De debates y sueños democráticos

De debates y sueños democráticos

debate 2019
Foto tomada de YouTube
Cuauhtémoc Cruz Isidoro

Escribo estas líneas después del primer –y único– debate de candidatos a gobernador del estado de Puebla. Como ciudadano interesado en lo que sucede a mi alrededor, así como tengo el hábito ñoño, dirían algunos, de leer las noticias a primera hora de la mañana, también tengo el hábito de sintonizar los debates electorales ya sea a nivel federal o a nivel local.

Como ciudadano-espectador, el año pasado agradecí el cambio de formato propuesto por el Instituto Nacional Electoral (INE) para los debates presidenciales, en particular la incorporación de periodistas dentro de estos ejercicios y la interacción ciudadana vía redes sociales, lo que sin duda me dejó un buen sabor de boca.

Con ese antecedente, la invitación de Gabriela Warkentin al debate poblano me causó entusiasmo. Su participación en los debates 2018 fue, en mi opinión, de las mejores. Así que esperaba un debate diferente, fuera de lo acartonado, donde se privilegiara la confrontación de ideas y propuestas. Sin embargo, después de casi dos horas, las propuestas se fueron a segundo plano para dar paso al enfrentamiento entre los candidatos para acusarse de corruptos. Que si uno es una “fichita” y “se quedó con el dinero de la campaña”, que si el otro “no es de fiar” y no está “preparado física ni moralmente para gobernar”, que si del tercero “su mentor” es el Gober precioso. Fotos, screenshotsde portales digitales o reproducciones de portadas de diarios impresos, fueron elementos gráficos utilizados para sustentar las acusaciones. ¡Chulada de debate!

Pero lo que vimos los poblanos –y algunos colados de otros estados– en el Complejo Cultural de la BUAP, no es privativo del escenario político local. Actitudes similares las vimos en los debates presidenciales del año pasado y en ejercicios similares en periodos electorales anteriores. Pareciera que lo importante de los debates es demostrar que el candidato contrario es “corrupto” (o el “más corrupto”). Para el electorado, o mejor dicho para el espectador, este ejercicio clave del sistema democrático se convierte en un mero espectáculo de acusaciones (algunas de ellas sin sustento claro) donde no importa la propuesta sobre cómo mejorar al país o la entidad, sino posicionar la percepción –porque en muchos casos sólo es eso– de que el suspirante opositor es el peor.

En México, lamentablemente, nos estamos acostumbrando a la corrupción, la estamos normalizando. La simple acusación por robo o malversación de fondos, por mínima que sea, debería prender las alertas en la sociedad, debería provocarnos indignación, debería movilizarnos al rechazo, pero no. Así como con la guerra contra el narco nos empezamos a acostumbrar a las ejecuciones y las balaceras como algo cotidiano, ahora estamos normalizando que nuestros políticos –del partido que sean– sean corruptos, hagan trampa.

De acuerdo con el Índice de la Percepción de la Corrupción 2018, elaborado por Transparencia Internacional, nuestro país se colocó en la posición número 138 de 180 países evaluados con una calificación de 28 sobre 100. En comparación con la edición 2017, caímos tres posiciones.

Si bien en los últimos años se han implementado acciones –por lo menos en papel– para combatirla, como el Sistema Nacional Anticorrupción o los avances en las leyes de transparencia y acceso a la información, aún nos queda un largo camino por recorrer para disminuir los índices de corrupción. Es papel de los ciudadanos el no normalizarla, no verla como algo cotidiano. Es el ejercicio del derecho a la información un camino para ir combatiendo esta realidad.

Ojalá, en verdad lo deseo, llegue el día en que veamos un debate –al puesto de elección popular que sea– donde no haya acusaciones de corrupción; donde no tengamos que decidir por el candidato “menos peor” o el “menos corrupto”; donde se privilegien las propuestas y las ideas; donde nos digan los qués, pero sobre todo los cómos y los cuándos.

Nuestra democracia, es cierto, aún es muy joven. Estamos aprendiendo a ser ciudadanos. Pero también necesitamos que nuestros políticos aprendan a ser mejores políticos. En verdad nos merecemos una mejor calidad de candidatos. Nos lo merecemos como ciudadanos, nos lo merecemos como mexicanos.

Cuauhtémoc Cruz Isidoro, comunicólogo por la IBERO Puebla y maestrante en Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Actualmente es responsable de Comunicación del Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría y es Secretario del Capítulo Puebla de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI Puebla). Se ha especializado en derecho a la información. Chiva y blaugrana de corazón.

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