Los mundos parisinos de Brassaï

Los mundos parisinos de Brassaï

Foto tomada de Museo del Palacio de Bellas Artes
Paula Hernández Gándara

Dentro del palacio hay una puta expuesta. Y al lado de ella una princesa, acompañada de Joe Kennedy, un barquero, un cargador en un mercado, dos homosexuales compartiendo el mismo traje y otras chicas del prostíbulo, el cabaret y los burdeles. Ah, y no nos olvidemos de Christian Dior, Salvador Dalí y Pablo Picasso.

Esto es París dentro del Palacio de Bellas de Artes. Un conjunto de personajes que habitan una sala dedicada a la fotografía de Brassaï, escritor, ilustrador y fotógrafo húngaro del siglo XX.

Entras al museo, tomas tu boleto, te formas y subes al cuarto donde está la exposición. Y está frío. ¿Es porque el clima de París es así? No, no, no… las fotografías necesitan estar a esa temperatura, ¿pero acaso las putas no sienten frío?

Un pequeño texto introductorio te ayuda a entender brevemente la vida del fotógrafo: su nombre fue Gyula Halász, nacido en Brassó, Transilvania, en 1899. Llegó a París en 1924 luego de estudiar arte en Budapest y Berlín, para estudiar pintura.

En la ciudad se dedicó a la ilustración haciendo caricaturas que vendía a revistas y periódicos, firmadas bajo el seudónimo “Brassaï”: derivado de su distrito natal Brassó. Pocos años después descubrió su amor por la fotografía, retratando el mundo nocturno de la ciudad que lo adoptó; en 1949 obtuvo la nacionalidad francesa.

Para 1970, la trayectoria de su trabajo fue especialmente celebrada. Y aunque durante la ocupación alemana en París se dedicó únicamente al dibujo y la escritura, mantuvo consigo el “estilo que había forjado en los años treinta: directo, franco, comprometido con la magia de los hechos desnudos”. Falleció en 1984.

Entonces empiezas a ver su trabajo. Espera, vas detrás de la chica que camina a paso lento y delante de la familia que sigue tratando de pronunciar el nombre de las fotos en francés, pero no te distraigas. Te das cuenta de que el mundo de Brassaï es blanco y negro; aunque la luz crea toda una gama de grises.

Encuentras a toda una serie de personajes de la vida cotidiana de París: un vendedor, unos hombres trabajando en el techo de una casa, limpiadores de pozos, marineros y un chino. Todos ensimismados en sus quehaceres del día; uno que otro ve directo al lente del fotógrafo. Te das cuenta de que es otro día más en su vida porque no visten de manera extraordinaria: es el overol de hoy, los pantalones de trabajo regular, el mismo uniforme y el traje de diario. Reconoces que la tela es sencilla: rayón o nylon; que la ropa es cómoda por su practicidad. Es una de las realidades que captura Brassaï, la de la clase trabajadora.

En contraste a esta clase, del otro extremo de la sala, la opulencia. Personajes de la realeza y aristócratas que visten trajes de seda y lino, vestidos de satín y encaje; prendas que denotan otro tipo de vida, que se mueven en bares, fiestas y cenas extravagantes. O que se quedan quietas tras el flash de la cámara en una sala decorada. ¡Aquí están las princesas, Kennedy y Dior!

En medio de estas dos realidades, una feria de barrio: ves máscaras y libertad en las líneas sencillas de los vestidos, que son simples pero también con estampados. Un poco del folclor parisino de la época. Un momento divertido, cálido en la frialdad de una sala que solo aumenta de temperatura para conservar las instantáneas.

Al final de la exposición, un clímax que devela la periferia de París. Piensas si es irónico o no que los mismos protagónicos marginados se encuentren cerca de la salida de la sala. Una serie de desnudos en cabarets y prostíbulos. Y Magic City, hogar de los drags y de los bailes organizados por/para la comunidad LGBT de ese entonces.

Artilugios, encaje y satín, babydolls, poca ropa, vestidos extravagantes con brillo y proporciones exageradas; dos hombres que comparten un traje: el de la izquierda usa solo el saco, el de la derecha los pantalones.

Una serie de desnudos. Espaldas al descubierto que dejan entrever las curvas que se forman en la cintura, que se ensanchan en la línea de las caderas; la longitud de unas piernas que parecen tocar los marcos de la fotografía. Y siluetas delante de un espejo: el pudor desinhibido de una mujer mientras el hombre se viste; pantalones de vestir, camisa y corbata a medio hacer en contraste a la suave piel sin tapujos. Rostros que en ocasiones permanecen ocultos pero que tampoco temen mirarte de frente.

En el camino que despide a la sala, retratos de artistas y personajes famosos de la época hasta nuestros días. ¡Aquí están Dalí, Picasso, Henry Miller! Artistas del barrio de Montparnasse.

Y ahí termina el recorrido. Cruzas la puerta que te separa del París de Brassaï; del día a día de los parisinos; de la suntuosidad real y aristócrata; del carnaval y la feria; de lo prohibido que se encuentra a las afueras de la ciudad.

Como las fotografías, se queda solo el recuerdo de “Brassaï. El ojo de la noche”. Noches que aparecen a media tarde, rodeadas por las paredes de un palacio donde las putas se esconden en la desnudez de sus cuerpos.

***

La exposición se encontrará en el Palacio de Bellas Artes hasta el 16 de junio. Recuerda que de martes a domingo el horario es de 10:00 a 18:00 horas. Además, ¡los domingos la entrada es libre! Aquí puedes consultar más información.

Foto tomada de Museo del Palacio de Bellas Artes
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