Brightburn. Una alternativa al actual cine de superhéroes
Brightburn es una cinta fresca y con escenas ingeniosas. Especial en su particular forma de ser. Un paralelo directo de los famosos íconos de DC Cómics
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
30 de mayo, 2019
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Foto tomada de YouTube

Héctor Jesús Cristino Lucas

Con el enorme éxito de taquilla cosechado por Marvel Studiostras el reciente estreno de Avengers: Endgame (2019), y con un portentoso Spiderman: Far From Home de John Watts siguiéndole para cerrar así con nada menos que 10 años de este exitoso universo, la pregunta que genera ciertas dudas, la primordial, la del millón entre cientos de fanáticos y otros aficionados se convirtió de repente en la más polémica, pero también en la más realista de todas: ¿Acaso no estamos hartos ya del cine de superhéroes?

Parece gracioso hasta para el más obtuso de los individuos porque el éxito de este universo, incluyendo por supuesto al de Warner Bros y su DC Entertainment, responde un rotundo “NO” a quien se haya atrevido a insinuarlo. Ya que quizás no estemos frente al último ciclo de esta hilarante fiebre por adaptar cómics a la pantalla grande. Probablemente, y es algo que muchos críticos ya han afirmado, esto es apenas el comienzo.

Aceptémoslo, de un momento a otro estas películas adquirieron un llamativo emblema dentro de la cultura pop actual, ganándose no sólo el corazón de pollo de muchos de sus fanáticos, mas también los primeros puestos dentro de las cintas más taquilleras de toda la historia. Y eso es un gran mérito por reconocer, porque ni el propio James Cameron –director de Avatar y Titanic– consideraba estas cintas como algo destacable para la industria.

Afirmación que, por supuesto, tuvo que retirar cuando Endgame le arrebató sin problemas el segundo lugar a Titanic (1997) en cuestión de semanas. Y veremos si esto se repite contra Avatar (2009).

Pero lejos de creer que esta batalla por la corona máxima sea lo que mantenga con vida al actual cine de superhéroes, convengamos que probablemente no todo se ha dicho al respecto. Y que en lugar de desaparecer –de convertirse en una anécdota de mal gusto para las siguientes generaciones– estos universos ofrezcan un sinfín de posibilidades que la industria seguirá aprovechando.

Tal vez el acontecimiento de Avengers: Endgame no marcó el final definitivo de esta tendencia sino la forma en cómo se hacen estas películas. Porque si bien Marvel Studios ofrecía una visión más familiar, donde la comedia y la violencia moderada eran prácticamente el pan nuestro de cada día, otras producciones, más arriesgadas aún, ahora opten por hacer lo contrario en pos de ofrecer nuevas e ingeniosas perspectivas.

De hecho, Walt Disney se ha mostrado interesado en crear películas de clasificación R tras comprar la compañía de la 20th Century Fox a principios de este año, a la que pertenecen la exitosa saga de los X-Men y la tan querida Deadpool (2016) de Tim Miller, que planteó un fresco y singular estilo al convertir otros cómics en películas más subiditas de tono. Por lo que probablemente las nuevas entregas de la saga Marvel adquieran estas características para evolucionar la franquicia.

No obstante, estas intenciones no sólo vienen por parte de la casa Disney. El reciente y polémico estreno de Hellboy (2019), traído con maestría por Neil Marshall y la mismísima Dark Horse, fue un extraordinario intento por ofrecernos un personaje de cómic diferente al resto cuya naturaleza evocaba a lo grotesco y se rendía sin tapujos a lo sanguinario.

Leer | Hellboy (2019) ¿Una gran decepción?

https://www.youtube.com/watch?v=refN72vcV_8

Y a todo esto, sumémosle dos cosas. Número uno: las constantes noticias que vienen llegando sobre la próxima adaptación de los cómics de Spawn, cuyo creador, Todd McFarland, no deja de afirmar a los medios que la película será tan diferente a lo ofrecido por Marvel que incluso la mismísima Deadpool se podría quedar corta.

Y número dos: el modesto y desapercibido estreno de una película tan pequeña –tan intimista–, que parece confirmarnos a través de su hilarante premisa la teoría de que a partir de ahora el cine de superhéroes será llevado con elegancia a un terreno más serio, más violento y, claro, más aterrador.

Colada discretamente entre los grandes blockbusters del año –la imparable John Wick 3: Parabellum de Chad Stahelski y la más reciente Aladdin de Guy Ritchie–, Brightburn del director estadounidense David Yarovesky aguarda tranquilo a un considerable estatus de clásico instantáneo que marcará un antes y un después en la historia del cine de superhéroes.

Y aunque habrá quienes lo duden, quienes se alcen en contra de esta sorprendente afirmación, me alegra informar que está casi destinado a ser así.

Empezando porque Yarovesky es un director emergente que desde su impactante opera prima que algunos críticos llamaron “la mezcla perfecta entre el Memento de Christopher Nolan y el Evil Dead de Sam Raimi”, The Hive (2015) significó de pronto no sólo una promesa para el actual cine de terror, sino para la industria misma.

De hecho, esta película llamó tanto la atención de James Gunn –director detrás de Guardians of the Galaxy Vol. I II– que pronto se ofreció a ser el productor ejecutivo de su siguiente trabajo. Y junto a sus dos hermanos, Mark y Brian Gunn ejerciendo como guionistas, pusieron manos a la obra al crear este extraño híbrido cinematográfico tan interesante como entretenido.

Una cinta cuya interesante premisa juega con la idea de preguntarnos, con cierta curiosidad, ¿y si en realidad el niño que llegó de las estrellas en una nave espacial fue enviado a la Tierra no para salvarnos sino para exterminar a la humanidad? Brightburn de Yarovesky no es otra cosa más que la perversión absoluta del relato clásico de Superman que ya todos conocemos.

Y ¿saben una cosa? ¡Esta es sin duda la sorpresa del año! Una película tan consciente de lo que es, que no tiene tapujo alguno en mostrar una alternativa del superhéroe justiciero más famoso de los cómics mientras se retuerce con exquisita maestría dentro de los géneros del sci-fi/horror y el gore.

Lo digo en serio. La producción podrá verse simple y minimalista, pero obedece a la excelente regla de Mies van der Roh que nos dice: “Menos es más”. Con tan poco, con tan escasos elementos, la película ha logrado crearse una identidad propia, un estilo azotador y una alternativa tan fresca que, no cabe duda, estamos frente al nacimiento de un nuevo ícono del terror.

La trama está construida de forma directa y precisa sin llegar a ser necesariamente una película de “origen”, evitando así cuestionamientos básicos que respondan a dudas como: ¿de dónde viene o para qué existe el personaje?, mientras todo se centra en las desventuras que sufrirá un pequeño núcleo familiar en el remoto pueblo de Brightburn.

Pero eso es lo único que necesita Yarovesky para llevarnos a un desquiciado baño de sangre que cualquier entendido en el género terminará amando sin dudar. Y realmente lo pienso, la calidad de efectos especiales usados en esta película es de pura “categoría James Gunn”; tan creativos como tremendamente viscerales, recordándonos los primeros súper clásicos de su carrera como la grotesca Slithe r(2006) o la hilarante Super (2010).

De hecho, el tipo de violencia que maneja Brightburn tiene la súper especial y retorcida manufactura de alguna producción de Serie B. De la buena Serie B, quiero decir. Porque de pronto pasamos de una predecible película de superhéroes –o villanos– a una descarnada cinta slasher que tanto rinde homenaje al violento cine de Sam Raimi como al del inigualable Lucio Fulci.

Y quiero enfatizar esto porque he leído mucha queja acerca de que la cinta llega a ser muy tímida a la hora de mostrar violencia pero, damas y caballeros, en México nos llegó terriblemente censurada. Esto con motivo de que una clasificación B-15 pueda recaudar más taquilla que una clasificación C. Así que advierto que si la película no te ha parecido la gran cosa dentro del cine gore es porque lamentablemente no has visto la versión definitiva. Por ello no vale la pena ir a verla al cine; al menos en nuestro país.

En cuanto a reparto, la cinta es un auténtico deleite. Es necesario destacar a Elizabeth Banks –la actriz fetiche de Gunn– como la madre de este malévolo anti-superman que juega de maravilla con el factor psicológico. Pocas veces se cuenta con semejante calidad para este tipo de cintas, pero su participación no sólo te hace tomar en serio la historia, te hace vivirla al filo del asiento.

Y, por supuesto, a Jackson A. Dunn quien interpreta al malévolo Brandon Breyer. Luego de verlo en este frío y sanguinario papel entra directo a la categoría de “niños malditos” del cine de terror. Al lado de personajes como Damien Thorn deThe Omen (1976) o los diabólicos pequeños de Village of the Damned (1960). ¡Qué personaje tan emblemático y aterrador!

Brightburn es una cinta fresca y con escenas ingeniosas. Especial en su particular forma de ser, pues está pensada para convertirse en una auténtica franquicia con más entregas y un probable universo a desarrollar; no sólo dedicado a responder tantas preguntas que ha dejado esta primera parte, sino a manufacturar el nacimiento de una “súper liga de anti-héroes obscuros” que serán el paralelo directo de los famosos íconos de DC Cómics.

La escena final con el maravilloso Michael Rooker –otro actor fetiche de James Gunn– parece confirmar que los siguientes personajes de este nuevo universo serán las versiones alternativas de nada menos que Aquaman y Wonderwoman. Y si tomamos en cuenta que la película ha recaudado $15,335,000 millones de los $6,000,000 que originalmente había costado, esto no es más que una inminente realidad.

Tal vez sea cierto y la tendencia por hacer adaptaciones de cómics aún está muy, muy lejos de desaparecer, pero Brightburn de David Yarovesky confirma con éxito que nos acercamos poco a poco a nada menos que una nueva y sanguinaria alternativa al actual cine de superhéroes.

¡Y eso sin duda habrá que verlo!

Sinopsis:

“¿Qué pasaría si un niño de otro mundo aterrizara de emergencia en la Tierra, pero en lugar de convertirse en un héroe para la humanidad fuera algo mucho más siniestro?”

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com