Us o la protesta del doppelgänger

Us o la protesta del doppelgänger

Foto tomada de YouTube
Héctor Jesús Cristino Lucas

Hoy en día, si se pretende ser “político y contestario” a través de la agobiante industria del cine existen distintos medios para poder conseguirlo. Unos mejores que otros, claro, pero vaya que los hay.

Ya sea al convertir la imagen del individuo afrodescendiente en un superhéroe indestructible cuya trillada historia alcanza la nominación a Mejor Película sólo y exclusivamente porque: “Es una cinta que explora lo que significa ser negro, centrada en un superhéroe negro, protagonizada principalmente por negros, y liderada por un director negro (Ryan Coogler) como Black Panther”.

O bien, como Spike Lee en Blackkklansman (2018), trayéndonos personajes históricos de la talla de Ron Stallworth –el primer oficial afroamericano de Colorado Springs que ayudó a desmantelar al temido Ku Kux Klan– cuya relevancia ha marcado un impresionante hito en el tema de la tolerancia racial.

Pero luego están sujetos como Jordan Peele, que recurren a otros géneros como la comedia o el horror para construir interesantes críticas a través de simbolismos, mientras evita trabajar a toda costa con actores blancos como protagonistas para hacer aún más claro su mensaje.

En su faceta como actor, por ejemplo, basta recordarlo en la serie de Comedy Central, Key & Peele (2012-2015); la cual, de forma extra satírica, aborda temas como los estereotipos étnicos o las relaciones raciales entre la cultura popular.

Pero en su faceta de director, con su opera prima ganadora a Mejor Guión Original en los Academy Awards 2017, Get Out, problemáticas como el racismo o la intolerancia social son expuestas a través de una premisa tan común y efectiva, que hasta parece un chiste recurrente entre la propia comunidad afrodescendiente: ¿Qué pasaría si un chico de color pasa un fin de semana en casa de los padres blancos de su novia?

Leer | Get Out, el horror como sátira al racismo

A partir de aquí, la historia toma ciertos tintes, exagerados e inclusive sarcásticos, que van transformándola en una suerte de parodia aterradora del norteamericano común; ese que luego de tantos movimientos y cambios sociales continúa marginando en pleno siglo XXI.

A través de esta irreverente pero aterradora fábula, Jordan Peele se convirtió de pronto en una promesa no sólo para el cine de terror, también para la industria misma. Nada menos que el cineasta tragicómico y contestatario que busca la burla de aquellos problemas habituales con los que siempre convivimos pero que lamentablemente pocos señalamos.

Y si aún persistía la duda de que gracias a Get Out Peele alcanzó el estatus de cineasta consagrado, será entonces con su magnífica Us (2019), su más reciente cinta de horror y comedia, que no habrá duda al respecto.

De hecho, una de las razones por las que escribí primero acerca de The Silence (2019) y Escape Room (2019) en mi artículo Double Pack: Sobre horror y reciclaje, fue justo para crear este interesante paralelismo y demostrar que, mientras unas cintas reciclan cientos de premisas desgastadas ya conocidas, otras cintas se arriesgan tanto que vuelven lo más puro que tiene el terror en hilarantes producciones de denuncia genuinas y poderosas.

Y la crítica ya se ha proclamado al respecto. Así como Hereditary de Ari Aster fue nombrada por muchos como la mejor película de terror del 2018, Us se lleva la corona este 2019 sin esfuerzo alguno.

Una película que nos regresa al recurrente tema de la tolerancia racial con protagonistas que vuelven a ser de color, pero que opta por atacar esta vez a tantos sectores que el mensaje se fragmenta en una suerte de caleidoscopio constante. De pronto, el argumento se ve inmerso en tantos tópicos que el horror salta en distintos géneros o estilos para conseguir aterrar a su audiencia: de lo psicológico, llega hasta lo gráfico; de lo surrealista, a lo abstracto. Y lo mejor es que cumple con creces con cada uno de ellos.

Por ejemplo, Us retoma la poderosa crítica anticapitalista que las mejores cintas de home invasion nos trajeron en sus tiempos, como la agobiante Funny Games (1997 / 2007) de Michael Haneke, donde un par de extraños irrumpen en la tranquilidad de una familia acomodada para ser sometida después a desquiciados juegos de tortura físicos y psicológicos.

Incluso, el suspenso que se construye a través de la incertidumbre de los personajes recuerda mucho al slasher, como en Halloween (1978) de John Carpenter, mezclado hábilmente con The Birds (1962)de Alfred Hitchcock. No sólo tenemos a un “grupo de asesinos” en apariencia indestructible, sino que el ambiente veraniego en un pueblo costero pronto toma un giro más grande transformando la historia en algo apocalíptico.

Aunque si me permiten, Peele parece acercarse más a la esencia de un Dawn of the Dead (1978) de George A. Romero, que también posee una crítica voraz hacia el consumismo y la frivolidad humana. Sólo que en lugar de estos zombis devora-carne, tenemos a nuestras versiones alternativas malvadas, o doppelgängers como el escritor alemán Jean Paul acuñó en 1796, para recordarnos lo terrible que somos como sociedad.

Us posee un horror simbolista que nos lleva a reflexionar exactamente como lo hacía Romero a través de sus filmes apocalípticos. Sus criaturas eran el enemigo invisible y la lucha se definía a través de un simple “nosotros vs nosotros”. La palabra “doppelgänger”, que se compone por los vocablos alemanes “doppel”: doble y “gänger”: andante, vuelve a recuperar este tema poniéndonos a nosotros mismos como el gran enemigo de la historia.

August Strindberg, poeta y dramaturgo sueco, decía que toparse con un doppelgänger era augurio de muerte y desgracia.

Lejos de estancarse en la fórmula efectiva de las actuales cintas de terror que se inclinan más por recursos baratos como screamers repentinos, Peele construye esta narrativa a partir de ciertos elementos filosóficos que autores como Fiódor Dostoyevski con El Doble (1846), o bien, José Saramago con El Hombre Duplicado (2002), han mostrado.

La idea del “doble” como una metáfora existencialista sobre la búsqueda de identidad o la incertidumbre que se vive tras la pérdida de ella; como un espíritu que busca, con deseo y desenfreno, una extraña libertad vista a través de nosotros mismos, o como la denuncia de nuestros pecados que se engendran en esta sociedad.

Usrecurre a la imagen del doppelgänger como un poderoso recurso de protesta sobre el engaño de nuestros ya pos posmodernos tiempos, y la frívola satisfacción de pertenencia a los placeres vanos –como las clases sociales o el consumismo– que nos separan con goce de nuestra verdadera identidad.

Algo que el mismísimo Dennis Villeneuve expuso junto al talentoso Jake Gyllenhaal a través de la película Enemy (2014), parcialmente adaptada de la obra de Saramago y que es menester visionar para entender no sólo el objetivo, sino también la ontología de esta clase de historias.

No obstante, la grandeza de Usva mucho más allá del argumento. Si de verdad tenemos que mencionar lo que hace a esta película una joya contemporánea como pocas hoy en día… eso serían las actuaciones. ¡Vaya que sí!

Muchos se quejan del cambio repentino que la película tiene de horror a comedia, pero me parece que no han entendido todavía el propósito de las cintas comedy/horror que buscan la unión perfecta entre ambos géneros. Al menos en el “universo Peele” existen ciertos personajes que transforman a sus cintas en extraños híbridos de terror y carcajadas.

Mientras que en Get Out, Chris Washintong –interpretado por Daniel Kaluuya– representaba el lado aterrador de la película como el pobre chico de color atrapado en la familia blanca de su novia; Rod Williams –Lil Rel Howery–, su conspiranoico amigo que le advertía que no fuera porque podría convertirse en un “esclavo sexual”, es prácticamente el lado cómico de la cinta.

Así pues, en Us mientras el personaje de la fantástica Lupita Nyong’o, Adelaine Wilson, es la cara del horror absoluto representada en una madre que haría todo por proteger a los suyos; Winston Duke, quien hace de su esposo, Abraham Wilson, es prácticamente la comedia encarnada al ser incompetente a la hora de combatir sus propios miedos. Por ello, el argumento salta de un lado a otro de acuerdo con la percepción de cada personaje, haciendo que esta película sea una puta locura tan mítica como entrañable.

Y lo mejor es que los doppelgänger son interpretados por ellos mismos. Haciendo que el secreto de la cinta, lejos del argumento o la ambientación, sean por supuesto las maravillosas, versátiles y completas actuaciones de cada uno. Aunque claro, nada puede compararse con la participación de la pequeña Shahadi Wright Joseph, que es la reina absoluta de la cinta con ese maravilloso cambio de inocencia y perversión constante que la vuelven ya un personaje para la posteridad.

Y no me hagan hablar de su aterradora banda sonora. ¡Su maldita y aterradora banda sonora! Tan sólo escuchar el tema de apertura mezclada con esas voces infantiles mientras la cámara abre de forma mágica y onírica, en medio de un salón lleno de conejos, te hace sentir un desvarío mágico que rosa los sueños y las pesadillas, pero también la fantasía.

Así, por momentos, la historia se enfrasca en cuatro paredes sin escapatoria alguna: En la magia irreverente de Alice in the Wonderland de Lewis Carroll donde nada es lo que parece, junto a esos dramas surrealistas y contestatarios de Luis Buñuel al puro estilo de El Ángel Exterminador (1966), donde ni los protagonistas ni los espectadores saben lo que está ocurriendo. Después de todo, Jordan Peele deja el final abierto para las múltiples interpretaciones y significados.

No sólo es el ejemplo perfecto para entender por qué el horror puede ser más efectivo que cualquier otro género a la hora de ejercer una crítica voraz; sirve también como un recordatorio de por qué y para qué fue creado desde el movimiento del Expresionismo Alemán. El medio perfecto para la representación de nuestros miedos, defectos y problemas, encarnados en las mismísimas pieles de vampiros, monstruos o demonios.

Uses más que una cinta de horror cualquiera. Esto es cine de autor; de protesta. ¡La protesta del doppelgänger!

Sinopsis:

“Adelaide y su esposo viajan a la casa en la que ella creció junto a la playa. Tiene un presentimiento siniestro que precede a un encuentro espeluznante: cuatro enmascarados se presentan ante su casa. Lo aterrador viene cuando muestran sus rostros”.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

1 COMMENT

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.