Los (no tan) nuevos factores en la Educación

Los (no tan) nuevos factores en la Educación

Foto tomada de PxHere
Martín López Calva

Tenemos, pues, tres problemas fundamentales respecto a la educación contemporánea: Primero, está el problema de las masas, la manera de educar a todos. Segundo, está el nuevo aprendizaje, que no es meramente un añadido a los antiguos temas, sino su transformación de una u otra manera. Finalmente, está el problema de la especialización: el nuevo conocimiento es como una montaña, está dividido y no se ha asimilado.

Bernard Lonergan. Filosofía de la Educación, pp. 16-17.

Esta Educación personalizante retoma sus entregas semanales en el espacio que generosamente me brinda Lado B, después de un par de semanas de receso.

El tema de hoy está tomado de una parte de la obra del filósofo canadiense Bernard Lonergan S. J., con motivo de la realización del V Taller Latinoamericano Lonergan en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México los próximos días: lunes 24 y martes 25 de junio.

Este espacio que reúne a los expertos e interesados en la invitación filosófica del intelectual jesuita se dedica en esta edición a conmemorar los sesenta años de las conferencias dictadas en Cincinnati que están publicadas en el libro Topics in Education, publicado en español por la universidad sede en la traducción del P. Armando Bravo S. J. –en cuya memoria se realiza este encuentro dado su reciente fallecimiento– bajo el título de Filosofía de la Educación.

El primer capítulo se titula “El problema de una Filosofía de la Educación”. En él, Lonergan formula tres factores fundamentales de la educación contemporánea que se sintetizan en la cita que sirve de epígrafe a la columna de hoy: las masas, el nuevo aprendizaje y la especialización.

Llama poderosamente la atención que a pesar de que han pasado seis décadas desde que este filósofo y teólogo planteara estos tres elementos, sigan siendo vigentes y parezcan no sólo no haberse resuelto sino más bien estar en una fase aún más complicada y desafiante para los sistemas educativos contemporáneos. De ahí que resulte pertinente dedicar unas líneas para pensar esos ya-no-tan-nuevos factores que siguen presentes en nuestro contexto de crisis, cambio y globalización.

 

Las masas están ahí, y plantean un problema pedagógico. Según algunos cálculos, un tercio no puede aprender en los libros; y de ese tercio, el principal núcleo no puede ni siquiera aprender nada de los ejercicios manuales […] ‘El problema último permanece como fantasma, siempre presente y vacío: ¿Es posible extender la civilización superior a las clases bajas sin degradar su estándar ni diluir su cualidad hasta el punto de desaparición? ¿Acaso no está condenada toda civilización a la decadencia tan pronto como penetra en las masas?

Bernard Lonergan. Filosofía de la Educación, p. 15

Como afirma esta cita, la sociedad masificada está aquí y plantea un problema serio para los sistemas educativos en todos los países. Si miramos con perspectiva histórica es relativamente reciente el planteamiento de la educación como un derecho humano fundamental para todos. Y establecer las condiciones para que se cumpla este derecho plantea un problema serio que tiene que ver no solamente con la ampliación de la cobertura de escuelas y maestros para atender a todos los niños y adolescentes, sino también –y en nuestro país es un problema que ha adquirido una relevancia fundamental en el debate público– con la generación de condiciones para que las escuelas y universidades brinden una educación de calidad en todos los niveles, con el motivo de promover la movilidad social y la equidad.

Tal como se plantean en las preguntas que Lonergan retoma de una cita del libro de Rostovtzeff The Social and Economic History of the Roman Empire planteada por Huizinga, las preguntas fundamentales se orientan al desafío que implica extender la civilización y la cultura –cualquier cosa que estas signifiquen para nosotros– a las masas sin degradar el estándar de calidad hasta el punto de la decadencia, y si, como cuestiona el autor de la cita, no está condenada toda civilización a la decadencia en cuanto penetra en las masas.

¿Es la cultura, es la civilización un asunto de élites? ¿La democratización del conocimiento y de la cultura implica necesariamente su degradación?

En una sociedad como la actual en la que se ha desarrollado cada vez más la cultura de la democracia, la igualdad y la inclusión, estas preguntas podrían parecer retrógradas y son, sin duda, políticamente incorrectas pero el problema de la extensión masiva de la educación ha generado claramente el debate por el –tal vez– inevitable sacrificio de la calidad en aras de la cantidad. Esta situación no está resuelta aún y en México la investigación ha demostrado que la cobertura casi total, que ha sido indudablemente un gran avance social, no ha correspondido a una generación de mayor equidad, al contrario, ha generado un problema en la reducción de la calidad y en la reproducción, e incluso en el agravamiento de la desigualdad social.

Un segundo desarrollo contemporáneo es el nuevo aprendizaje. En la historia de la civilización occidental se han venido sucediendo diversas oleadas del nuevo aprendizaje: las escuelas carolingias; las tres oleadas que introdujeron a Aristóteles durante el periodo medieval; el movimiento humanista con el descubrimiento de los escritos y la literatura griega; el movimiento de la ciencia moderna. En cambio, el nuevo aprendizaje en que nos interesamos no es una mera adición a los antiguos temas, sino su transformación.

Bernard Lonergan. Filosofía de la Educación, p. 15

En efecto, un segundo gran desafío es el del nuevo aprendizaje. En su conferencia, Lonergan plantea el desarrollo de una nueva concepción en las Matemáticas, Ciencias Naturales, Humanidades y Literatura como desafíos que implican no solamente una simple adición de nuevos temas a los ya históricamente acumulados, sino como una forma totalmente nueva de comprender y construir el conocimiento en estas disciplinas.

Seguramente el filósofo se habría maravillado por el desarrollo de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) que han revolucionado totalmente el aprendizaje, no solamente por la introducción de nuevos dispositivos y herramientas, también por el cambio radical de paradigma en la concepción misma del conocimiento y en la forma en que se comunica, se aprende y se difunde.

La sociedad de la información ha cambiado la forma de entender el conocimiento porque la irrupción de la realidad virtual transformó y cuestionó el viejo y erróneo paradigma de la objetividad como la constatación sensible de lo que está aquí, afuera, ahora; porque la posibilidad de acceder al conocimiento alojado en “la nube” ha hecho que el rol de la memoria en el proceso educativo sea totalmente irrelevante hoy, y también porque la inundación de información de todo tipo y calidad hace casi imposible para los aprendices “distinguir el trigo de la paja”, como señala Bauman.

Un tercer problema contemporáneo es la especialización. El nuevo aprendizaje es enorme y no se ha asimilado […] Esta especialización muy fácilmente da como resultado una noción de la educación semejante a un carcaj de información, que les da a los alumnos muchos fragmentos y les deja la tarea de ensamblar lo que los profesores mismos no pudieron ensamblar. Einstein subraya en su autobiografía que cuando era un joven las cosas estaban bastante mal, porque se tenían que preparar tantas cosas para los exámenes que era imposible que actuara la inteligencia.

Bernard Lonergan. Filosofía de la Educación, p. 16

 

El tercer problema es el de la especialización que, como afirma Lonergan, se entiende muchas veces como la transmisión de un cada vez más amplio catálogo de información pretendiendo que los alumnos articulen y den sentido a todo lo que reciben aisladamente, cuando muchas veces ni los profesores somos capaces de hacerlo.

La especialización tiene, definitivamente, cosas positivas porque ha permitido avanzar en profundidad en cada una de las disciplinas y subdisciplinas científicas y profesionales, pero al ser entendida de esta forma aislada ha generado lo que Morin y otros autores llaman “una nueva ignorancia” en la que cada vez se sabe más de las partes pero se ignora más el todo.

Como decía Einstein en esta cita, en un contexto de avalancha de información aislada es muy complicado que actúe la inteligencia. Es por ello que no podemos seguir concibiendo la buena educación en términos de acumulación de conocimiento de disciplinas aisladas como se planteaba en la visión enciclopedista. Es necesario poner a circular los saberes para entender y resolver los problemas de la realidad compleja.

En este contexto, el profesor tiene que dejar de ser un transmisor de información para convertirse en un curador de contenidos que genere experiencias retadoras, con el fin de desarrollar la inteligencia, creatividad, criticidad y la aplicación práctica y éticamente responsable de lo que se aprende.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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