Ma. Del thriller adolescente… a Octavia Spencer

Ma. Del thriller adolescente… a Octavia Spencer

Foto tomada de YouTube
Héctor Jesús Cristino Lucas

Me queda claro que al menos dentro del género fantástico y/o de terror, tanto la magnífica A24 como la portentosa Blumhouse Productions, se han convertido a pulso en las mejores empresas de cine independiente tras sus propuestas frescas e interesantes. Sobre todo, frente a una industria que se estanca al reciclar sus propias ideas sin atreverse a apostar un poco por algo “distinto”.

Es decir, mientras New Line Cinema y Warner Bros apuestan constantemente por películas tan descafeinadas dentro de su universo “fantasmagórico”, como Annabelle 3 (2019) o The Curse of la Llorona (2019), la A24 Films ofrece un recorrido tanto fascinante como aterrador por el antiguo folclor brujeril en The Witch (2015) de Robert Eggers y reinventa el subgénero de las casas embrujadas con Hereditary (2018) de Ari Aster.

Netflix nos vuelve a contar una y otra vez la misma historia de la familia luchando por sobrevivir de unas criaturas postapocalípticas de origen desconocido, con Bird Box (2018) o The Silence (2019), y la Blumhouse Productions recrea una interesante crítica social contra el racismo a través de Get Out (2017) de Jordan Peele y redefine las reglas del slasher con su divertidísima Happy Death Day (2017) de Christopher Landon.

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Pero, así como ésta última ha traído espléndidos trabajos que se instalan ya como clásicos instantáneos del cine de terror, también ha engendrado otros, tan mediocres y vomitivos, que a veces es preferible olvidar: como la nauseabunda Truht or Dare (2018) de Jeff Waldow o la espantosa The Lazarus Effect (2015) de David Galeb.

Asimismo, en ocasiones, contadas y precisas, aparecen obras que ni siquiera sabes dónde diablos clasificarlas. Tan peculiares –tan extrañas– que no es fácil deducir a simple vista si se tratan de una grata experiencia o de una pérdida de tiempo; de una película de autor o de una simple Serie B. Pero oigan, que ahí yace su verdadero encanto.

Ma (2019), dirigida por nada menos que el guionista y cineasta estadounidense Tate Taylor, es la reciente película de Blumhouse Productions y parece entrar sin problema en esta última categoría. Lo que la vuelve a todas luces una auténtica rareza.

Porque del drama sesentero sobre una joven que pretende convertirse en una auténtica escritora al narrar los infortunios de mujeres afroamericanas dedicadas al servicio doméstico, con su galardonada The Help (2011); y de sumergirnos con cuidado en el melodrama psicológico sobre una mujer devastada luego de su reciente divorcio con The Girl on the Train (2016), pasamos directo a un thriller de horror y comedia que ha dejado inconforme a la crítica especializada.

Aunque algo es seguro: Tate Taylor se ha convertido, a través de estas películas, en un cineasta tan versátil que no le importa un carajo saltar de un género a otro para demostrar con creces que es un tipo con talento o, cuanto menos, interesante a la hora de narrar cualquier historia.

Ma, por ejemplo, no es sólo una cinta de terror más con adolescentes promiscuos; es una película cuyo estilo pretende convertir a un potencial slasher del montón en un llevadero thriller psicológico que destaca por sobre el resto. Y lo mejor es que transforma los clichés más básicos del subgénero en poderosas armas que sirven para aterrar, así como para divertir.

Por ello creo firmemente que sería un rotundo crimen encasillar a Ma como una simple “película de miedo”. Muchos se han confundido al respecto y han terminado criticándola hasta el cansancio por las razones menos adecuadas.

Porque además de ser una película de terror, también es un drama fascinante que se regodea dentro de una historia de venganza tan llena de intriga, romance y thriller psicológico que, de no ser por su interesante y experimentado elenco, definitivamente podría haber pasado sin pena ni gloria.

Y no, no me refiero con exactitud al reparto de jovencitos poco talentosos que cumplen con el factor “slasher”, sino al veterano, que es prácticamente de donde viene la genialidad poco visible de esta cinta.

Mientras Diana Silvers y Corey Fogelmanis ejecutan el típico papel de las pobres víctimas jóvenes que sufrirán un martirio por culpa de sus peculiares idioteces, la película es prácticamente llevada a un terreno más serio a través de las interpretaciones tanto de un magnífico Luke Evans, como de una espectacular Juliette Lewis. Pero nada como la inigualable Octavia Spencer que se vuelve sin problemas en la reina absoluta de esta odisea.

Con el permiso de The Shape of Water (2018), creo que desde su épica interpretación que le valió un Oscar a Mejor Actriz de Reparto en 2012 por The Help (2011), jamás habíamos visto a Octavia Spencer hacer un papel de semejante talla. Y lo digo en serio. No podía creer que la mismísima Minny Jackson que nos presentó Tate Taylor en aquella película sea ahora la aterradora antagonista de Ma. ¡Esto es talento puro!

https://www.youtube.com/watch?v=pzYZ_sMW6Eo

Por supuesto que esto vuelve a la película una suerte de popurrí inconsistente de lo más extraño, ya que mientras más avanza la historia y más conocemos a sus variopintos personajes, la genialidad de los más veteranos suele contraponerse bastante a la de su joven elenco. Aunque poco podríamos reprocharle al respecto, como muchos lo han hecho.

Resulta que mientras el “factor Teen” cumple a la perfección con el peculiar estilo de un slasher clásico, Octavia Spencer y compañía maduran la trama en el momento justo para no terminar convirtiéndola en una más del montón. Y lo consiguen gracias a un drama de lo más competente que no necesita realmente mucho para terminar impactando.

Ya lo digo, para ser una película tan pequeña y modestita, logra ser lo suficientemente… “peculiar”. Ya sea por sus extrañísimas movidas o giros argumentales que no esperarías toparte dentro de una película de Tate Taylor, o sus magníficas actuaciones que sorprenden en el momento más inoportuno, la experiencia deja de ser tan predecible como uno creería.

No obstante, algo sí que es cierto: Maes una extraña cinta que bebe mucho de las historias de “humillación y venganza adolescente” tipo Carrie (1977) de Brian De Palma, que sirve para manufacturar tanto el drama como el thriller psicológico de una comedia horrorífica protagonizada por Octavia Spencer. ¡Pfff! No cabe duda, a veces Blumhouse Productions hace cosas taaan raras.

Pero tampoco vayan a malinterpretarme, por favor. No estamos ni frente a la obra maestra de Tate Taylor ni frente a la mejor cinta de terror del año –eso déjenselo a Us de Jordan Peele o a Brightburn de David Yarovesky– pero quizás sí ante una producción que merece ser entendida a su justa manera, porque la crítica no ha captado del todo lo que ha visto.

Si bien Ma no es perfecta, convengamos que sus evidentes flaquezas hacen exaltar a sus imponentes grandezas: tanto Juliette Lewis como Octavia Spencer. De hecho, varias de las escenas en que vemos a estas dos mujeres interactuar –aunque escasas– son de una majestuosidad notable.

Pero alejándonos un poco de las actuaciones y centrándonos mejor en sus últimos 30 minutos, ¡Dios mío! No tienen precio alguno. Si gran parte de la película se mueve de un lado a otro entre el drama teen y el thriller psicológico, –tan predecible como cansino a veces– su épico desenlace la vuelven algo fuera de serie. Créanme. Ma termina siendo una película slashercon una carga de comedia tan políticamente incorrecta, que el despiporre final la termina transformando ya en una cinta de culto. Así, sin más.

¿Y quién lo diría? El galardonado Tate Taylor es un cineasta cuya tremenda habilidad no sólo conquista a la Academia a través de melodramas humanos, también conquista a ese peculiar público que prefiere una odisea de violencia y Serie B, que es necesario reconocer en pos de su versátil talento. Si continúa por este camino y pule algunas de sus flaquezas hasta podría terminar ofreciéndonos un peliculón de horror en algún futuro.

¡Qué va! Ma no tiene desperdicio. Del thriller adolescente… a Octavia Spencer.

Sinopsis:

“Una mujer solitaria se hace amiga de unos adolescentes y les permite hacer fiestas en su casa. Justo cuando piensan que su suerte no puede mejorar, las cosas que comienzan a suceder los hacen cuestionar las intenciones de la anfitriona”.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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