Barbosa, entre la puesta en escena y la felicidad como promesa de...

Barbosa, entre la puesta en escena y la felicidad como promesa de gobierno

Luis Miguel Barbosa
Foto: @earoche
Ernesto Aroche Aguilar

@earoche

Hay algo de puesta en escena, de montaje. Personas que, probablemente, el año pasado vestían playeras con un nombre distinto, uno en azul y naranja que la caída del helicóptero el pasado 24 de diciembre hizo cenizas, junto con el grupo político al que pertenecía, hoy portan un apellido impreso en color rojo quemado, el color de Morena.

«Acá las cartulinas, cuando les haga una señal las levantan», dice una mujer a un grupo de personas a la que previamente les repartieron playeras, cartulinas y una provisión de frutas para soportar la calurosa tarde en Palmar de Bravo, el corazón del triángulo rojo.

“Ustedes se ponen en esa orilla con la manta y agitan sus globos blancos cuando se diga: Barbosa Gobernador». Se trata de hombres y mujeres de la tercera edad, quemados por el sol, cansados por los años, por el trabajo rompiendo la tierra para arrancarle maíz, frijol, trigo y hortalizas, al menos hasta antes de que el huachicol regara las tierras.

Foto: @earoche

Esta es la puesta en escena del «porque los conozco mosco, me canso ganso», la frase con la que cierra sus eventos Luis Miguel Barbosa, el abanderado de Morena que recorre por segunda vez en dos años el estado buscando el voto para erigirse gobernador del estado, .

La frase que también muchas y muchos usan como símbolo no oficial del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Tan esto es una puesta en escena, que uno de los militantes de Morena, encargado de entretener el tedio de los que esperan a Barbosa, pide «ensayar el grito» mientras el candidato llega hasta el zócalo de ese municipio de la franja central del estado.

Y la gente lo secunda, y se sienten gansos, y agitan su globo y desfogan la espera.

El evento estaba citado a las 4 de la tarde y es el segundo del día en una agenda que no da tregua ni a la prensa, ni al candidato y su equipo.

“Ha tenido días con 4 eventos, va de un municipio al otro. Al menos son actos de discursos breves, no como el año pasado con López Obrador que eran largos”, me cuenta uno de los reporteros que mantiene un seguimiento constante a la campaña de Morena.

La tarima fue colocada en una de las calles que circundan al parque central de la localidad. Una calle lo suficientemente larga para albergar más de 700 sillas, aunque serían insuficientes, pues se llenaron no sólo las sillas sino incluso los pasillos que se hacen entre las sillas y la pared de la presidencia municipal, y entre las sillas y el enrejado que rodea al parque.

En un estimado, y sin echar las campanas al vuelo, podríamos hablar de 1,500 personas, pero podrían ser más.

Es un evento lleno por el impulso del diputado federal Ignacio Mier y su estructura; por el diputado local Arturo de Rosas y su estructura; por el presidente de Palmar, Vicente Martínez; por el equipo del Colegio de Bachilleres, que acompañó a Barbosa no sólo en Palmar sino también en Quecholac, donde fue el evento previo.

–¿Ahí se ve bien la transmisión?– pregunta el hombre al micrófono a los que tienen montados en tripiés unos celulares conectados a internet, y pide a las personas que están al frente del evento que no suban pancartas pues tapan la transmisión. El mitin está en redes, las benditas (Peje dixit), en transmisión en tiempo real.

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Luis Miguel Barbosa llegó a la actual campaña luego de un largo conflicto postelectoral que se alargó de julio a diciembre, cuando finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) resolvió las impugnaciones que él y su partido interpusieron y las desechó.

Por mayoría, y en una resolución polémica, el TEPJF ratificó al triunfo de Martha Erika Alonso, pero la gobernadora sólo estaría en el poder 10 días. Un accidente aéreo terminó con su breve administración.

Barbosa sorteó después una contienda interna de mucho golpeteo y confrontación con el ex priista y hoy senador por Morena, Alejandro Armenta en la que hubo de todo: descalificaciones, audios filtrados, y hasta un presunto complot para dañarlo.

El actual candidato afrontó esto con una enfermedad a cuestas, una de esas que desgasta a las personas de manera muy rápida si no hay atención y cuidado, una que ya le costó la amputación de una pierna hace seis años por una lesión en el pie mal atendida… pero la diabetes parece no detenerlo en su segundo intento por conseguir la llave de la oficina de la gubernatura.

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Barbosa llega en su camioneta blanca que lo pone a menos de dos metros del acceso al templete. Sube sostenido por un joven que hace las veces de bastón de apoyo. Su rostro parece más una máscara inexpresiva, y sus ojos están teñidos de rojo al parecer de manera permanente.

Sube al templete y levanta la mano a manera de saludo, y en su boca se forma una mueca que no llega a ser una sonrisa.

Camina lento y pronto su equipo coloca la silla en donde transcurrirá el mitin.

Cuando es su turno para hablar, Barbosa se apoya de su esposa Rosario, quien también es parte de la campaña, y también recibe porras y vivas especialmente de las mujeres.

Ella está ahí, a su lado para sostenerlo cuando comienza su discurso, toma su mano y lo lleva de la silla al estrado y de regreso. Siempre lo hace.

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En esta ocasión el discurso del candidato es conciliador y de felicidad, muy diferente a lo sucedido hace unas semanas, cuando en una reunión con jóvenes en el Country San Manuel terminó regañando a quienes al fondo del lugar hacían ruido, y después a las diputadas locales que detrás de él reían y cuchicheaban.

Foto: Marlene Martínez

En esta ocasión, Barbosa se asume dispuesto a dialogar con “todas las fuerzas políticas, con todos los sectores sociales de Puebla”.

Y se sueltan las porras: “¡Es un honor, Barbosa gobernador!”.

Se presenta a sí mismo como alguien que no es un perfumado: “Yo no soy élite, yo no soy clase de privilegios –dice, pero parece olvidar la casa que le compró a la familia del expresidente Miguel de la Madrid, por la que pagó 10 millones de pesos, según su propia declaración–; Soy un hombre de 61 años que ya ha vivido en el ejercicio del servicio público. Yo no soy de la clase política poblana y respeto a todos. Me siento mejor cuando trato con la gente de abajo porque soy de abajo”.

Y asegura que Morena tiene las puertas y los brazos abiertos, pues su partido, dice, “está obligado a actuar con generosidad”.

Después se dirige a los alcaldes que lo acompañan para decirles que trabajará con todos ellos sin importar el partido del que provengan, “porque la gente quiere respuestas, y nosotros, ustedes y yo, se las vamos a tener que dar”.

Él promete que hará lo necesario para desterrar del imaginario colectivo la idea del “triángulo rojo” para transformarlo en un “triángulo virtuoso” atendiendo los problemas de seguridad de la región en conjunto con las diferentes fuerzas de seguridad estatales y federales.

En su discurso Barbosa anuncia que el gobierno que busca encabezar será honesto, honrado y transparente “que combata a la corrupción y la pobreza, que promueva la igualdad y la felicidad”.

Y sobre esa idea, la de la felicidad, es en la que Barbosa borda el cierre de los cerca de diez minutos de su discurso:

“Hay que ser felices, busquen el amor, busquen la felicidad como el equilibrio entre la vida y la naturaleza, seamos una fuerza política de la conjunción de visiones políticas de todas las fuerzas que hay en Puebla. La felicidad, hoy, debe ser una aspiración de todos”.

Además del “me canso ganso”, Barbosa construye su discurso público con líneas muy parecidas al de presidente López Obrador, y va más allá, no solo quiere que sean felices, busca que su gobierno promueva la felicidad.

Abajo las porras arrecian, las pancartas suben y las personas de la tercera edad agitan sus globos blancos y rojos. Quién sabe si esa felicidad que promoverá el gobierno de Barbosa los alcance a ellos, pero están ahí y les dijeron que tenían que agitar esos globos.

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