La elección del hubiera y de la apatía

La elección del hubiera y de la apatía

elección 2019, Puebla

Juan Manuel Mecinas

@jmmecinas

Este dos de junio ha confirmado un reacomodo de fuerzas que tiene su origen en la muerte de los Moreno Valle-Alonso, y en el que Luis Miguel Barbosa liderará a una corriente que se apresta a gobernar y mantener el poder. Más allá de los ganadores, los grandes perdedores también se retratan en la nueva conformación de grupos de poder.

En Morena, la gran perdedora de este domingo es la alcaldesa poblana, Claudia Rivera.

Luego de la elección de 2018, la alcaldesa se erigía como la sangre fresca que podía asumirse como obstáculo a los intereses desmedidos del morenovallismo. Después de casi ocho meses en el poder, nadie ejemplifica la pérdida del poder como Rivera Vivanco. Corren incluso versiones en el sentido de que se ha puesto sobre la mesa su dimisión para que alguien con mayor experiencia asuma como Presidente Municipal y a Rivera le enseñen la puerta de atrás.

El papel de la munícipe es simplemente desastroso. Sus declaraciones de este lunes posterior a la elección extraordinaria son aún peores de lo que se podía esperar. Asume la derrota, pero promete que no fallará. No se ha dado cuenta que su campaña terminó hace un año y que ahora lo toca gobernar.

Rivera Vivanco no es solo un lastre para el Ayuntamiento poblano, sino para Morena en su conjunto. Lo previeron los estrategas de Barbosa y sabían que el desastre de la capital podía complicar la elección de este domingo. El escenario fue casi catastrófico, y solo el abstencionismo salvó los adeptos de Morena.

En Acción Nacional, el naufragio es épico. Pierde el PAN, pierden los grupos que lo dejaron naufragar y, curiosamente, el único que podría salir medianamente bien parado no quiere ser panista (Enrique Cárdenas).

Los grupos yunquistas de siempre jugaron en la elección como en sus mejores tiempos: como pigmeos electorales. Son incapaces de liderar una transformación. Queda claro que, si en un par de ocasiones han ganado la presidencia municipal sin la ayuda del finado Moreno Valle, ha sido más por descuidos de sus contrapartes y por hartazgo ciudadano que no por las virtudes de un grupo, el Yunque, que se apresta a controlar el PAN estatal para volver a ser un partido menor: la comparsa del gobierno en turno.

El mayor perdedor es el electorado poblano. Una democracia es control del poder político y participación. Nuestra crisis no puede ser más profunda: es dudoso controlemos al poder político, pero lo que es seguro es que nuestra nimia participación es ominosa.

En el PRI el gran perdedor es el marinismo. Jiménez Merino resultaba ser un mejor candidato de lo que las siglas y sus apoyos le respaldaban, pero el grupo que trató de controlar al priismo resultó vapuleado mediante una orden de aprehensión. El PRI debería entender que este es el final del marinismo y que necesita una regeneración de ideas y estructuras. El problema es que no se sabe quién puede encabezar ese cambio. Pero no se debe despreciar al partidazo: 18% de la votación no es cualquier cosa y no se le puede dar por muerto en un estado donde su presencia sigue siendo significativa.

Enrique Cárdenas pierde, pero la derrota le redime. No pudo y no quiso criticar al morenovallismo, y le costó mucho desligarse de la desgastada marca del PAN a la que tanta gente rechaza en el estado.

No fue la mejor de las campañas, pero lo que sí puede presumir Enrique Cárdenas es que tuvo a los peores acompañantes. Sin un PAN tan perdido, sin un PRD moribundo, sin un MC tan dividido, sin un morenovallismo a cuestas, los resultados pudieron ser distintos para el exrector de la UDLAP.

El hubiera rondará la silueta de Cárdenas en un futuro, pero, para tranquilidad del economista poblano, la elección de este 2 de junio no lo marca ni lo marcará.

Para quien sin duda la elección de este domingo es una mancha electoral es para los electores poblanos: no pueden aspirar a una democracia cuando solo un tercio del electorado sale a votar.

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No importa las preferencias; el mayor perdedor es el electorado poblano. Una democracia es control del poder político y participación. Nuestra crisis no puede ser más profunda: es dudoso controlemos al poder político, pero lo que es seguro es que nuestra nimia participación es ominosa.

Las élites políticas se reacomodarán, pero los electores han dejado pasar una oportunidad única de expresarse. Toda la elección será recordada a partir del hubiera y, sobre todo, a partir de la apatía de una ciudadanía con más pretextos que acciones.

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