The Wandering Earth. Una odisea a la ciencia ficción blanda

The Wandering Earth. Una odisea a la ciencia ficción blanda

Héctor Jesús Cristino Lucas

¿Quién puede culpar al pobre George Lucas por hacernos creer que la explosión de la Estrella de la Muerte es bastante ruidosa en el espacio, o a Don Chaffey por convencernos de que las mujeres de hace un millón de años lucen como Raquel Welch en los años 60? Las incoherencias en el mundo del cine, ya sean científicas o históricas, no sólo son poco importantes, son necesarias.

Poco importantes porque si el entretenimiento está bien logrado, si de verdad las escenas son tan emblemáticas como para quedar en la historia, las inconsistencias con nuestro mundo real son prácticamente irrelevantes. Y necesarias porque, a veces –sólo a veces–, las historias que ocurren en dichos universos únicamente pueden funcionar gracias a ellas.

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Por supuesto, esto ha engendrado debates interminables y ciertas clasificaciones que dividen las obras de ciencia ficción. Por un lado, tenemos lo que P. Schuyler Miller llamaba “ciencia ficción dura”: Gattaca (1998) de Andrew Niccol o The Time Machine (1960) de George Pal, donde sin importar qué tan imposibles suenen las historias, tienen ciertas bases científicas que pueden llegar a ser plausibles en algún futuro remoto.

Al contrario, la “ciencia ficción blanda” contiene aquellas obras que sin importar qué tan futuristas y asombrosos sean sus universos, no tienen ni una pisca de rigor científico que las haga posibles.

Y de esta útlima, la industria del cine está repleta. Desde las incontables sagas juveniles que pretenden crear la “distopía perfecta” para “el romance perfecto” antes del realismo absoluto, como Maze Runnero The Hunger Games, hasta las operetas espaciales más emblemáticas como Flash Gordon o la propia Star Wars.

Sin embargo, hoy en día parece que la barrera del entretenimiento se ha cruzado en pos de lo plausible con ciertas producciones Sci-fi, que evocan una poesía cinematográfica a lo científicamente correcto.

En el ámbito de la Inteligencia Artificial, tenemos la excelente Ex–Machina (2015) de Alex Garland, que ofrece una visión más realista sobre el futuro de las máquinas semejantes al hombre de lo que James Cameron mostró con Skynet en Terminator (1984).

En el caso de los “contactos extraterrestres” nos alejamos tanto de las visiones nostálgicas de Steven Spielberg con E. T. (1982), como de las destructivas de Roland Emmerich con Independence Day (1996), para acercarnos a un escenario científico del tipo Arrival (2016) de Dennis Villeneuve, basado en una auténtica novela de ficción especulativa como Story of Your Life de Ted Chiang.

¡Pero, en el tema de los viajes espaciales con propósito de “librar a la humanidad de una extinción inminente ante un desastre cósmico”, ocurre algo realmente interesante!

Por un lado, tenemos obras como Interestelar (2014) de Nolan.

Una cinta que no sólo se rinde ante el rigor científico basado en auténticas ecuaciones sobre la relatividad de Einstein, también es asombrosa al explicar un hipotético viaje a través de un agujero de gusano; pero, lamentablemente, no logra compensarlo así con el lado del entretenimiento. Sus arcos argumentales se tejen entre el romance innecesario y las subtramas baratas, lo que termina convirtiéndola en un melodrama de ciencia ficción bastante irregular.

Así, por otro lado, tenemos cintas como The Wandering Earth (2019) de Frant Gwo, la nueva pieza distribuida por Netflix y venida desde tierras chinas, cuya producción ya es considerada la tercera más taquillera de la historia de ese país.

Una cinta de “ciencia ficción” basada en la novela The Three Body Problem del escritor chino Liú Cíxīn, que vuelve a retomar la idea de los viajes espaciales con la idea de salvar a la humanidad de un acontecimiento apocalíptico. Aunque, a diferencia del Interestelar de Nolan, opta mejor por hacer a un lado las teorías y las ecuaciones plausibles para saltar directo al entretenimiento puro. ¿Y saben una cosa? Es excelente en ello.

Aprecien la ironía. Mientras uno es superior en lo científicamente correcto pero patético al construir historias, el otro es asombroso entreteniendo a su público pero un desastre para la comunidad científica.

Y lejos de que este detalle signifique un posible defecto a considerar, se transforma poco a poco en un auténtico acierto. Porque una vez asumiéndolo, una vez aceptando que esta película no obedece las leyes físicas de nuestro universo, puede hacer con el suyo una gran aventura sin necesidad de recurrir a la ciencia verdadera. Es decir, tiene su propias reglas; su propia lógica.

Aceptémoslo. Interestelar (2014) de Nolan podrá ser lo más creíble y cientificamente correcta que quiera, pero es una cinta tan pretenciosa, tan efectista y rebuscada, que su trama, paradójicamente, termina convirtiéndose en una más del montón. La gracia de The Wandering Earth, en cambio, es que opta por hacer de lo hilarante y lo imposible poderosas herramientas de entretenimiento puro.

El paralelo chino de un Armagedon (1998) de Michael Bay que es prácticamente una odisea absoluta a la ciencia ficción blanda. Tan sólo hay que escuchar de qué mierda va esta película para poder entenderlo.

Una historia de distopía y apocalipsis cósmico que pretende seguir la misma línea que novelas de ciencia ficción, como Crónicas Marcianas (1950) de Ray Bradbury o películas como Sunshine (2007) de Danny Boyle, propusieron en su momento, pero de una manera bastante particular.

Mientras que el libro de Bradbury proponía la huida desenfrenada de la humanidad hacia Marte con el fin de librarse de una terrible extinción; y en la película de Boyle, emprender un viaje suicida hacia el sol con el fin de reavivarlo antes de que éste muriera, la trama de The Wandering Earth da un giro fantástico y propone lo inimaginable.

En lugar de que la humanidad construya poderosas naves de escape hacia otro planeta habitable con el fin de repoblar otro mundo, hacen que nuestro propio planeta, de hecho, sea la nave de escape que, a través de enormes propulsores, sea capaz de moverse hacia otra galaxia.

He ahí la dulzura de la ciencia ficción blanda en su máxima expresión. ¡Por Dios, he ahí! Ahora sí que ya lo hemos visto todo.

¿Cómo funcionan esos propulsores? ¿Y cómo es que el ser humano sobrevive a esto? ¿Y qué estragos trae al planeta tras ser movido de su órbita? ¿Stephen Hawking (1942-2018) se habría enfurecido o la habría pasado bien con semejante disparate? Todas estas preguntas que genera la trama serán respondidas, claro, pero sólo y exclusivamente dentro de la propia lógica de la cinta. No esperes más porque tampoco es que lo necesite.

Mientras Christopher Nolan se dedica a recrear con lujo de detalle un hipotético viaje en un agujero negro, el atrevido Frant Gwo muestra una epopeya fantástica a la altura misma de un mito griego, disfrazada de Sci-Fi. Así es, mover la Tierra hacia otra parte. Esto es ciencia ficción con sabor a fantasía.

Pero no sólo eso. También es un drama especial y bien logrado que crece al punto de lo disfrutable. No se excede en lo meloso ni pretende convertirse tampoco –como otras cintas norteamericanas– en el discurso patriótico de toda una nación. Pese a que gran parte del elenco y los protagonistas son chinos, los espléndidos actores logran transformar esta cinta de catástrofes en un drama meramente humano, donde cualquiera puede sentirse identificado.

Algunas escenas son bastante irregulares, pero otras alcanzan el estatus de ser ¡increíblemente sublimes! Capturan la majestuosidad del universo a través de unos efectos especiales tan destacables, que es posible recrear con éxito esa interesante jugarreta existencial que muchas veces se ha hecho con este tipo de películas: comparar la insignificancia del ser humano y su existencia con la majestuosidad del universo mismo.

Stanley Kubrick lo logró en 1968 a través de su visionaria 2001: A Space Odyssey (1968) de una manera más existencial y filosófica, pero Frant Gwo lo replica ahora con los abrumantes temas de la extinción, la distopía o la supervivencia humana en el terreno de la ciencia ficción blanda. Sin tramas rebuscadas ni pretenciosidades científicas a lo Nolan, pero tampoco con discursos patrióticos a lo Michael Bay.

Lo digo enserio. Que esta cinta retome el tradicional camino de la acción desenfrenada y el Sci-Fi sin pisca de “ciencia seria”, no le quita mérito alguno.  No será la mejor película de ciencia ficción de la historia, convengamos eso, pero a diferencia de muchas otras cintas norteamericanas actuales de distopía –Ejem, Avengers: Endgame, ejem– que llegan a ser bastante mediocres, esta producción china es prácticamente superior.

¿Qué puedo decirles? The Wandering Earth (2019) es una locura surrealista más mitológica que científica, pero no le quita que sea una gran odisea a la ciencia ficción blanda. ¡Belleza divina!

Sinopsis:

“En un futuro lejano, cuando el sol comienza a perder su energía, un grupo de astronautas se propone encontrar un nuevo planeta en el que pueda habitar la raza humana”.

*Foto de portada tomada de YouTube

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