Cuento con mención en el Segundo Concurso de Cuento Breve de Rock Parménides García Saldaña

Adriana Cuevas Patiño

Estoy esperando mi camión en la terminal del ADO. Te quiero, te extraño nada es igual que ayer y vivo atada a un sentimiento. Aparecieron unos jóvenes sabes, sacaron una guitarra blanca y al escucharlos sin querer voy haciendo en mi mente una fotonovela de nuestra historia. Aunque tengo roto el corazón, desarmada la razón, recuerdo que yo te vi en un tren y no pude ni siquiera decir hola y ahí empezó nuestra historia. 

Muchos años uno cree que el caer es levantarse, y de repente, ya no te paras, que el amor es temporal, que todo te puede pasar y de repente, estás muy solo. 

Así me sentía Mario, cada día, esperando que llegaras de la barra del 33. Siempre intuyendo que no existía afuera, solo adentro, afuera me desbarataba el cielo sin dudarlo y entonces le pedía al viento: –amárranos, tiempo, detente muchos años, enséñame, de que estamos hechos–. 

Pero a ti siempre se te hacía de día, mientras yo, ya me había puesto en pie, siempre haciendo la casa, hasta el café, pero llegabas cansado y saludabas sin mucho afán. 

Tantas veces té pedí que no regresaras si no era para darme amor, un poquito de amor y tú me decías. – Eres lo que más quiero en este mundo, eres mi pensamiento más profundo, mi salvación, mi esperanza y mi fe. Soy el que quererte quiere como nadie, soy el que por ti daría la vida, ese soy–. 

Sin embargo, mis amigas, me querían agitar, me incitaban a gritar, que adentro había un volcán, yo soy como una roca, palabras no me tocan, era mi situación, una desolación, yo quería estar tranquila. Y tú Mario, parado siempre sobre la 

muralla que divide todo lo que fue de lo que será, ahora estoy mirando como esas viejas ilusiones, pasando la muralla se hacen realidad. A lo que yo exploto como una célula, porque había veces que no tenía ganas de verte, veces que no quería ni tocarte, había veces que quería ahogarte en un grito y olvidarme de esa imagen tuya, pero no me atrevía. Recuerdo cuando te salí a buscar y desde lejos vi una luz, roja era la luz, luz de neón, que anunciaba el lugar y adentro la noche era música y pasión. Y te atreviste a decirme: –Esas son puras mentiras, esa noche yo no estaba ahí, debes estar confundida o había un tipo igualito a mí y añadiste, ingrata, no me digas que me quieres, no me digas que me amas, que ya no te creo nada–. Sólo pude exclamar: no dejes que nos coma el diablo amor, que se trague tu calor, así viendo a través del humo me iba volando y tú eras mi guía y entre los muros nos haríamos viejos y algún día estaríamos tranquilos. Ahora veo que fue la fuerza del destino que nos hizo repetir. Desde hoy iré por la vida hilvanando traspiés, como una estúpida y cada día yo pensaré, esta vez, será la última. 

Es tan fácil romper un corazón, cuando el amor se deja atrapar por un corazón que no sabe amar. Ahora veo que en el caos no hay error, y que la cosa pierde color cuando la piensas dos veces y más dispuesto pareces a pensar en lo peor y aunque el cielo no es eterno, hasta mañana no vuelve a llover, nunca se puede saber, lo que va a ocurrir mañana, salvo que al fin de semana, sigue un lunes otra vez. 

Yo sé que no tengo palabras y nunca las voy a tener, por eso aprovecho esta noche, tal vez lo puedas entender; por eso, estoy sola otra vez. 

Jugaste a quererme y yo jugué a que te creyeras que te creo y no me importa nada. El dolor es fuerte y lo soporto. Sé que es 

tarde ya para pedir perdón, sé que es tarde ya y lo siento, termina nuestro amor. 

Yo también me voy, prefiero olvidar esta lucha de gigantes. 

Como te extraño mi amor porqué será, me falta todo en la vida si no estás, pero las piedras rodando se encuentran y tú y yo un día nos habremos de encontrar. 

Nadie me vio partir, lo sé, nadie me espera, no voy en tren, iré en avión y no necesito a nadie, a nadie alrededor, creo que todo lo que hago está mal, yo no sé por qué, yo le echo muchas ganas, pero nada me sale bien. 

Ya terminó este amor de música ligera, nada nos libra, nada nos queda. 

Yo te pido por favor no me busques más. Amanece tan pronto y yo estoy tan sola y no me arrepiento de lo de ayer. 

Que difícil se me hace, mantenerme en este viaje, y saber a dónde voy en realidad, si es de ida o es de vuelta… estoy esperando mi camión en la terminal del ADO, quiero que me lleve, lejos, muy lejos, a la chingada de aquí. 

Quizás ahora quieras leer el cuento Doncellas de metal 

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Foto de portada: Luis Colchado

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