagadas de nostalgia hasta series modestas pero inteligentes; desde comedias familiares o series cuyos personajes y tramas florecen lenta pero exquisitamente, hasta documentales sobre feminismo o asesinos seriales. 

Yorke + Anderson + Jalet + Netflix

Ejemplos de productos de nicho en Netflix hay varios y cada mes se integran más, todo está en saber navegar el catálogo e ir más allá de lo que el algoritmo nos propone. No obstante, uno en particular, de reciente lanzamiento, es el que inspiró la escritura de este texto. Se trata de ANIMA, pieza creada en conjunto por el cineasta Paul Thomas Anderson, el músico y vocalista de Radiohead Thom Yorke, y el coreógrafo Damien Jalet, disponible en el catálogo de Netflix desde finales de junio.

ANIMA toma su nombre del último álbum solista de Yorke, realizado en colaboración con Nigel Godrich. Tres piezas de este disco sirven de hilo conductor para la obra audiovisual en la que Yorke, como una especie de bailarín sonámbulo, deambula entre diversos escenarios para hacer una crítica a la alienación y la tecnología.

Si esto fueran los 90, veríamos ANIMA en MTV, diríamos que esto es un video clip y en la próxima entrega de los Video Music Awards seguro figuraría en un par de categorías, quizá en la de “Video de vanguardia” o algo similar. Pero los 90 quedaron en el pasado –aunque algunos actores y acontecimientos políticos indiquen lo contrario– y MTV desde hace mucho se dedica a cosas muy distintas a la música. Entonces, ¿qué es ANIMA?

Sus creadores lo llaman “one-reeler”, término que habla de su corta duración y que se refiere a la época en que las películas eran contenidas en uno o varios rollos de cinta o “reel”. Por su parte, Netflix lo define como un “corto audiovisual alucinante”, mientras que las reseñas le dicen video o corto musical, algunas más le cuelgan la etiqueta “videoarte”.

Aunque esto de las etiquetas es algo chocante, me parece básico mencionar una que le queda muy bien a esta obra: “videodanza”. Existen en este momento pocas referencias por ahí que hagan el vínculo directo entre este género híbrido con ANIMA, pero para las personas que estén familiarizadas con él será evidente el parentesco. Una de ellas es Constanza Bertolini, periodista cultural argentina de La Nación quien, además de usar explícitamente el término videodanza en su reseña, menciona que desde los primeros segundos se nota la influencia de Pina Bausch en la coreografía propuesta por Jalet.

Otra es Ximena Monroy Rocha, fundadora y directora de Agite y Sirva, festival itinerante de videodanza, quien comenta que, si bien este género “presenta ya una producción teórica y práctica de más de 70 años (y con antecedentes pre-cinematográficos, pasando por el cine mudo y el cine musical)”, con ANIMA estaríamos ante el primer ejemplo de una videodanza disponible globalmente a través de un actor del tamaño de Netflix.

En su texto, que se puede consultar íntegro aquí, la también creadora considera “llamativo que Netflix dé cabida a trabajos experimentales” como ANIMA, cuyo atractivo para el público en general será Yorke y/o Anderson y no el trabajo de Jalet, quien tampoco es que sufra para conseguir trabajo, aclara.

Foto tomada de Netflix

Del dicho al nicho

En medio de tantas noticias, buenas y malas, pocos recordarán 2019 como el año en el que una obra de videodanza encontró su lugar en el mainstream. Yo, al menos, quiero ser de esos pocos.

En este sentido, Monroy Rocha dice que si la videodanza efectivamente se coloca en medio de los reflectores globales, “se agradece que sea a través de las cualidades sonora, coreográfica, performática y visual de ANIMA, y a través de un aparato de exhibición masiva como Netflix hoy”.

Suceda o no, tengo claro que, mientras la guerra delstreaming y el calentamiento global nos lo permitan, entre todas esas películas de Adam Sandler y series de superhéroes, siempre podremos encontrar ese documental de Dylan dirigido por Scorsese, esa adaptación de las novelas distópicas de Margaret Atwood o de Philip K. Dick, o esa serie fácil de ver con una mirada fresca, inteligente y divertida sobre el sexo y las relaciones humanas.A veces, en medio del lodo, se encuentran verdaderas joyas.

[1]Virtual Private Network o Red Privada Virtual.

*Foto de portada tomada de YouTube

Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando

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