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Alberto Jiménez Merino: el fantasma en la campaña bajo las siglas del PRI

Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

El pasado jueves 2 de mayo el candidato del PRI a la gubernatura, Alberto Jiménez Merino tuvo una caminata en Momoxpan, junta auxiliar de San Pedro Cholula. Un recorrido muy breve: la cita era a las 19:30 y a las 19:50 se despidió de las 30 personas que lo acompañaban, se subió a una camioneta y se fue.

No hubo invitación de prensa, no hubo anuncios previos y el evento incluso pudo ser confundida con una reunión de vecinos para platicar los últimos sucesos de la semana.

Ni la batucada de jóvenes con playeras del PRI lograron atención. La mayoría de las personas que por cualquier razón cruzó el zócalo de Momoxpan a esa hora pasó indiferente cerca de la brevísima comitiva que acompañaba al candidato.

Pasada ya la primera mitad de la campaña electoral, Jiménez Merino es un candidato que apenas alcanza a arañar los dos dígitos en popularidad.

El tracking diario de la casa encuestadora Masive Caller lo ubicó, hasta el 4 de mayo pasado, en 10.9% en la intención de voto, prácticamente el mismo porcentaje con el que arrancó campaña el 30 de marzo pasado y con extremos volátiles que van del 7 al 13.5%.

A mediados de abril la encuestadora Más Data reveló que sólo 1 de cada cuatro personas en el estado conoce a Jiménez Merino, mientras que a Barbosa lo conoce 3 de cada 4.

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Las casi dos décadas de militancia tricolor y su paso por algunas secretarías del estado en el gobierno de Mario Marín y de delegaciones del gobierno federal, no han sido suficientes para que la ciudadanía lo tenga presente en la elección para gobernador.

No es raro escuchar en sobremesas y reuniones familiares que alguien pregunte quién es el candidato del PRI, y la campaña casi silenciosa de Merino poco ha ayudado a ponerle reflectores. Es el tercero desdibujado en un contienda de dos.

También puedes leer: Jiménez Merino, con la sombra del marinismo detrás.

Lejos, muy lejos están las campañas triunfalistas del tricolor. Lejos muy lejos las cargadas de los sectores, los pronunciamientos, un día sí y otro también, de los líderes de colonias, de taxistas, de trabajadores de la construcción, de jóvenes, mujeres, hombres de poder, al menos simbólico, en torno al abanderado. Lejos la matraca y la torta y el refresco.

Su campaña apenas si se ve en los medios según los estudios del INE, y no sólo porque la apuesta de muchos es el candidato de Morena, sino también porque el propio candidato ha mantenido distancia con la prensa. Pocas veces se invita a sus eventos, y conseguir su agenda del día es prácticamente misión imposible.

Varios reporteros asignados para cubrirlo lo hacen sólo vía redes sociales porque no son invitados a los eventos “porque no avisan”.

Al inicio de la campaña el equipo de prensa de Jiménez Merino extendía a los medios la invitación para asistir a los actos de campaña, pero después dejaron de hacerlo y vía WhatsApp se limitan a mandar fotos, videos y audios de las actividades del candidato en sus giras. Nada más. Así, la mayoría de notas que circulan de lo que hace el priista se llenan solamente con la información que comparten sus enlaces de prensa.

En el listado de eventos que el equipo del candidato ha reportado al INE, el 60% de los 180 eventos registrados tienen la categoría de “privados”.

Es casi una campaña a puerta cerrada, o una campaña fantasma. Lo que predomina son “reuniones con equipo de campaña”. Una de cada cuatro actividades en la agenda del primer mes que el INE tiene en línea están catalogadas así.

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Jiménez Merino tiene un equipo relativamente pequeño comparado con el del candidato de Morena, pero su campaña tiene toda la estructura política de un partido con experiencia: puntual y preciso, aunque sin derroche en eventos masivos y el acarreo de antaño.

La tarde del 2 de mayo en el zócalo de Momoxpan había un grupo de cuatro personas que esperaron al candidato hasta que se fue, y después se quedaron hablando con algunos integrantes del equipo, diciendo lo decepcionados que estaban de los otros partidos, y de cómo creían que el PRI era su única y mejor opción.

La campaña de Jiménez Merino ha sido silenciosa y quieta, pero constante. En los eventos no hay muchos seguidores y las giras fuera de la capital son cerradas, prácticamente sólo para que vaya la militancia y los invitados.

Pese a su bajo perfil público, el abanderado del PRI ha asistido a todos los eventos a los que ha sido invitado, sobre todo a universidades para dar a conocer a los jóvenes sus propuestas.

Y ahí, al oírlo y verlo hablar, se le nota el colmillo político. Es un priista de la vieja escuela.

Pareciera que la campaña de Jiménez Merino está dirigida específicamente a quienes nunca dejaron de creer en el PRI y a quienes le darán su voto de confianza después de decepcionarse de la alternancia.

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