La Playa: ruinas de la violencia de una ciudad mítica

La Playa: ruinas de la violencia de una ciudad mítica

Foto: Marlene Martínez
Paula Hernández Gándara

“La ruina es el alma secreta de todas las construcciones”

Smithson, 1972

Una playa abandonada en medio de la ciudad. Habitaciones derrumbadas que esconden recuerdos entre escombros. Un agujero que irrumpe violento en la soledad próxima; que busca vida y solo devela ruinas.

Esta es la exposición de Zahara Gómez, que retrata un hotel abandonado de Ciudad Juárez llamado La Playa. Una serie que muestra algunas de las 123 habitaciones que estuvieron ocupadas en algún momento por militares.

Se trata de un proyecto personal que nace luego de que la fotógrafa visitara la ciudad por un encargo de prensa. Zahara, que vive por momentos en España –su país natal– y México, encontró este edificio vacío recorriendo las calles en su coche. El lugar llamó su atención por ser de lo más extraño y grande.

“[Juárez] me gustó mucho […] Por lo menos para mí lo que resaltaba era esa cuestión de que al ser fronteriza como que me daba una sensación de que no se aplicaban las mismas leyes que en otros lugares; que supongo que tiene que ver con las fronteras en general”, cuenta Zahara.

Un lugar fronterizo donde, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2019), en lo que va del año –hasta mayo–, han ocurrido 533 homicidios: 513 dolosos y 20 culposos. Esta cifra representa el 12% del total de los homicidios cometidos en todo el país, lo que quiere decir que Ciudad Juárez ocupa el segundo lugar entre los municipios con mayor número de homicidios, superado tan sólo por Tijuana, Baja California. 

Territorio delimitado por una concepción idealizada de la realidad. Ciudad Juárez se vuelve un lugar mítico: en el imaginario colectivo es una ciudad fronteriza donde las reglas parecen no aplicar, una suerte de limbo político, de acuerdo con la fotógrafa. 

Los homicidios son cosa de todos los días y ya no sorprende encontrar a un muerto en la plaza pública. Pero la violencia no es la misma, y las representaciones del cine americano, la literatura y los medios nos han hecho creer que es así, que los muertos son los mismos.

Entonces se enfocan paredes desgajadas. El tiempo no puede ocultar lo que les ha hecho: quebrantó líneas, colores, figuras. Y los cuerpos están ausentes. En las habitaciones no queda nadie, solo se encuentran los restos de quienes alguna vez estuvieron ahí. 

Un inventario de la decadencia: dos colchones sobrepuestos, dos cucharas en el piso, dos focos fundidos, dos cabeceras sin camas. Dos de cada cosa y ni un solo ser.

Dos hoteles La Playa en una misma ciudad, solo que no cualquiera voltea a ver las ruinas por encima de lo que aún da la impresión de estar intacto. 

“Se abandonó ese hotel porque estaba pegado al consulado de Estados Unidos. El consulado se mueve de lugar y entonces todo lo que estaba pegado a este se mueve […] Por eso hay dos; hay otro hotel que se llama La Playa que funciona, está activo, y está ahí pegadito”, dice Zahara.

Los militares se van y aparece la violencia. Estas son fotos del “después” de que la policía estuviera instalada ahí; ahora solo quedan vidrios rotos, paredes golpeadas, sábanas empolvadas, muebles ultrajados.

Así, conforme a las observaciones de la fotógrafa, Ciudad Juárez es un lugar donde se mezclan dos paralelos: espacios abandonados y proyectos urbanísticos fuertes.

¿A dónde se fueron los militares? Recorren pasillos que esconden historias detrás de puertas sin seguro; el cerrojo es mero protocolo. Y la pared marfil se mancha. La inmaculada fachada se deshace. Los escombros en el suelo son huellas que no se pueden ocultar.

La embajada se va, ¿dónde están todos? Hay otra playa en la ciudad que alberga nuevos recuerdos. 

Y la fotografía también es huella. Por mucho que se manipule la foto, es una huella de algo, dice Zahara. “Todo es un punto de vista […] aparece el ‘yo’ siempre”. Y para la fotógrafa eso es más evidente en expresiones visuales, o en expresiones artísticas y plásticas.

Esta exposición quiere retratar la violencia desde el punto de vista de la artista sin caer en el morbo que muchas veces provocan las “notas rojas”. Porque en un mundo donde la fotografía rebasa la realidad, y nos dejamos de inmutar al ver a una persona que ha sido violentada, hay que buscar maneras de producir sentido. “Hay un trabajo de volver a pensar o a construir ‘sentido’ desde otros lugares para poder hablar de ese tema […] y, si se puede, recrear realidad”.

Los recuerdos se capturan rápido; aún hay sábanas sin hacer. Una pared rasgada a medias deja entrever un esqueleto rosa, terso, atrapado por una estructura de hierro. Colchones desnudos; desenfundados a contraluz en un recuerdo grisáceo. 

Luz de ventanas que dejan ver una composición de muebles caóticos. ¿Por qué hay gavetas encima de las camas? Plumas zigzaguean en el piso; la gama escala de blanco a negro, se vuelve gris. Se mancha de tierra una alfombra desgastada. ¿Por qué llueven restos del techo sobre el suelo? Histérica melancolía que grita recuerdos en una paz temerosa.

Pero el hotel está en una sala curada. Entonces la fotografía también es una frontera entre la realidad y lo que se representa, lo que se decide mostrar. ¿Dónde está el foco que no cae en la reproducción de violencia?

Una confesión de Zahara: aunque la intención no sea caer en la idealización, no molesta hacerlo. Porque, “igual el mito no tiene que ser malo. Es malo si lo tomas como única verdad […]. Si te lo tomas como verdad absoluta igual ahí está el problema”.

Fotografías que apelan a una violencia que solo permea la realidad en un cuadro. 123 habitaciones ajenas al lente que roba un instante de abandono; soledad. Ausencia que se palpa con una mirada y se extingue al final del recorrido. Juárez sigue siendo mito; ahora los militares caminan otros pasillos y aquí quedan únicamente las ruinas de la violencia. O, al menos, su representación.

***

La Playa estará expuesta en Impronta Estudio & Galería (10 oriente 811, San Pedro Cholula) hasta el 3 de agosto. Si quieres conocer más sobre Zahara Gómez y sus proyectos, visita su página.

*Con información de Jhovany Amastal

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