Elección extraordinaria: los medios

Elección extraordinaria: los medios

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Juan Manuel Mecinas

@jmmecinas

Hace un año era evidente la inequidad en la contienda a gobernador.

El Instituto Electoral del Estado buscaba a toda costa proteger a la candidata a gobernadora, Martha Erika Alonso. Quien durante seis años se hizo llamar la esposa de Moreno Valle, de pronto quiso que nadie la señalara como la esposa de Rafael, porque era una actitud misógina, a pesar de que ella fue quien impuso esa tendencia al presentarse y promocionarse como la mujer del otrora gobernador.

Además, el manejo burdo de recursos y la coacción a la burocracia ameritaron que el candidato de Morena, Luis Miguel Barbosa, señalara la elección de 2018 como una elección de Estado. Ni qué decir de los medios de comunicación, que en una mayoría obviase apoyaban a la candidata Alonso de Moreno Valle.

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¿Ha cambiado algo en diez meses que nos haga pensar que la elección será diferente?

En cuestión de medios parece que solo han cambiado los colores del banderín con el que lanzan loas.

Los medios de comunicación poblanos -en sintonía con la clase política de la entidad- son el ejemplo más burdo de la búsqueda del dinero público como forma de subsistencia. La situación es patética.

Las generalizaciones son odiosas, pero se puede afirmar que nos referimos a la mayoría de medios poblanos -excepciones siempre habrá. Los que ayer eran morenovallistas, hoy alaban al candidato puntero.

¿Por qué su cambio? Porque no saben vivir sin el presupuesto público. Los medios juegan su juego, que no es otro que el del dinero y calculan que apoyando al puntero lograrán cinco años de jugosos contratos.

Las versiones apuntan a que no hay despilfarro de dinero ni consigna, sino que los dueños de medios apuestan al carro ganador. No se trata de una inequidad en la cobertura, sino de la calidad de la misma.

Los comentarios negativos, las críticas, los señalamientos solo miran hacia una parte del espectro. El candidato del PAN es el más afectado: no hay quien lo defienda, y muchos lo atacan. Sus razones tendrán, pero los medios parecen convencidos de que el candidato de Acción Nacional no tiene grandes probabilidades de triunfo.

Quiérase o no, la contienda sigue siendo inequitativa en materia de medios. Ayer era a favor de un color y hoy es a favor de otro. Las formas no son las mismas, pero el resultado sigue siendo igual.

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En la balanza, otros factores parecen ser más decisivos para tener confianza en la elección. Por ejemplo, que el árbitro sea el INE y no el Instituto Local controlado por el grupo que manda en la entidad, puede tomarse como un punto a favor de la confianza en el proceso electoral.

Y eso es algo determinante si se atiende a la experiencia inmediata anterior: que el INE garantice mayor equidad que la garantizada (es un decir) por el Instituto Electoral del Estado es vital para tener confianza en un resultado mucho más democrático. Los medios pueden cargarse hacia un lado de la contienda, pero la mayor neutralidad del árbitro es más importante.

Si esto es cierto, el candidato puntero debería tomar nota. En 2010, cuando Moreno Valle ganó la elección, los medios priistas de entonces fueron insuficientes para detener una oleada de democracia que ilusionó a los habitantes de este Estado.

En 2019, con una elección extraordinaria menos polarizada, los números del candidato puntero tendrían que convencerle de que una cargada burda de medios a su favor no es necesaria para lograr su cometido.

Si el candidato puntero sabe leer la política sabrá que en este momento le basta con no tener a los medios en contra para llegar a Casa Puebla.

Que ellos se quieran arrastrar por obtener un convenio es algo que el candidato no puede evitar. La naturaleza llama: cada uno elige la capilla para elevar sus plegarias.

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La de los medios es una capilla que hay que dejar de lado tarde o temprano. Se trata de evitar el despilfarro y de que, en algún momento, nadie dude que la elección sea equilibrada en materia de medios.

Desafortunadamente esta elección no será. No ahora. No con estos medios. Aún así, existe la posibilidad de que la contienda sea un poco más democrática.

En estos tiempos, y dado el antecedente de la elección de 2018, una elección más democrática es más que un buen deseo: se ha vuelto una exigencia. El candidato puntero tendría que saberlo. Y tendría que actuar en consecuencia.

Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.

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