Amazonas, el banquete de los depredadores

Amazonas, el banquete de los depredadores

Una disputa con el gigante del comercio electrónico Amazon pone a varios países a discutir sobre un dominio en internet, pero no sobre el problema de fondo: la pérdida del bosque que sigue imparable.

La ganadería extensiva, los cultivos y las obras de infraestructura están arrasando con la Amazonía. Crédito: Wikimedia Commons
Maria Clara Valencia | Connectas

En los últimos meses ha estado sonando la pelea que tiene la firma Amazon con los países que albergan el bioma amazónico por el nombre del dominio de internet .Amazon, que en español traduce Amazonas. Tras años de demandas, la empresa finalmente obtuvo el derecho de utilizar el nombre y sus variantes. Pero lo que sigue sin resolverse en el “Amazon” es el tema más importante: la deforestación.

Un reciente informe del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) alertó sobre un aumento en la pérdida del bosque de 60% en la región Amazónica, comparando junio de 2019 y el mismo mes del año anterior, es decir que en ese mes se perdieron 762.3 kilómetros cuadrados de vegetación. El caso más preocupante es el de Brasil que en lo que va de 2019 ha perdido 2.273.6 kilómetros cuadrados, lo equivalente a 1.5 veces el territorio de la ciudad de Sao Paulo. Es el peor registro desde 2016”.

Otros países van por el mismo camino… Colombia perdió 138.176 hectáreas de Amazonia en 2018; en todo el territorio peruano (60% Amazonia) se perdieron 250.000 hectáreas; en Ecuador, se han tumbado 429.000 hectáreas entre 2001 y 2018.

Las cifras muestran que más allá de los líos con Amazon, los gobiernos de la región no están suficientemente interesados en la defensa de la selva. El conflicto legal con la empresa de comercio electrónico desató la reacción inmediata del Ministerio de exteriores de Brasil que lamentó la decisión al considerar que “no tiene suficientemente en cuenta el interés público definido por ocho gobiernos (de América del Sur), en particular la necesidad de defender el patrimonio natural, cultural y simbólico de los países y pueblos de la región amazónica”. Pero los problemas de Amazonas no se limitan a un dominio de internet ni es ese el principal inconveniente para defender ese patrimonio natural cultural y simbólico.

Brasil solo en 2018 perdió 1,3 millones de hectáreas, según reveló un informe de Global Forest Watch. Es la mayor deforestación del mundo. La construcción de carreteras, hidroeléctricas, la expansión ganadera y de cultivos varios está arrasando con la selva bajo la anuencia del presidente Bolsonaro cuyo gobierno está abiertamente favoreciendo la expansión comercial en la selva.

Pero Brasil no es el único. Cada país amazónico suma deforestación, aunque con problemáticas particulares. ¿Qué está pasando en la selva tropical más grande del mundo? A pesar de que existen distintas figuras de conservación a nivel regional, este bioma, que alberga buena parte de la biodiversidad del planeta y que es indispensable para regular el oxígeno y el agua del mundo, se ha convertido en una mercancía que se transa al mejor postor sin tener en cuenta la importancia de su riqueza natural ni su fragilidad.

Cerca de 33 millones de personas viven y dependen directamente de la selva, entre ellas 1,5 millones de indígenas. Además, este bioma es el hogar 40.000 especies de plantas, 1.300 especies de pájaros y unos 430 mamíferos.

Colombia es un caso preocupante. Ocupa el cuarto lugar en el mundo en deforestación, solo superada, además de Brasil, por la República del Congo e indonesia. Según las últimas cifras del gobierno, perdió 138.176 hectáreas en la Amazonia en 2018. Y aunque se cortaron 5971 hectáreas menos que en el 2017, la pérdida de bosque sigue avanzando.

En este país el presidente Iván Duque ha hecho énfasis en el impacto de los cultivos ilícitos en la selva y ha centrado su política en la persecución de las siembras de coca y en estrategias de choque, apoyado por los Estados Unidos. Sin embargo, más allá de lo ilegal, están los grupos de poder avanzando selva adentro ante la debilidad del estado para detenerlos. El acaparamiento de tierras por parte de inversionistas de finca raíz, está convirtiendo a pasos agigantados la selva más grande del mundo en pastizales.

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