Jimena German

En tiempos de crisis, cumplir la palabra al ejercer un cargo político ya es decir mucho. Pareciera, a estas alturas, que nuestro yo-ciudadano debe conformarse con promesas cumplidas sin importar los modos en que se realizan. Igual que su antecesor, para Tony Gali la cultura fue “una de las mayores prioridades de su administración”. Prometió su impulso “acercándola a la población” y atrayendo inversiones que “consolidaran al Estado como un destino de excelencia nacional e internacional”. Y lo hizo. Sus indicadores: Puebla como destino turístico en CNN, The Wall Street Journal, Departures y Forbes (¡todo en el mismo año!); 289 hoteles inaugurados, “13 al mes en promedio”; 28 millones de turistas y otros tantos de derrama económica… para unos pocos.

El panorama cultural-turístico en Puebla durante los últimos ocho años ha sido poco más que censura y regulación para el sector local, cortina de humo para el visitante y escaparate para la clase política. Lo problemático de esto, además de las cifras que refieren al gasto público en infraestructura o las reformas para privatizar y controlar la actividad cultural en espacios públicos, fue obviar el guión entre lo cultural y lo turístico. En 2015 pasamos de tener Secretaría de Cultura a Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECAP); dos años después de Consejo pasó a ser “acompañante” de la Secretaría de Turismo disolviéndose con ella. Ninguneo y degradación paulatina para un “impulso” cultural cada vez menos autónomo.

Puebla fue el segundo Estado, después de Veracruz y seguido de Morelos, en fusionar cultura y turismo en una misma dependencia. De hecho, fue ese el compromiso número 14 de los 22 que compusieron el Plan para Puebla de Gali. “Palabra cumplida”, como dice su propaganda: quedaron fusionados quehaceres culturales con quehaceres turísticos. Llámese como se prefiera: cultura turística, turismo cultural o turistificación de la cultura. Se concluyó que no, que la cultura no es para los poblanos sino, más bien, es una fábrica de plusvalía, un diamante en bruto que pulir, año tras año, en aras de la globalización para el “progreso”.

Imagen tomada del perfil de Twitter de Tony Gali, sobre el compromiso número catorce de su Plan para Puebla.

La primera acción determinante dentro de esta reforma fue la creación de Museos Puebla, el “organismo público descentralizado” encargado de “conservar, resguardar y difundir el patrimonio histórico y cultural de la entidad para fortalecer su identidad, cultura y memoria”. La misión ya deja claro que ningún museo estatal en Puebla tiene interés en difundir la producción artística actual o local o ambas, ni mucho menos cualquier proyecto que no colabore con la domesticación de ciudadanos a través de “identidad y memoria”. Lo que se planteó como un proyecto de gestión cultural para 21 espacios museísticos, resultó ser más bien un proyecto gerencial meramente administrativo que tomaría las políticas “culturales” del Museo Internacional del Barroco (MIB) como modelo: museos carentes de acervo propio, exposiciones itinerantes y permanentes armadas a partir del “préstamo”, réplicas y patrimonio público sin una organización clara en curaduría, museografía o conservación; contenidos enfocados en la construcción histórica e identitaria oficial de Ciudad y Estado; discursos y obras que siguen legitimando la “alta cultura” como única posibilidad de exhibición y consumo; cuotas de entrada en 17 de los 21 recintos, de 40 y 80 pesos para el público general, incluido el local; prácticamente nulo espacio para difusión de la escena artística local contemporánea (exceptuando al favorito, Esteban Fuentes de María, y pocos más); así como, por supuesto, servicios y espacios concesionados y mercantilizados: tienda de souvenirs, restaurantes, salas como showrooms para Audi o celebraciones del Día Mundial del Turismo en un museo de arte barroco, y hasta bodas que rodearon la zona arqueológica de Cholula con guardaespaldas para convertir temporalmente al Museo Regional en jardín de fiestas.

Coche de bodas entrando al Museo Regional de Cholula. Fotografía de: Arturo González Photography
Cartel del extinto CECAP que indica las cuotas para la renta de patios, salas, vestíbulos y auditorios del estado (2017). Fotografía de: Klastos

Ni impulso de cultura local, ni fortalecimiento de gestión y formación cultural. Lo que hay son estrategias de privatización de objetos, espacios y actividades. Desde 2017, cuando se creó una única Secretaría para Turismo y Cultura, Roberto Trauwitz como secretario fue el rostro para la oficialización de intereses turísticos y económicos disfrazados de fortalecimiento cultural. Hace poco lo sucedió Alejandro Cañedo Priesca, quien afirma que su puesto se encarga únicamente del sector Turismo, aunque la dependencia sea la Secretaría de Turismo y Cultura (con su trayectoria personal y familiar en la industria turística, no sé si describir su aclaración como honesta o como cínica).

En el Decreto que da nombramiento a Museos Puebla aparece como requisito la experiencia en el ámbito cultural de quien ejerza el puesto de Director General del organismo. Recién creado Museos Puebla fue Iván de Sandozequi el director designado, y al iniciar este año, Juan Carlos Fernández Jasso. El primero tiene estudios únicamente enfocados en Administración de Empresas y su trayectoria la conforman su actividad como subdelegado de administración en el ISSSTE de Hidalgo y su incorporación a la Secretaría de Turismo de Puebla como jefe de oficina. Le hicieron el favor de mantenerlo como parte del organigrama de Museos Puebla, ahora como director administrativo (menos mal). El segundo, Fernández Jasso, es arquitecto y no sorprende que tenga experiencia en la Secretaría de Desarrollo Urbano, Ecología y Obras Públicas del Estado; director de licitación y evaluación de proyectos del Comité Estatal de Obra Pública del Estado de Puebla; Asesor de Desarrollo Urbano, entre otros puestos relacionados con infraestructura (con cultura, también, si nos enmarcamos en el tipo de políticas “culturales” morenovallistas).

Museos Puebla no cuenta, tampoco, con una estrategia de comunicación clara. Lleva ya dos años operando y su página web permanece incompleta y desactualizada: según el sitio, el Museo Taller Erasto Cortés sigue cerrado por daños del sismo, aunque reabrió sus puertas hace más de seis meses. En información sobre exposiciones temporales: “no items found”; para conocerlas hay que ir al Facebook de cada recinto porque el único que cuenta con página web propia es el MIB. Eso sí, museospuebla.puebla.gob.mx tiene una “encuesta de satisfacción” que intenta medir la experiencia en términos de servicio e infraestructura: atención de guardias y guías, situación de baños y estacionamiento, funcionamiento de equipo tecnológico. El contenido o la curaduría apenas se rozan en una última pregunta: “¿qué tipo de temas le gustaría ver expuestos?”

Supongo que estos detalles son mucho pedir para un proyecto manejado por burócratas en puestos que deberían ejercer expertos en temáticas culturales y artísticas. Son servidores que posibilitan administrativa y financieramente la movilidad y exposición de obras según intereses específicos, pudiendo, por ejemplo, ignorar que algunas de las piezas del Museo José Luis Bello y González fueron llevadas al MIB y al Museo Regional de Cholula a pesar de que la familia donadora haya puesto como condición que permanecieran en su espacio original; o armar la exposición permanente del Regional de Cholula con parte de la colección privada de Ángel Trauwitz, hermano del entonces Secretario de Turismo y Cultura; o exhibir en el MIB el cuadro de Fuentes de María realizado como “tributo” a Moreno Valle y Martha Érika, y más de 50 obras transportadas sin documentos que acreditaran el préstamo o la fecha de devolución. Con Moreno Valle la Secretaría de Turismo publicó una Guía de Bodas Puebla, en donde uno de los recintos en renta era el de San Pedro Museo de Arte. Bajo la existencia de Museos Puebla no existe una “guía”, pero ha sido el Regional de Cholula la nueva sede para contrataciones: en lo que va del año se han celebrado al menos dos bodas, un rave y próximamente una graduación.

fotografía de la pieza La caída de dos aves azules, del artista Esteban Fuentes de María, expuesta diciembre de 2018 en el Museo Internacional del Barroco, en honor a Martha Érika y Rafael Moreno Valle. Imagen tomada del perfil de Facebook del artista
Imagen de promoción del evento de Graduación de la Licenciatura en Administración 2019 de la UDLAP, en el Museo Regional de Cholula. Evento en: https://www.facebook.com/events/561463637653382/
Fotografía del Concierto Stravoz Live, en el Museo Regional de Cholula. Fotografía tomada de: Diente de León. Evento en: https://stavroz-live-cholula.boletia.com/?fbclid=IwAR333lgKreiCiTXnItaZsEgdqgAFLvMDkQUv8nKbBr1xnK5IL8DGgaETzfc

Quienes hemos vivido en el estado de Puebla en los últimos ocho años conocemos bien los mensajes que permearon hasta el cansancio las calles. Del “Acciones que transforman” morenovallista devino el “Sigamos avanzando” de la campaña electoral de Gali y el “Puebla sigue” de su gubernatura porque, como ya sabemos, una administración llegó para dar continuidad a las acciones de la otra. Tan es así que, además de que ambas administraciones compartieron secretario, el Decreto de creación y nombramiento de Museos Puebla se firmó cuatro días antes de finalizar Moreno Valle su gubernatura, heredando a Gali la gestión del organismo. Alcanzó a dar nombre oficial pues, de una vez por todas, a los museos-changarros de Puebla.

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Jimena German Blanco es licenciada en Humanidades y Estudios Culturales, tlaxcalteca asentada en Cholula. Hace libros de cartón con La Cleta Cartonera, apoya flujos migratorios y, de vez en cuando, también escribe. Amante de la periferia y sus derivados.

 

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