Cuento ganador del Segundo Concurso de Cuento Breve de Rock Parménides García Saldaña

Jesús Adín Valencia

Capítulo I. Lucero trotavientos. Ni antes ni después de la suspensión giratoria Lucero describe a ciencia cierta cuánto dolor percibe, asimila o esquiva 

Comenta le resulta 

«apoteósico» «volar», a trote con el cuerpo suspendido desplazándose a un estado poco a poco vaporoso 

–Yo no siento estimulación sexual; pero sí, la sensación de suspenderme insinúa no menos que la prolongación de un orgasmo, sin consumar el acto. Así lo veo. Deben ser las endorfinas liberadas 

 

«¡Apacíguate Lucero!» imagino dictatoriales minúsculas bocas 

abriéndose paso dentro de cada neurona. Afuera, nada 

 

Hay punzadas de principio, durante la perforación. Al paso de 

pocos minutos 

cambia a ser cuestión de «credibilidad»; es decir –no sé si me explico bien pero– 

a la cuarta o quinta vuelta 

dejo de creer en el dolor. Juego el tropo de «trotar el viento» 

Y evoca la noche del tatuaje inacabado sobre la espalda de Stella. Primero, la escena donde mueve un brazo fonocaptor a la pista del disco azul cuya espiral de mandala comienza en un volcán afuera 

vuelto nube vuelta ave 

vuelta ojo parpadeante 

Se puso los guantes de látex. Depuró la tersa espalda-lienzo desde la raíz del cuello hasta el pronunciamiento de las nalgas 

estelares 

Fijó papel pasante con el diseño previsto. Calcó 

palmo a palmo con jabón el esténcil de una mujer alada, desnuda en el universo 

Es un ser angelical 

           que sale de la Tierra 

                                   cruza la Luna 

busca llegar a Venus; girasólico, el Sol, a la altura del hombro 

El ángel deja un vestigio de polvo sideral 

 

–Oye Lucero, una preguntita: ¿Por qué te suspendes? –cuestionó la joven del tatuaje en proceso 

–Para liberarme 

♫ y de repente 

estás muy sólo ♪ 

–Esa canción está padre, me gusta -así, tal cual, cambió de tema- tenía mucho sin escucharla 

y la tienes en vinil 

–Es música de la nostalgia 

–En mi pueblo lo llaman chavorruquez 

–Pues es preferible ser chavorruca, a una hipster que se obliga a escuchar esta música sin sentirla, por mera pose a veces momentánea 

 

–¿A ti qué te hace sentir 

o recordar, Lucero? 

–¿Qué, la música o la suspensión corporal? 

–La música. O ambas 

«Creció en mi frente un árbol. 

Creció hacia dentro. 

Sus raíces son venas, 

nervios sus ramas» 

Octavio Paz 

♪ Nadie es nada, solo adentro ♫ 

–Pues muchas cosas, Stella 

que incluso no tengo presentes ahorita; unas sí, unas no, pero allí están en collage 

ramificadas en la memoria. Recuerdo mis tiempos de secundaria, vivía en Tijuana; 

me veo caminando con mis Dr. Martens y mi camisa de Use Your Illusion 

por la calle Revolución mientras escucho Pobre de Ti en mis walkman o discman 

 

Hay burros pintados de cebras, escándalo de spring breakers en las terrazas de los bares; 

sucede el «Efecto Tequila»; vuelan canciones, otra música, máscaras, artesanías de infinitos colores; se escuchaba fuerte La Cuca; tuve una compañerita que sufrió bullying por eso de la «señorita cara de pizza»; una amiga que bailó November Rain en su fiesta de XV años, desinvitó a la fresa porque primero la vio llorar la separación de sus padres 

pero poco después lloró más la separación de los New Kids On The Block; 

el Chupacabras en Ocurrió Así de Telemundo; terminó el mandato de Salinas; 

se levantó en armas el EZLN; firmaron el TLC; murió Kurt Cobain; mataron a Colosio y hubo un Aburto que después no se parecía; 

Shoemaker-Levy 9 impactó Júpiter 

y nació mi conflicto de enamorarme de otras niñas 

 

Fragmentos ligados 

líneas como nervios 

♫ te desbarata el viento sin dudarlo ♪ 

Stella sonrió. Hizo un leve movimiento boca abajo en la camilla, como estaba, rodeándose los senos con los brazos cruzados. A Lucero le quedó impreso el gesto imborrable cuando la

joven volteó a verla de reojo 

mientras apartaba su cabello 

dejándose al descubierto la oreja 

parte del seno derecho 

La imagen del torso femenino en esa posición le dio inspiraciones nuevas. La atracción física siempre fue evidente -y lo mejor- recíproca. Interruptora de la obra, Stella, conservando la misma postura, pidió a Lucero un beso en sus labios, desde atrás 

Presta cambió de posición. El sudor transmutó los tatuajes. Originalmente, Stella tenía en el vientre un Cristo afligido con la mirada puesta hacia el cielo; también 

una rosal carente de rosas, lleno de espinas en el dorso lateral del brazo izquierdo; 

había un tigre de bengala asomándose a la altura del pubis; había una majestuosa ave que desplazaba sus plumas hacia el torso lateral derecho, desde la altura del seno 

rumbo al muslo. Lucero, en contraste, tenía en la muñeca derecha tatuado r=2GM/c2 

fórmula para calcular el radio de los agujeros negros 

Tenía un cráneo de fuego en el pecho y justo debajo, en el vientre 

un demonio de grandes cuernos cercándole el par de senos 

apenas por encima de un león de prominente melena 

En el dorso lateral del brazo derecho, un ruiseñor abierto de alas 

 

El disco dejó de girar 

el brazo retornó a la base 

Asiló estático 

 

Lucero sigue. Lleva alrededor de veinte vueltas a 16 R.P.M. o menos. Ha olvidado en qué curso gira, si en sentido de las manecillas, a contrarreloj, no importa; ignora si Stella llegó a verla. De cualquier modo, no abrirá los ojos. Imagina el año de 1994. No hay dolor. Debería sentir quince dolores punzantes, quince agujas, gruesos ganchos, manecillas de saeta aferradas de la espalda directo al arnés giratorio; pero ella 

fluye, flota, trota. Capítulo II. Amalgama. Imaginar el ‘94 la trasladó al día del tatuaje, la sensación de Stella en el cuerpo y la mezcla de tatuajes en ambas: 

 

La muñeca derecha de Lucero detonó un agujero negro que absorbió planetas, absorbió la Luna y el Sol en Stella. No tan lejos, en el dorso lateral del brazo izquierdo en Stella, murió clavado el ruiseñor de Lucero. Nació una rosa roja 

y nació un gigantesco Ligre corriéndoles ambos cuerpos 

como si fuesen la sabana. El Cristo y el demonio 

inclinaron ambos la cabeza para detenerse 

cada cual con la corona de espinas o con el par de cuernos y evitar el roce mayor de narices y de bocas, a todas luces, sacrilegio transgresor de las buenas conciencias 

Al deslizarse y acariciar el pecho de una 

el torso lateral derecho de otra, el cráneo de fuego encendió las plumas del ave 

 

Desde el público, la amante mira. Suena en el recinto Ave Fénix de Lucybell 

–Junio de 2012 

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Foto de portada: Luis Colchado

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