¿Y ahora qué sigue?: Reflexiones post electorales

¿Y ahora qué sigue?: Reflexiones post electorales

Foto: Marlene Martínez
Cuauhtémoc Cruz Isidoro

¡Por fin! Tras poco más de un año de contienda política-electoral que incluyó dos elecciones con sus respectivas mareas de spots, un conflicto post-electoral, un trágico accidente –aún pendiente por aclarar– y tres (ahora cuatro) gobernadores más un encargado de despacho, las y los poblanos tendremos un poco de paz electoral.

La jornada del domingo 2 de junio cierra, por el momento, uno de los ciclos más complicados de la vida democrática estatal de los últimos años. Un año que llevó a la ciudadanía a un desgaste y una polarización que cada vez se hacía más profunda. Independientemente del resultado, de las promesas vertidas y del llamado a la “reconciliación”, será momento de que, como ciudadanos, nos sentemos a pensar: ¿ahora qué sigue? ¿qué lecciones nos llevamos? ¿qué retos tenemos por delante? Aquí algunas reflexiones.

Primero: Entender que la participación ciudadana no se agota en el acto de ir a las urnas. El voto es sólo uno de los elementos de la participación, pero tachar la boleta no debe darnos por satisfechos en el entramado democrático. En La Democracia en 30 lecciones, Giovanni Sartori nos dice que “en la democracia como participación la idea es que existe un ciudadano participante que decide él mismo también las cuestiones”, y define que “‘participación’ es tomar parte activa, voluntaria y personalmente”.

En ese sentido, una vez que hemos elegido –como colectivo y bajo las reglas electorales– a un representante popular, el siguiente paso para una ciudadanía participativa será mantenernos atentos de su actuar para vigilar y evaluar el ejercicio del poder público. Aquí entra un elemento importante que es el derecho a la información, particularmente el del acceso a la información pública.

La transparencia es, en palabras de David Fernández Dávalos, “un instrumento de gobierno [que] ayuda a erradicar la corrupción y hace más poderosa a la ciudadanía para supervisar y controlar a sus gobernantes”. Así, podemos construir la siguiente ecuación: Votar + preguntar (transparencia) + vigilar + evaluar = ciudadanía responsable. Esta fórmula nos puede permitir pasar de ser un ciudadano espectador a ser un ciudadano actor.

Segundo: Incentivar la participación. Para llegar a la ecuación antes expuesta es importante cubrir el primer punto: votar. La jornada electoral del domingo no fue la “gran fiesta democrática”. De acuerdo con el Programa de Resultados Electorales Preliminares del Instituto Nacional Electoral (INE), con el 100% de actas computadas, el porcentaje de participación ciudadana alcanzó el 33.41%. Es decir, por cada 10 electores registrados en la Lista Nominal, sólo 3 –en números redondos– acudieron a las urnas. ¿Y los restantes 7?

Es cierto que vemos con cierta desconfianza los procesos electorales. La corrupción, esa a la que en la entrega pasada decían que estábamos normalizando, ha provocado que parezca que “no sirva para nada votar”, pero consideremos que en el sistema democrático es la vía que se ha encontrado para el cambio de gobierno sin recurrir a la violencia. Entre más acudamos a las urnas, más se acotarán los espacios para las prácticas de corrupción.

Por cierto, ya empezó a circular el “luego no se quejen, si no salieron a votar” y algunos más han “culpado” al abstencionismo como una de las causas de su derrota, pero reducirlo a eso me parece que es no ver de fondo el problema; o diría el clásico, no entendieron que no entendieron.

Los candidatos-partidos tendrían que sentarse a revisar qué hicieron –o dejaron de hacer– para no atraer el voto. El abstencionismo es, por una parte, un mensaje político y también, por otra parte, una señal de indiferencia. Ambas, parte de los retos que enfrenta el sistema democrático-electoral-partidario. ¿Se acuerdan cuál es una de las banderas de los candidatos independientes?

Tercero: Aprender a ser tolerantes. En el juego democrático unos ganan y otros pierden. Incluso hasta para elegir entre amigos cuándo y en dónde hacer la cena navideña hay elecciones y no siempre se logra la unanimidad, pero no por eso se pierde la buena convivencia. Así debería funcionar en la democracia. Puede ser un sueño, sí.

Líneas arriba decía que este largo proceso electoral generó una gran polarización en la sociedad. En diversos grupos de WhatsApp o Facebook, independientemente del bando al cual se defendiera, se podían leer calificativos de “ignorantes”, “sin cerebro”, “miseria mental”, “bastardo” y podemos continuar. Lamentablemente, en términos político-electorales, aún nos cuesta mucho asimilar que pueden existir otras corrientes, otras posturas. Nos cuesta construir diálogos y consenso; reconocer al otro; saber ceder y co-consutir; ser oposición.

El camino está en aprender a ser tolerantes, a vivir con contrapesos, con oposiciones; a ser ciudadanos que ejercen sus derechos al voto y a la información; que exigen cuentas; que se informan. El día que lo logremos, habremos ganado mucho en la construcción de ciudadanía y en el fortalecimiento de nuestra democracia.

Cuauhtémoc Cruz Isidoro, comunicólogo por la IBERO Puebla y maestrante en Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Actualmente es responsable de Comunicación del Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría y es Secretario del Capítulo Puebla de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI Puebla). Se ha especializado en derecho a la información. Chiva y blaugrana de corazón.

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