El cambio climático y la vulnerabilidad hídrica en la zona metropolitana de...

El cambio climático y la vulnerabilidad hídrica en la zona metropolitana de Puebla-Tlaxcala

Foto tomada en PxHere
Lic. Gabriela Pérez Castresana 

El clima del planeta ha cambiado y está cambiando rápidamente. Un incremento en la temperatura promedio de su superficie se ha observado desde hace más de un siglo, particularmente en los últimos 35 años; y aunque a lo largo de la historia se han registrado cambios en el clima, ninguno había sido tan rápido como el que estamos viviendo. El cambio climático (CC) está sucediendo, es un hecho, y ningún país quedará exento de sus efectos, aun cuando en la actualidad los impactos son más visibles en ciertas regiones del globo.

El problema es real y muy grave, pero existe un desconocimiento generalizado en la ciudadanía sobre los efectos que provoca el CC en su región y de los impactos potenciales en los próximos años, por lo que no hay claridad en cuanto a las acciones que se deberían tomar a nivel local para adecuarse a las venideras y más difíciles condiciones de subsistencia. El CC es percibido como algo real pero distante, intangible, ajeno a la responsabilidad individual y a la posibilidad de aportación. En general, se sabe que la temperatura seguirá incrementando, y la precipitación se verá afectada, pero apenas se conocen las implicaciones de estos cambios en el ámbito local de cada quien.

Lo cierto es que nos encontramos ante una situación de alta vulnerabilidad por el CC, pues además de la situación socioeconómica y ubicación geográfica del país, existen severos problemas con el agua, medio principal a través del cual el CC hará sentir sus efectos.

En las latitudes en las que se ubica México, los efectos esperados para final de siglo serán un incremento de temperaturas de hasta 4 °C, y una disminución en la precipitación por el orden del 15%, particularmente en el centro y norte del país. Esto afectará el escurrimiento superficial de agua y la recarga de acuíferos (agua subterránea), aumentando las condiciones de estrés, generando una mayor presión sobre los recursos hídricos.

En el caso de aquellas cuencas que dependen del deshielo (volcanes mexicanos), también se producirán cambios importantes en los caudales de los ríos y en la recarga de los acuíferos debido a la alteración del proceso de escurrimiento, en relación al derretimiento, que condicionará la disponibilidad de agua para consumo. Tal es el caso de la cuenca donde se encuentra la Zona Metropolitana de Puebla y Tlaxcala (ZMPT), Cuenca del Alto Atoyac, en donde los principales ríos y el acuífero se alimentan en gran parte del deshielo que se produce en el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y la Malinche. No obstante, actualmente, solo quedan unos pocos glaciares en el Iztaccíhuatl y la formación de hielo en la cúspide de los volcanes es menos frecuente.

La Cuenca del Alto Atoyac ha estado inmersa en múltiples e intrincados procesos de transformación social y ambiental que han incidido sobre los recursos hídricos de la región. En las últimas tres décadas la demanda y la contaminación del agua se han incrementado principalmente por el crecimiento de los corredores industriales y el crecimiento poblacional, ligado a la mala gestión del recurso vital. Los principales ríos (Atoyac, Zahuapan, Alseseca) se hallan continuamente expuestos a contaminantes, y el acuífero de donde se extrae el agua para las principales ciudades de la ZMPT, se encuentra en estado de sobreexplotación. No solo se ha afectado la disponibilidad del agua subterránea por la demanda creciente, sino que el flujo de agua al acuífero se ha visto afectado por la pérdida de la zona de recarga debido a la destrucción de los bosques, y al cambio de uso de suelo.

Bajo este escenario, y aún sin CC, la ZMPT y el resto de los municipios de la cuenca se podrían quedar sin agua de buena calidad en los próximos años debido al manejo irracional e insustentable de los recursos hídricos y el crecimiento demográfico. De manera que, de no revertirse la situación, la vulnerabilidad hídrica será mayor en condiciones de CC, y el impacto se sentirá de manera desproporcionada en las comunidades más pobres y en las agrícolas, debido a la intensificación de la sequía y los cambios en los patrones de lluvias.

Lamentablemente, los compromisos existentes para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, como medida de mitigación, son insuficientes para detener el CC, mucho menos con la política energética actual y la dependencia de los combustibles fósiles. De manera que, las medidas de adaptación, es decir, las medidas para reducir la vulnerabilidad de las poblaciones ante los efectos del CC, se convierten en una necesidadpara la sobrevivencia. Un mejoramiento en la gestión del agua y en el manejo de los recursos hídricos podría ser la medida más robusta ante el CC en la región, y debería ser una prioridad que otorgue un lugar central al financiamiento de la adaptación, que incluya la inversión en las capacidades, en las instituciones, y el mejoramiento de la infraestructura para el almacenamiento, distribución y tratamiento del agua.

Se requieren con urgencia acciones contundentes para abordar los enormes desafíos de la seguridad hídrica en la ZMPT, y dar énfasis a los estudios que permitan definir una estrategia de gestión del agua bajo el contexto de CC; investigaciones orientadas a cuantificar el potencial hídrico en la cuenca: glaciares, cuerpos de agua superficiales, subterráneos, y definir las necesidades de adaptación en términos de obras civiles con diseños que tomen en cuenta los cambios que se esperan. Y como medidas inmediatas de adaptación se debe resolver el problema del uso ineficiente del agua y trabajar sobre la toma de conciencia de la población en el ahorro de agua y energía.

El desafío que implica la adaptación al CC puede comenzar a abordarse por medio de una serie de cambios fundamentales en el modo en el que las sociedades manejan sus recursos hídricos. Y aunque el reto es enorme tanto para el gobierno como para la sociedad en su conjunto, los resultados no serán significativos si no adoptamos un serio compromiso de ser parte de la solución.

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